Oso polar: características comportamiento y hábitat

El ‘súperdepredador del Ártico’ es uno de los mamíferos terrestres más grandes del mundo, y se caracteriza por tener un pelaje completamente blanco que le permite adaptarse a su hábitat helado. En este artículo te contaremos las características, el comportamiento y mucho más acerca del oso polar.

Oso polar: características y hábitat

Junto al Kodiak, se trata de una de las especies de osos más grandes del planeta, además de considerarse un carnívoro depredador potente por encima de todos en la cadena alimentaria, salvo por el hombre.

Su nombre científico es Ursus Maritimus (oso marítimo) debido a que es un excelente nadador y pasa una gran parte de su vida sumergido en las aguas congeladas del Ártico, donde vive desde hace unos 120 000 años según los fósiles hallados.

Las poblaciones más grandes de osos polares se ubican en Canadá (el 60% de los individuos), Alaska, Groenlandia, Siberia e Isla de Wrangel. Se cree que deriva del oso pardo y que ha mutado el color de su pelaje debido a su hábitat, así como también ha reducido el tamaño de sus orejas y cola para poder mantener el calor en un espacio tan frío.

Oso polar

En cuánto a su fisonomía, presenta algunas diferencias más en relación a los demás osos: sus patas son más desarrolladas para poder caminar sobre la nieve y el hielo o nadar largas distancias; el hocico es más alargado, el pelaje más y goza de una capa de grasa adicional. Aunque no lo parezca, la piel del oso polar es negra para atrapar los rayos solares y evitar la pérdida de calor en invierno.

En promedio los machos adultos pueden medir 2,6 metros y pesar unos 500 kilogramos, mientras que las hembras tienen una altura de dos metros y una masa de 250 kilos, si bien antes de dar a luz las osas acumulan más grasa y alcanzan el mismo peso que los machos.

Oso polar: comportamiento y alimentación

El oso polar es el ursus más carnívoro de todos debido a que en el lugar donde vive casi no crecen plantas, a excepción de algunas semanas del verano. Sus presas favoritas son las crías de foca y de beluga, aunque también puede consumir morsas y aves marinas como el arao.

Un adulto puede comer hasta 30 kg de comida al día y no beben agua, ya que es ácida y salada en el Ártico, por lo que para hidratarse utiliza la sangre de sus presas.

La técnica de caza es la siguiente: hacen agujeros entre los bloques de hielo y cuando el animal marino sale para respirar lo captura. En el caso de animales terrestres se acerca sigilosamente a las colonias o nidos.

Aunque es un animal bastante solitario suele tener algunos ‘amigos’ entre los demás depredadores del Ártico como los zorros y los lobos, quienes se aprovechan de la ferocidad del oso y de su eficacia al cazar para comer la carroña que deja a su paso.

Los osos polares no hibernan, a excepción de las hembras preñadas, y mantienen sus hábitos a pesar del frío extremo y de la oscuridad de la región. Con respecto a la reproducción, este es el único momento en que los individuos se reúnen y tratan de manera amistosa.

Entre abril y mayo se produce el apareamiento. Sin embargo, la hembra ‘guarda’ los óvulos fecundados (esta capacidad es conocida como ‘implantación diferida’) para que se desarrollen a partir de septiembre y, mientras tanto, almacena toda la grasa que puede.

Osos polares en el agua

Las madres buscan refugio en invierno, y dan a luz hasta dos crías en un refugio que ellas mismas cavan en el hielo. Durante el embarazo y el nacimiento las hembras no se alimentan de forma externa, sino que se nutren de la grasa acumulada; los kilos que han perdido serán recuperados en verano.

Al nacer, las crías son ciegas, no tienen dientes y pesan 700 gramos, y además no se valen por si mismas hasta los cinco meses. A partir de ese momento la madre les enseña a localizar comida, cazar y resguardarse de los machos adultos, ya que en épocas de hambruna pueden comer oseznos.

Tras dos años de estar junto a la progenitora, los cachorros abandonan el ‘hogar’ y recién a los cuatro años maduran sexualmente.

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