10 curiosidades de los sapos

A pesar de su mala fama en algunas regiones, los sapos no reportan ningún peligro para el ser humano. Conocer sus curiosidades es esencial para quitarles el estigma.
10 curiosidades de los sapos
Samuel Sanchez

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Sanchez el 31 agosto, 2021.

Última actualización: 31 agosto, 2021

Las curiosidades de los sapos son casi infinitas, pero por desgracia mucha gente no quiere conocerlos. Estos animales tienen la fama de ser venenosos, de provocar arrugas si son tocados o de traer mala suerte a quien se cruza en su camino. Nada más lejos de las realidad: todos los anfibios son inofensivos y realizan una labor excelente controlando plagas en los ecosistemas.

Para desmontar mitos y limpiar su nombre, en esta oportunidad te traemos 10 curiosidades de los sapos que no te puedes perder. Verás que su ciclo vital y ecología son cuanto menos fascinantes.

1. Sapo y rana son lo mismo

Antes de comenzar con las curiosidades más impactantes de los sapos, vemos necesario contextualizarlos a nivel taxonómico. Los sapos son anfibios del orden Anura y se diferencian del resto de sus familiares por la ausencia de cola. Existen más de 7300 especies de anuros, lo que supone el 88 % de la biodiversidad actual de la clase Amphibia.

En este punto, cabe destacar que tanto sapos como ranas son anuros, por lo que la distinción de nombres comunes entre ellos no tiene ningún fundamento taxonómico. Se dice que los sapos son más terrestres y rugosos que las ranas, pero existen múltiples excepciones a esta afirmación. Las categorización entre animales se realiza con análisis genéticos, no guiándose por la apariencia externa.

Ranas y sapos son anuros. La diferencia entre estos términos carece de interés taxonómico.

2. Una familia propia de anfibios

Aunque los términos rana sapo se usen de forma errónea para categorizar a los distintos anuros, sí podemos decir que casi todos los conocidos como “sapos” pertenecen a la familia Bufonidae. Este taxón contiene más de 570 especies repartidas en 52 géneros, y todas juntas representan a los true toads (sapos verdaderos).

Dentro de esta familia, el género Atelopus es el más extenso de todos, con un total de 96 especies descritas. Curiosamente, los ejemplares de este grupo no tienen nada que ver con un sapo típico, ya que poseen extremidades muy esbeltas, su cuerpo es liso y carecen de rugosidades características repartidas por su cuerpo. Incluso, se les llama “ranas arlequín” de forma errónea.

Uno de los animales en peligro de extinción de Ecuador.
Aunque no lo parezca, esto es un sapo verdadero.

3. El sapo típico se engloba en un género propio

Como última curiosidad de los sapos en lo que a su taxonomía se refiere, es necesario reseñar que Bufo es el género más conocido dentro de la familia Bufonidae. Este grupo engloba a los sapos marrones, rugosos, gorditos y con ojos anaranjados con los que todos nos hemos topado alguna vez. Son anfibios eminentemente terrestres, aunque requieren humedad para poder respirar.

Bufo bufo es el sapo común más conocido en todo el mundo.

4. Los sapos respiran por la piel

¿Alguna vez te has preguntado por qué el término “anfibio” se asocia siempre a la presencia de agua? Estos animales requieren humedad ambiental muy alta de forma constante porque, por increíble que parezca, necesitan tener la piel mojada para respirar por ella. Sus pulmones son muy rudimentarios, así que obtienen del 25 al 85 % de O2 que necesitan por difusión pasiva cutánea.

Por si esto no fuese increíble, también es necesario destacar que los anfibios pueden modular la cantidad de sangre que transportan hasta la superficie de su piel. Aunque sea de forma relativa, esto los capacita para regular su obtención de oxígeno cutáneo según sus necesidades y las imposiciones ambientales.

5. Los sapos producen toxinas, pero no son peligrosos

Todos los miembros del género Bufo presentan unas estructuras en el dorso y detrás de los ojos muy interesantes. Estas “verrugas” con forma de riñón en realidad son glándulas parotoides, encargadas de la producción de compuestos tóxicos. Cuando un animal se intenta comer a estos anfibios, liberan su líquido glandular e irritan la cavidad oral del depredador.

Los compuestos venenosos eyectados son bufotoxinas, una familia muy variada de lactonas esteroides tóxicas que provocan distintos efectos sistémicos y locales tras su ingesta. Aunque no sean letales para el ser humano, sí pueden generar síntomas muy serios en perros, gatos y otros mamíferos.

