Canciones dedicadas a las golondrinas

Alba Muñiz · 17 marzo, 2018
Estas aves migratorias, que surcan los cielos del mundo, han servido de inspiración para temas musicales populares; son todo un símbolo de libertad

Entre los integrantes del reino animal que más han inspirado a autores y compositores, más allá de perros y gatos, se encuentra sin duda la Hirundo rustica. Por eso, hoy recordamos algunas de las más bellas canciones dedicadas a las golondrinas.

Selección de canciones dedicadas a las golondrinas

Asociadas con el exilio, los recuerdos de infancia y los seres amados, estas pequeñas aves migratorias han sido el motor de creaciones de la música popular de todos los tiempos.

Golondrina: migración

Muchos de estos temas se han convertido en clásicos que forman parte de la banda de sonido de varias generaciones. ¿Nos acompañas en este viaje poblado de lirismo?

Te proponemos un recorrido por algunas de las más inspiradas canciones dedicadas a las golondrinas, esas pequeñas aves migratorias que surcan los cielos del mundo.

Golondrina: hábitat

1. La golondrina

“¿A dónde irá veloz y fatigada / la golondrina que de aquí se va?” es la pregunta que da inicio a esta canción. Se supone que fue escrita en 1862 por el escritor español Niceto de Zamacois. La música corresponde a Narciso Serradell, médico y compositor mexicano que debió radicarse en Francia durante la Segunda Intervención Francesa en México.

La golondrina se convirtió entonces es un tema significativo para los exiliados de ese país latinoamericano. “Junto a mi lecho le pondré yo su nido / en donde pueda la estación pasar; / oiré tu canto, tierna golondrina, / recordaré mi patria y lloraré”, dice en otro de sus tramos.

La canción tuvo infinidad de versiones. La grabaron desde Placido Domingo hasta Nat King Cole, pasando por Nana Mouskouri y el Trío Los Panchos. Pero una de las más logradas es la de Caetano Veloso, incluida en el disco Fina estampa (1994).

2. Golondrinas

Una de las más significativas creaciones de la dupla Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, es sin dudas, este tango-canción. Fue interpretado en El tango en Broadway. La película, estrenada en 1934, relata la historia de un grupo de artistas latinos que viven en Nueva York.

Así, nuevamente el exilio –voluntario o involuntario– vuelve a cruzarse con las golondrinas. Lepera describe a este pequeño ave como una peregrina “errante y viajera” que tiene “ansias constantes de cielos lejanos”.

3. A swallow song (Canción de una golondrina)

Compuesto en 1964 por el novelista y músico Michael Fariña, el tema fue incluido en el albúm que este artista grabó un año después junto a su mujer Mimi, hermana de la mítica Joan Báez.

“(…) mira las golondrinas mientras vuelan. / No hay tristeza como el murmullo de sus alas. / No hay coro como su canción. / No hay poder como la libertad de su vuelo”, escribió el artista.

Fariña murió trágicamente a los 29 años, en 1966, en un accidente con una moto. Joan y Mimi Báez volvieron a grabar la canción, a dúo, en el disco Ring Them Bells (1995).

4. Volverán las oscuras golondrinas

La rima LIII (53) del sevillano Gustavo Adolfo Bécquer quizá sea una de sus más famosas creaciones. Se hizo popular con el nombre de Volverán las oscuras golondrinas…  Fue publicada un año después de su muerte, acaecida en 1870, cuando tenía 34 años.

Al poema le puso música su compatriota Paco Ibañez. El trovador valenciano incluyó el tema en un disco grabado en 1990, titulado Por una canción.

“Volverán las oscuras golondrinas / en tu balcón sus nidos a colgar, / y otra vez con el ala a sus cristales / jugando llamarán. / Pero aquellas que el vuelo refrenaban / tu hermosura y mi dicha a contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres… / ¡esas… no volverán!”, escribió el poeta. Y nada más que agregar.

5. Las golondrinas

Quizá una de las más bellas canciones dedicadas a las golondrinas sea la compuesta en 1963 por una dupla emblemática de la música folklórica argentina: Jaime Dávalos y Eduardo Falú.

Dávalos se inspiró en un recuerdo de infancia, cuando se tumbaba en los techos de zinc de su casa para ver pasar a estas inspiradoras aves.

“¿Adónde te irás volando por esos cielos, / brasita negra que lustra la claridad? / Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan / ¡la inmensidad… la inmensidad!”. Vale la pena seguir escuchándola.