Como acabamos con el alca gigante

Eugenio Fernández · 11 diciembre, 2017

El alca gigante es una especie poco conocida de ave marina, y su escasa fama se debe a que se extinguió a principios del siglo XIX. Sin embargo, su historia nos recuerda la realidad a la que se acercan los animales en peligro de extinción. Este ave fue el miembro más grande de los álcidos, un grupo de especies aves marinas, que aún tiene representantes como el alca común.

Las alcas y el resto de álcidos se parecen a los pingüinos, pero esto se debe a que han evolucionado de forma convergente; es decir, son parientes lejanos cuya similitud se debe al ecosistema similar en el que han evolucionado. De hecho, los pingüinos nunca se encuentran en el hemisferio norte, donde si tenemos álcidos.

El alca gigante fue un animal que se acercaba al metro de altura y a un peso de cinco kilogramos y, que de forma similar a los pingüinos, su pelaje era negro y blanco. Además, sus patas eran palmeadas y su pico muy robusto, el cual usaba a modo de lanza para empalar a los peces que consume. Al igual que los pingüinos, eran incapaces de volar, practicaban la monogamia, e incubaban huevos en acantilados.

 

El alca gigante, una presa fácil para el hombre

Cuando se descubrió el alca gigante, fue confundida con un pingüino por los británicos. El alca gigante habitó en gran parte del hemisferio norte, y vivió en muchos países europeos y en América del Norte. Incluso habitó regiones como Florida o Gibraltar.

Aunque el alca es un animal muy hábil en el agua, es muy torpe en tierra. Esto hizo que durante milenios se fuera extinguiendo en aquellos lugares donde llegaba la actividad humana.

Se han encontrado numerosos restos que demuestran su caza en el Paleolítico, incluso tumbas con más de cien picos. Se cree que este animal se extinguió en Europa en torno al siglo XVI, y en América a finales del XVIII, con lo cual la especie quedó relegada a Islandia.

Aunque el alca es un animal muy hábil en el agua, es muy torpe en tierra. Esto hizo que durante milenios se fuera extinguiendo en aquellos lugares donde llegaba la actividad humana.

Islandia, último territorio del alca

Fue entonces cuando se convirtió en una presa codiciada por los marineros que atracaban en Islandia, especialmente durante las Guerras Napoleónicas. Allí atracaron dos barcos que cazaron cientos de alcas y, 20 años después, un terremoto acabaría con uno de sus santuarios naturales: la isla de Geirfuglasker, que quedaría hundida en el océano.

Las alcas supervivientes del desastre sísmico de Geirfuglasker emigraron desorientadas: una incluso apareció moribunda en la costa de Irlanda. La isla de Eldey, un pedazo de roca inerte famoso por sus colonias de aves marinas, se convirtió en el último hogar de esta especie. Pero esto duraría poco, pues su escasa presencia hizo que se convirtiera en un animal de colección.

El alca gigante, un objeto de colección

Coleccionistas de pieles, huesos y otras partes de animales de países lejanos, comenzaron a interesarse por el alca. Sus huevos comenzaron a convertirse en un objeto de lujo, y su precio llegó a equivaler al sueldo de un año de trabajo, lo que hizo que se cesara la caza furtiva en 1840, pues no se avistaron más alcas durante años.

Cuatro años después, Carl Siemsen envió a tres hombres a Eldey para comprobar que era cierto, pues se ofrecían cuantiosas sumas por piel de alca en Dinamarca. Estos tres hombres acabaron con la última pareja de la que se tiene constancia, la cual encontraron incubando un huevo en un acantilado.

Hoy se pueden encontrar huevos y animales disecados en cientos de museos, sin embargo, nunca más volveremos a ver este animal con vida. ¿O sí? Ciertos grupos de investigación abogan por revivir animales extintos, entre ellos el alca. Sin duda, esto sería una gran noticia para el ecosistema Ártico, que se ha quedado sin uno de sus animales más singulares.

Cuatro años después, Carl Siemsen envió a tres hombres a Eldey para comprobar que era cierto, pues se ofrecían cuantiosas sumas por piel de alca en Dinamarca. Estos tres hombres acabaron con la última pareja de la que se tiene constancia, la cual encontraron incubando un huevo en un acantilado.

 

Fuente de la imagen:  Ghedoghedo