Clasificación e identificación de los cetáceos

Aitana Bellido · 8 marzo, 2019
La existencia de estos animales, que se remonta a unos 50 o 70 millones de años, ha desempeñado un papel clave en la diversificación de la vida en la Tierra

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) estima que hay cerca de un millón de especies diferentes de seres eucariotas en el océano. Los cetáceos, descendientes de mamíferos terrestres que supieron adaptarse a la vida acuática, son un claro ejemplo de diversidad y supervivencia. En este artículo te informamos sobre la clasificación e identificación de los cetáceos.

¿Qué son exactamente los cetáceos?

La clasificación e identificación de los cetáceos no es tarea fácil: el orden de los cetáceos abarca nada más y nada menos que a 80 especies de animales distintas. Cuando nos referimos a los cetáceos, nos referimos al orden, es decir, la categoría taxonómica comprendida entre la clase y la familia. La taxonomía nos ayuda a clasificar y ordenar la naturaleza en distintas especies y subespecies en función de sus características genéticas.

La palabra ‘cetáceo’ puede traducirse al latín cetus (gran animal marino) y al griego ketus (monstruo marino). Las especies más antiguas, que forman parte del suborden  Archeoceti, vivieron hace unos 30 millones de años en pantanos y aguas marinas poco profundas.

Los cetáceos son mamíferos de sangre caliente y respiración pulmonar. También son  vivíparos, por lo que dan a luz a sus crías vivas, a las que amamantan hasta que llegan a cierta edad y pueden alimentarse por sí mismas con alimentos sólidos.

El cuerpo de los cetáceos se ha adaptado a su medio acuático: es fusiforme, es decir, tiene forma de huso, lo que les permite moverse con agilidad por el agua, y sus extremidades anteriores se han transformado en aletas.

También cuentan con una aleta dorsal o caudal, normalmente situada en la parte inferior, que estabiliza el cuerpo del animal. En función de la especie con la que nos encontremos, se podrán ver determinadas modificaciones anatómicas.

Clasificación e identificación de los cetáceos

El orden de los cetáceos es uno de los más diversos del planeta. Incluye dos subórdenes vivientes y uno extinto, el de los arqueocetos. Las especies vivientes pueden clasificarse de la siguiente manera:

  • Suborden Mysticeti. Incluye las ballenas de barbas laminadas, es decir, con estructuras localizadas en el maxilar superior del animal que permiten filtrar el plancton del agua. En este suborden encontramos a las familias Balaenidae, Balaenopteridae, Eschrichtiidae y Neobalaenidae.
Suborden Mysticeti

  • Suborden Odontoceti. Incluye cetáceos con dientes, como delfines y orcas. Las familias de este suborden son las de DelphinidaeIniidaePlatanistidae, Photocoenidae, Physeteridae, Kogiidae, Ziphiidae y Monodontidae.
Suborden Odontoceti

Estos subórdenes comprenden animales conocidos por todos: si los Mysticeti incluyen prácticamente a la mayoría de las ballenas conocidas, los Odontoceti incluyen delfines, orcas, cachalotes y belugas, entre otros. Los Archeoceti, extintos, se componen de ancestros cuadrúpedos que aún no habían adquirido las características definitorias de los cetáceos tal y como los conocemos hoy en día.

El precario estado de las ballenas azules, los cetáceos más majestuosos

Según la Comisión Ballenera Internacional –IWC por sus siglas en inglés– existen dos tipos de amenazas que pueden afectar a los cetáceos: amenazas mortales a corto plazo, como la caza y los accidentes relacionados con redes y equipo de pesca, y las amenazas que afectan a las poblaciones a largo plazo, como la degradación de su ecosistema o la contaminación.

La Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza –IUCN, por sus siglas en inglés– sitúa a 8 de las 13 grandes especies de ballenas en peligro de extinción, entre ellas la ballena azul.

La ballena azul se ve amenazada por la caza para la comercialización de carne y aceite de ballena, el cambio climático, que ha provocado una disminución de la población de krill, su fuente primaria de alimentación, las colisiones con los barcos o la contaminación de las aguas marinas. A pesar de llevar décadas disfrutando del estatus de especie protegida, la situación no parece mejorar.