 Un sapo nunca va a secretar sus toxinas si tú no lo molestas de forma activa.

Uno de los sapos más venenosos.

6. ¿Sapos alucinógenos?

Otra de las curiosidades de los sapos es que, en ciertas culturas, las bufotoxinas producidas por ellos se han utilizado históricamente como psicodélicos. Este es el caso de Incilius alvarius, un anfibio con la capacidad de generar suficiente veneno como para matar a un perro adulto.

Los compuestos 5-MeO-DMT y la bufotenina del líquido secretado son potentes psicoactivos que provocan efectos muy fuertes en el ser humano por un intervalo de unos 15 segundos. Las formas tratadas de estas toxinas se han utilizado como drogas y afrodisiacos en los últimos tiempos, causando al menos una muerte humana por intoxicación.

7. Todos los sapos son cazadores

A pesar de sus cuerpos rechonchos y torpeza general, los sapos son carnívoros estrictos que se suelen alimentar de forma exclusiva de presas vivas. Su estrategia de caza es de tipo sit and wait: solo esperan a que su víctima pase por delante y se abalanzan sobre ella, utilizando como trampa su lengua pegajosa.

Los sapos son insectívoros y se alimentan de polillas, escarabajos, hormigas, saltamontes, gusanos, caracoles y todo invertebrado que les quepa en la boca. La especie Rhinella marina es una excepción a esta regla, pues gracias a su inusitado tamaño (54 centímetros extendida) puede depredar también sobre murciélagos, aves, reptiles y hasta mamíferos.

A diferencia de la mayoría de sapos, la especie Rhinella marina también se alimenta de carroña y pienso de perro.

8. Los sapos necesitan agua para reproducirse

La mayoría de las especies de sapos realizan un éxodo de la zona de supervivencia al área de reproducción durante la primavera. Este lugar de cortejo y liberación de los huevos debe ser un lago o masa de agua (permanente o efímera) y son animales filopátricos, o lo que es lo mismo, que siempre vuelven al mismo lugar a reproducirse.

La fecundación de los sapos es externa: el macho abraza a la hembra en una posición denominada amplexo y promueve la liberación de una ristra de huevos en el agua. El macho expulsa su esperma y abandona a su pareja de forma rápida, pues su intención es fecundar tantos huevos como sea posible. 

Una hembra de la especie Bufo bufo puede poner de 3000 a 6000 huevos de una sola vez. Aunque esta cifra parezca desorbitada, debes tener en cuenta que la inmensa mayoría de larvas morirán, ya sea en su fase de renacuajo, antes de eclosionar o justo al hacer la metamorfosis y salir del agua. Estos animales ponen muchos huevos, pero muy pocos llegan a la edad adulta.

9. Un método de reproducción explosivo

Aunque cada especie es un mundo, otra característica general de los sapos es que su reproducción suele ser de tipo explosivo. Cientos de machos acuden a la misma masa de agua a cantar y atraer a las hembras, interceptándolas en cuanto pueden para agarrarlas en amplexo. Es normal que se produzcan empujones entre machos o que se abracen entre ellos en un acto de frenesí reproductivo.

Por impactante que parezca, a veces se observan mating balls o bolas reproductivas de 4, 5, 6 o más machos abrazando a una misma hembra. La presión es tal que a veces esta se ahoga y termina muriendo por el peso de sus contendientes antes o después de poner los huevos en el agua.

La reproducción explosiva minimiza la tasa de depredación por parte de los cazadores, pero aumenta mucho la competición entre los machos de la misma especie.

Las curiosidades de los sapos a nivel reproductivo son múltiples.
Debajo de todos esos machos seguramente se encuentre una hembra.

10. No son animales peligrosos y requieren nuestra ayuda

Como última de las curiosidades de los sapos, hay que hacer especial hincapié en que no son animales peligrosos. Si bien producen bufotoxinas que generan síntomas muy incómodos, no vas a notar sus efectos a menos que te lleves un ejemplar a la boca o te frotes los ojos después de molestarlo. Estos anfibios son de lo más pacífico que existe y nunca buscan confrontación directa.

Además, los sapos y el 41 % de los anfibios en general se encuentran en peligro de extinción, pues el cambio climático, la contaminación de las aguas, la introducción de especies exóticas y ciertas enfermedades infecciosas los están matando a un ritmo alarmante. Estos pequeños y simpáticos vertebrados requieren esfuerzos de conservación antes de que sea demasiado tarde.

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Los sapos son venenosos, pues producen bufotoxinas neurotóxicas de naturaleza defensiva cuya finalidad es ahuyentar a los depredadores.



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