¿Los perros tienen alma? Descubre todo sobre ello

Yamila · 14 septiembre, 2018
Dado el comportamiento de las mascotas, y las creencias religiosas, se puede interpretar que los perros tienen alma

Dicen que los canes pueden ver el aura de las personas y que sus sentimientos son superiores a los de cualquier otro animal. Pero, ¿es verdad o no que los perros tienen alma? En este artículo trataremos de responder a esa pregunta.

Los perros tienen alma: la visión religiosa

Hasta hace unos años, la Iglesia y buena parte de los feligreses consideraban que los animales –en general– no tenían alma. Sin embargo, dos de los últimos tres papas –Juan Pablo II y Francisco I– cambiaron esa percepción y afirmaron que, como son seres vivos, tienen un lugar ‘reservado en el cielo’.

Muchos sacerdotes y párrocos animan a los cristianos a acudir a misa con sus mascotas, y no necesariamente porque los perros sean cada vez más considerados miembros de la familia. Es que desde el clero se afirma que los animales de compañía poseen alma, como las personas.

La Iglesia católica ha reconocido que estos seres brindan ayuda a personas solitarias, deprimidas o enfermas y, por ello, son merecedores del cielo. Por supuesto que no todos piensan de esta manera ante la pregunta… ¿Los perros tienen alma?

Quien dio el ‘puntapié’ inicial fue Juan Pablo II al afirmar que “los animales poseen un soplo vital recibido por Dios” en clara alusión al alma. Tras sus palabras, el debate de los teólogos, religiosos, ecologistas y ateos no tardó en comenzar.

Los perros tienen alma: Juan Pablo II

Para esa época –inicios de los años 90– la polémica se había apoderado de algunos medios de comunicación, con titulares como “El Papa abre el cielo a los animales” o “Las bestias también tienen alma como los hombres”.

Karol Wojtila, más conocido como Juan Pablo II, indicó luego que sus dichos se basaron en las sagradas escrituras, donde se recuerda que el hombre debe ser solidario con todos los seres vivientes, sin distinción entre humanos y animales.

Con el paso de los meses, la noticia dejó de formar parte de la agenda y esa afirmación polémica se ‘durmió’ durante casi dos décadas, cuando el Papa Francisco dijo que “la vida después de la muerte no solo es un regalo para los creyentes, sino también para los animales”.

La postura del sumo pontífice –que toma su nombre justamente de San Francisco de Asís, patrono de los animales y la naturaleza– fue muy clara al indicar que “el cielo está abierto para todas las criaturas. Allí recibirán el amor y la alegría de Dios, sin límites”.

Merece la pena destacar que el papa anterior, Benedicto XVI, si bien era amante de los gatos, decía que los animales solo se ‘limitaban’ a vivir en la tierra.

Los perros tienen alma y van al cielo

Más allá de la religión católica, es interesante saber qué dicen en otros credos: por ejemplo, el budismo afirma que aquel que se comporte de forma incorrecta se reencarnará en un animal en su próxima vida. El islam indica que se debe tener misericordia con todas las criaturas vivientes y en el judaísmo se insta a tratar con compasión a los animales. Sin embargo, ninguno responde a la pregunta de si realmente los perros tienen alma.

Los perros tienen alma: postura teológica

Para continuar analizando esta afirmación, debemos tener en cuenta cómo es el accionar de ese ser vivo, es decir, de nuestra mascota. Como se ha afirmado en múltiples ocasiones, los perros no saben distinguir entre el bien y el mal.

Es cierto que cuando cometen alguna travesura parecen arrepentidos (sobre todo si son castigados), pero al momento de hacerlo no contaban con una apreciación moral específica. Se comportaron de esa manera porque así los guió el instinto, la experiencia o la costumbre… no el raciocinio y mucho menos el alma.

Por otra parte, es bueno escuchar las palabras de los dueños de mascotas, quienes afirman que los animales poseen un alma similar a la de un niño. Esto es así por su bondad, su ingenuidad y su entrega incondicional.

Entonces, si los perros tienen alma… ¿van al cielo cuando mueren? Una película infantil afirmaba que sí y eso nos reconforta cuando hemos perdido a nuestro mejor amigo.