Caparazones de las tortugas: aspectos morfológicos

Francisco María García · 6 septiembre, 2018
Esta estructura ósea tiene un origen dérmico y sirve para proteger a estos reptiles de ataques de depredadores

Los caparazones de las tortugas representan su rasgo físico más característico, pero más allá de brindarles un aspecto singular, esta estructura también desempeña una función de defensa esencial para su supervivencia. A continuación, te presentamos los principales aspectos morfológicos del caparazón de las tortugas.

¿Cómo se constituyen los caparazones de las tortugas?

El caparazón de las tortugas es una estructura ósea conformada por varias placas de hueso que revelan un origen dérmico. Estas placas están integralmente revestidas por escamas que se originan de la epidermis córnea del animal.

Se trata de una camada externa protectora, que a su vez está formada por diversos escudos que acumulan β-keratina. A pesar de ser delgados, los escudos epidérmicos están dotados de gran rigidez y están separados de la parte ósea por un fino tejido vascular.

El desarrollo del caparazón empieza a partir de una radical transformación durante la formación de la caja torácica de la tortuga. En este proceso se observa una hipertrofia de la dermis, lo que permite la constitución de los 50 huesos dermales que constituyen los caparazones de las tortugas.

Como consecuencia de este desarrollo, se provoca la reorganización y reestruturación de otras estructuras, como el cráneo, la pelvis y las escápulas. El resultado es un plan óseo muy particular en todo el reino animal.

Resumiendo, el caparazón tiene una doble formación. En parte deriva del endoesqueleto del animal (los huesos dérmicos), pero también muestra una capa queratinosa derivada de su epidermis (las escamas protectoras). Al estar juntas, placas y escamas constituyen una especie de armadura de notable rigidez y dureza que protege a las tortugas de sus depredadores.

Estructura del caparazón de la tortuga

División y estructura del caparazón

La porción dorsal o superior de los caparazones de las tortugas se llama espaldar. En su interior, encontramos la columna vertebral y las costillas del reptil fusionadas. Esta constitución limita notablemente la capacidad de desplazamiento de las tortugas, de ahí que sus movimientos sean lentos y algo disparejos.

A su vez, la parte ventral o inferior del caparazón se denomina pastrón o peto, compuesto por nueve placas óseas y alrededor de 12 o 13 escudos.

Esta estructura se divide en tres parcelas: el lóbulo anterior, donde encontramos las placas humerales y gulares; la porción mediana, conformada por placas abdominales y pectorales; y el lóbulo posterior, donde están las placas femorales y anales.

Además de estas dos grandes porciones principales, los caparazones en las tortugas también comprenden las siguientes partes:

  • Puente: es el conjunto de huesos y escudos que conectan el espaldar con el plastrón.
  •  Cavidad celómica: consiste en el espacio interno del caparazón. En él encontramos los órganos vitales de la tortuga, como corazón, pulmones e hígado, escápulas, pelvis, etc.
  • Apertura anterior: esta es la apertura ubicada en la parte delantera del cuerpo de la tortuga. Por ella salen las patas anteriores y la cabeza del animal.
  • Apertura posterior: se trata de la apertura trasera del cuerpo del animal, por donde salen las patas posteriores y la cola de la tortuga.

Diferentes tortugas, distintos caparazones

El aspecto de los caparazones de las tortugas suele variar mucho dependiendo de la especie de la tortuga y de su hábitat natural. Su textura, por ejemplo, puede ser lisa, rugosa, granulosa y hasta mixta según el individuo y las condiciones de su medio.

Edad de la tortuga: caparazón

Además, también existen las llamadas tortugas de caparazón suave, cuyo caparazón es mucho más flexible que en las demás especies. También la estructura del caparazón está asociada al medio donde habita.

Las especies de tortugas marinas que solo llegan a tierra para anidar poseen un caparazón hidrodinámico. Su formato es notablemente más estrecho en la parte trasera y más ancho en la porción delantera. Ello les permite moverse con mucha agilidad y elegancia en el agua, pero les ofrece una forma de caminar algo torpe en la tierra.

Además, muchas especies acuáticas suelen cambiar de escudos periódicamente, a medida que se desarrollan y envejecen. La frecuencia de la caída y crecimiento de los nuevos escudos depende del metabolismo de cada especie.

El caparazón y la edad de la tortuga

La tarea de calcular la edad de una tortuga y estimar su longevidad es bastante compleja, teniendo en cuenta que muchos aspectos pueden influir en su esperanza de vida. No obstante, el método más sencillo para calcular la edad de una tortuga consiste en observar las líneas formadas en su caparazón. 

Cuando la tortuga es recién nacida, su caparazón es liso y muestra placas muy pequeñas. A medida que su cuerpo se desarrolla, las placas también crecen y cada año se suman líneas sobre los escudos de su caparazón. Por ello, son llamadas estrías de crecimiento. Al contarlas, podemos estimar la edad de la tortuga en años humanos.