¿Por qué mi gato ataca a mi perro?

Muchos tutores se preguntan "¿por qué mi gato ataca a mi perro?" cuando estas dos especies conviven. Conoce aquí las razones y cómo solucionarlo.
¿Por qué mi gato ataca a mi perro?
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez el 03 septiembre, 2021.

Última actualización: 03 septiembre, 2021

A pesar de que está demostrado que canes y félidos pueden convivir en armonía, el instinto es algo difícil de anular y a veces los conflictos entre ellos escalan. Si alguna vez te has preguntado “¿por qué mi gato ataca a mi perro?”, probablemente te enfrentes a un problema de base que sea difícil de identificar.

Por eso, en este artículo podrás conocer las causas más comunes de estas agresiones y cómo solucionarlas. No dejes pasar tiempo, pues si los ataques del felino continúan o se agravan puede que la situación se vuelva insostenible.

¿Por qué mi gato ataca a mi perro?

La llegada de un perro al hogar no tiene por qué suponer un problema para ningún miembro de la familia, incluido el gato, si las presentaciones y la adaptación se realizan adecuadamente. Sin embargo, el hecho de que en la naturaleza sean competidores (sumado a la dificultad de algunos felinos domésticos para adaptarse a los cambios) puede dar lugar a conflictos.

Esto último suele ser la base del inicio de las agresiones del gato hacia el cánido, pero existen otras razones. Te las listamos a continuación:

  • Viven situaciones estresantes: especialmente si antes no era agresivo con el perro, hay que barajar que el gato pueda estar estresándose con algo. Piensa si has introducido algún cambio en los últimos días o en qué situaciones y lugares el félido está más susceptible. También es posible que sienta dolor o que tenga alguna enfermedad.
  • El perro no respeta los límites del gato: en ocasiones puede ser el perro el que no entienda que está molestando a su compañero felino, ya sea porque no reconoce sus señales de enfado o porque es un cachorro y quiere jugar.
  • Experiencia negativa con perros: si el gato ha vivido alguna situación estresante o traumática con un can, lo más probable es que no tolere a la especie entera. Las exposiciones a un canino en este caso son muy estresantes para él, así que deben manejarse con cuidado.
  • Falta de socialización con cánidos: aunque no haya tenido ningún encontronazo con un cánido, es posible que el gato simplemente nunca haya tenido contacto con su especie y le cueste entenderlo. Podrás ver como tiene comportamientos territoriales y posesivos frente al perro.
Una pareja de un gato y un perro sobre un fondo blanco.

¿Qué hacer si mi gato ataca a mi perro?

Si las agresiones del gato aún no son muy intensas y frecuentes, puedes intentar controlar la situación. Será un proceso paulatino y delicado, pero se puede hacer. En los siguientes apartados puedes ver los 3 pasos básicos para realizar un acercamiento seguro.

Mantenerlos separados y usar feromonas

Lo primero debe ser separar a los animales para evitar más agresiones. Además, si el perro está siendo una fuente de estrés para el gato, le darás un respiro al félido para que el nerviosismo decaiga por sí solo. Si puedes poner barreras que les permitan verse, como barrotes o mallas, mejor.

Si el gato llegó primero a la casa y después el perro, trata de no alterar demasiado sus rutinas con la división de territorios, pues esto puede generarle estrés por otro frente. Por el contrario, si el felino llegó después que el can será más sencillo, pues podrá adaptarse al espacio que le des en primer lugar e ir aumentado poco a poco su área.

Para todo este proceso pueden ser útiles las feromonas o intercambiar objetos con olores de un lado al otro de la frontera. De esta forma, tanto gato como perro se podrán acostumbrar al aroma del otro sin tener que enfrentarse cara a cara.

Acercarlos poco a poco

Una vez el gato se encuentre cómodo cerca del perro a través de las barreras (proceso que puede durar semanas pero que no se debe forzar), puedes empezar a juntar a ambos en un lugar neutral durante periodos cortos de tiempo. Si el felino no se altera ni ataca al perro, prémialo para que asocie la situación con algo positivo.

Es bueno que te apoyes en otra persona para mantener al can distraído, ya que si se pone muy insistente en interaccionar con el gato puede desencadenar un ataque.

Si todo va bien, el felino se ira desensibilizando poco a poco y podrás alargar los periodos de tiempo que pasan juntos. Durante estas sesiones, además, serás capaz de descubrir si el gato se altera por elementos concretos: cuando el perro se acerca a un lugar u objeto en particular, si es cuando interacciona contigo o cuando ladra. Es la mejor forma de ir puliendo detalles para mejorar la interacción entre ellos.

Convivir con cuidado

Poco a poco llegará el momento en el que ambos animales compartan espacio sin que el gato ataque al perro. Aun así, lo mejor es que los supervises siempre que estén juntos, ya que si reaparecen los estresores el gato será propenso a volver a atacar.

Es bueno que intervengas también en el comportamiento del perro, pues si es muy insistente en interactuar con su compañero felino necesitará conocer cuáles son los límites. Si es un cachorro será parte de su aprendizaje social y probablemente lo interiorice rápido.

El gato siempre debe tener lugares en los que poder refugiarse en caso de sentirse atacado o estresado. Sin una vía de escape, es posible que opte por agredir al perro para defenderse.

Un gato muy enfadado en el exterior de una casa.

¿Qué hacer si el gato continua los ataques?

Quizá te encuentres en la situación en la que todo esto no solo no funciona, sino que se agrava. En estos casos debes acudir inmediatamente al veterinario o a un etólogo felino antes de que las agresiones se tornen peligrosas. Además, de esta forma descartarás posibles enfermedades o dolencias que estén alterando el comportamiento de tu gato.

La prevención y el apoyo profesional serán siempre tus mejores armas. Que perros y gatos convivan juntos es más que posible, pero en ocasiones requiere de paciencia y sangre fría, así que no tires la toalla.

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