El sapo común: características, alimentación y hábitat

Laura Huelin · 1 septiembre, 2018
El sapo común se defiende de sus depredadores con unas glándulas venenosas, si bien estas no causan daños en el ser humano

No es el anfibio más bonito ni el que más fama tiene, pero el sapo común es un gran aliado de todos los jardineros a lo largo de toda Europa y parte de Asia. Este animal ayuda a controlar las plagas de los jardines y huertos, y no es en absoluto peligroso para el ser humano.

Características del sapo común

El sapo común es un anfibio de piel arrugada. Pueden aparecer en varios colores: los más comunes son verde y marrón, aunque en algunas zonas existen sapos grisáceos. Tienen los ojos de color amarillo y las pupilas horizontales.

En cuanto a tamaño, el sapo común tiene un ligero dimorfismo sexual: las hembras son un poco más grandes que los machos. Los ejemplares masculinos suelen crecer hasta alcanzar los ocho centímetros de largo, mientras que las hembras suelen alcanzar los 13 centímetros; en algunos casos especiales, incluso los 15 centímetros. Por el resto, machos y hembras son iguales.

Tienen el cuerpo rechoncho y achaparrado. Las patas son anchas, aunque son más fuertes las traseras, ya que se desplaza dando pequeños saltos al impulsarse con estas. En las patas delanteras tienen cuatro dedos, mientras que en las traseras tienen cinco, unidas entre sí mediante membranas, para ayudarles a nadar el poco tiempo que pasan en el agua.

Sapo común: hábitat

La cabeza es corta y ancha, y no tiene cuello. El hocico es corto y ancho, y no tiene dientes dentro de la boca. Para defenderse de sus depredadores tiene unas glándulas venenosas en la piel, pero este veneno es tan poco potente que no es perjudicial para el ser humano.

Hábitat del sapo común

El sapo común es uno de los anfibios más abundantes en Europa: se distribuye por todo el continente, a excepción de algunas islas mediterráneas, Irlanda o Islandia. Además de Europa, vive en la parte norte de Asia que pertenece a Rusia y el norte de África.

Es un animal resistente que puede sobrevivir en casi toda clase de ecosistemas: se les puede ver en los bosques, en las praderas, en zonas húmedas e incluso en zonas urbanizadas. Para reproducirse necesita concentraciones de agua, ya que pone huevos de los que eclosionan renacuajos.

Sin embargo, así como los renacuajos terminan la metamorfosis y tienen patas, apenas necesitan acudir al agua de nuevo y se vuelven animales terrestres más que acuáticos. Por eso, es más frecuente encontrarlos en zonas con lagos, embalses, ríos o charcas; también pueden aparecer en zonas alejadas del agua estancada.

Alimentación del sapo común

La dieta del sapo común se basa en insectos y puede llegar a ser muy variada: hormigas, mosquitos, saltamontes, arañas… Son poco exigentes con su alimento y se conforman con lo que encuentren para comer.

Sapo común: alimentación

El sapo es un animal cazador, pero no emplea demasiada energía en ello: su técnica maestra consiste en quedarse quieto y esperar a que sus presas pasen tan cerca que pueda alcanzarlas. Por esta razón, son grandes aliados de los jardineros: los sapos se encargan de controlar las plagas que haya presentes en ese momento.

Estos anfibios son nocturnos: durante el día es difícil verlos porque se esconden para descansar. Con la caída de la noche, y en la hora de mayor actividad de casi todos los insectos que forman parte de su dieta, se desplazan por los campos, bosques o jardines en busca de alimento.

El sapo común es un anfibio discreto, que no destaca por su belleza ni por su gracilidad; sin embargo, es un gran aliado ecológico de los cultivos y los jardines. Son animales longevos y pacientes que han conseguido conquistar casi todos los ecosistemas.