Las salamandras no son seres maléficos

Como se suele decir, para dejar de temer algo, lo mejor es conocerlo. Te mostramos algunas de las características que tienen las salamandras y por qué no deben ser consideradas maléficas.
Las salamandras no son seres maléficos
Érica Terrón González

Escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González el 28 enero, 2021.

Última actualización: 28 enero, 2021

Los urodelos constituyen un orden de anfibios que está más próximo al de los ancestros de este taxón, que sí tenían cola, no como los anuros —ranas y sapos— que, por definición, la perdieron al evolucionar. Dentro de los urodelos se distinguen tritones y salamandras. Por desgracia, estas últimas han tenido siempre mala fama en el folklore histórico.

Lo cierto es que las salamandras se tratan de animales tranquilos y en su mayoría inofensivos. Por desgracia, como muchos otros seres vivos, han sido víctimas durante siglos del miedo originado por la superstición humana.

Cosas que hay que saber sobre las salamandras

Estos animales, dentro de la gran variedad de especies que existen, comparten muchas características genéricas. A continuación, te contamos algunos de esos rasgos que quizás no sean tan conocidos por todos. Vamos a ello.

Morfología

En primer lugar, las salamandras se suelen confundir con los lagartos —pues tienen un aspecto similar—, pero lo cierto es que ni si quiera pertenecen al mismo grupo de animales. Los lagartos son reptiles, mientras que las salamandras son anfibios. Por eso, las salamandras tienen la piel lisa y viven en ambientes húmedos.

Hay salamandras de distintos tamaños. Por un lado está la salamandra gigante de Japón (Andrias japonicus) que puede llegar a medir hasta un metro y medio, aunque lo habitual es que estos animales midan unos pocos centímetros. Las formas que adquieren también son muy variadas, ya que las hay incluso vermiformes —con forma de gusanos—.

Si bien estos anfibios tienen el olfato muy desarrollado, la vista no les suele ser demasiado útil. Por eso, algunas especies como la salamandra ciega (Eurycea rathbuni) ni si quiera tiene ojos. Lo cierto es que no los necesitan, porque poseen otros órganos con los que perciben movimientos en el agua o el aire que los rodea.

Una salamandra gigante china.
Una salamandra gigante asiática.

Comportamiento y costumbres

Lo más destacado, quizá, es que suelen ser insectívoras, lo cual las dota de una función importante dentro de los ecosistemas. Cerca de pozos y fuentes, donde el calor y la humedad atraen a gran cantidad de bichos, las salamandras resultan ser buenas controlando plagas.

Por otro lado, a la hora de moverse por tierra, no es raro ver a las salamandras ondulándose con torpeza, incluso en las especies que son mayoritariamente terrestres. Esto se debe a que su cuerpo adopta esos particulares movimientos de contoneo, pues desplazan el peso de unas extremidades a otras y mantienen el equilibrio con la cola.

Al igual que la mayoría de anfibios, las salamandras no pueden sobrevivir a temperaturas demasiado elevadas, ya que ni si quiera soportan bien los 20 ºC durante mucho tiempo. Por eso, son más activas de noche y en las horas de calor se refugian en cuevas, pozos o, incluso, debajo de las piedras.

Algunas de las especies más importantes entre las salamandras

La salamandra común (Salamandra salamandra), el más común de los urodelos en Europa. De hábitos terrestres, solo entra en el agua para «parir». Tiene un aspecto inconfundible, de fondo negro y manchas variadas amarillo intenso que pueden llegar a cubrir la totalidad de su cuerpo. Por eso, también se la conoce como salamandra manchada.

¡En qué se diferencian una rana y un tritón?

Por otro lado está la conocida como salamandra sin pulmones, que pertenece a la familia Plethodontidae. Es pequeña y de respiración cutánea, como su nombre parece indicar. La falta de pulmones ha hecho que estos urodelos se adapten a la vida de los torrentes montañosos, donde abunda el oxígeno.

Las salamandras sin pulmones.

Al contrario que el resto de sus parientes, la salamandra arborícola (Aneides lugubris)  no necesita vivir en ambientes demasiado húmedos. Se ha adaptado a la vida terrestre, ya que construye sus nidos en los árboles a 15 metros de altura.

Una de sus peculiaridades es que, si bien la mayoría de salamandras son mudas, esta especie no lo es. Emite sonidos que recuerdan a los de un ratón y posee hasta dientes para defenderse de sus agresores.

Una salamandra arborícola.

Las salamandras no son seres malignos

Como sucede en muchos casos, a algunos animales existentes en la vida real se les han atribuido diversas cualidades fantásticas a lo largo de los siglos. En el caso de la salamandra, la criatura mitológica suele representarse con una particular afinidad por el fuego. Se la asocia con brujería y, por desgracia para ella, con temas religiosos que aluden a las llamas del infierno.

Una salamandra encima de una seta.

La creencia de que las salamandras resisten al fuego sin quemarse es pura patraña. Por mucho que sean animales húmedos por definición, ha quedado claro que no soportan las altas temperaturas. Si no son capaces de sobrevivir en el clima de un día de verano ¿de verdad pensamos que sobrevivirían a caminar sobre el fuego?

Además de las alusiones a su poder ignífugo, numerosos eruditos en épocas pasadas atribuían a las salamandras poderes malignos. Se decía que podían envenenar las aguas y secar las cosechas. Con el paso de los años, esas creencias han ido cayendo en el olvido y manteniéndose solo en las historias de ficción.

Al final, las leyendas sobre los poderes mágicos de algunos animales tienen un fondo supersticioso y carecen de todo fundamento.

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