Dietas adecuadas para un perro que padece enfermedades hepáticas

15 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el biotecnólogo Alejandro Rodríguez
Al igual que ocurre con otro tipo de trastornos, la dieta de un perro que padece enfermedades hepáticas debe estar especialmente adaptada

Los trastornos asociados al mal funcionamiento de un órgano deben tratarse con especial cuidado. En el caso de un perro que padece enfermedades hepáticas, uno de los mejores remedios que tenemos a nuestra disposición es el control sobre su dieta. Desde Mis Animales vamos a darte algunas pautas alimenticias que ayudarán a tu mascota.

Síntomas de un perro que padece enfermedades hepáticas

El hígado de un perro, al igual que el nuestro, es uno de los ‘centros de control’ más importantes a nivel interno. En él se llevan a cabo numerosas tareas, entre las que destacan el metabolismo de un sinfín de nutrientes, la producción de bilis –necesaria para el correcto procesamiento de los ácidos grasos–, la eliminación de sustancias tóxicas o perjudiciales procedentes de la digestión y el metabolismo de los fármacos.

Como puedes ver, la cantidad de funciones que tiene el hígado lo convierte en un órgano indispensable. Es por esto que, cuando no funciona como debería, los primeros síntomas no tardan en aparecer. Los más comunes suelen ser:

  • Letargo y falta de apetito.
  • Los vómitos y la diarrea suelen aparecer con frecuencia, acompañado del aumento de la sed excesiva.
  • Uno de los síntomas más específico es la ictericia, que no es más que un color amarillento en encías y otros tejidos.
  • A veces puede aparecer descoordinación y exceso de salivación, en los casos más agudos de encefalopatía hepática.
Perro salivando

¿Qué aporte proteico debe haber?

Al tratarse de un órgano que interviene en mayor o menor medida en cuestiones de nutrición y digestión, es evidente que la dieta en perros con este tipo de enfermedades tiene que estar controlada en todo momento. En este sentido, el aporte calórico de la alimentación diaria de nuestra mascota varía con respecto al habitual.

Si bien las proteínas deben seguir presentes en la dieta, es importante que sean proteínas de calidad. Si el aporte calórico que le damos a nuestro perro no es el mejor, al hígado le costará más hacer su trabajo. Una buena idea es reducir la proteína de origen animal y sustituirla por proteína vegetal o de origen lácteo. Eso sí, antes de hacer esto, consulta a tu veterinario para confirmar que tu mascota no es intolerante a este tipo de alimentos.

Dieta BARF para perros

Actualmente, existen piensos especializados para alimentar a un perro que padece enfermedades hepáticas, así que también son buenas opciones, aunque económicamente son menos asequibles. Si optas por la alimentación casera, el tofu como complemento proteico puede ser una buena opción.

Consejos adicionales para alimentar un perro que padece enfermedades hepáticas

Como ya hemos dicho, un perro con un hígado afectado tendrá problemas gastrointestinales asociados, como la diarrea. Por eso, el aporte de fibra soluble –como la que contiene la remolacha– es una buena manera de ayudar a su flora intestinal. Aparte de eso, la fibra puede regular su tránsito y deshacerse de toxinas endógenas; liberan parte de trabajo del hígado.

Las verduras y las hortalizas no están reñidas con este tipo de dietas, por lo que puedes incluir alimentos como la zanahoria en la alimentación. Asimismo, los hidratos de carbono –como el arroz– en cantidades moderadas también son una buena idea.

El aporte vitamínico que necesita un perro en estas condiciones debe verse reforzado en ciertas vitaminas, sobre todo B,C E y K. En cuanto a los minerales, hay que procurar que no falte aporte de zinc y potasio, entre otros, ya que actúan como antioxidantes. Sin embargo, hay que procurar reducir el aporte de alimentos con altos contenidos en sodio o cobre, ya que afectan sobremanera al hígado.

  • Pellegrino, F. C. (2009). Encefalopatía hepática en perros y gatos. In Anales de Veterinaria de Murcia (Vol. 25, pp. 21-45).
  • Thornburg, L. P. (2000). A perspective on copper and liver disease in the dog. Journal of veterinary diagnostic investigation12(2), 101-110.