La monogamia en el reino animal

Yamila · 8 diciembre, 2017

Quizás conozcas algunos ejemplos de animales que viven con la misma pareja durante toda su vida, e incluso los tengas como ‘patrón a seguir’ en tu vida sentimental. Sin embargo, lo cierto es que la monogamia en el reino animal no tiene que ver con el romanticismo, sino con una cuestión de supervivencia.

Así las cosas, lamentamos derribar un mito tan bonito relacionado al amor eterno, y es que este solo puede existir, a nuestro entender, entre las personas. Dicho esto, te contamos más acerca de la monogamia referida a los animales:

¿Qué es la monogamia en los animales?

La fidelidad no es una palabra o un término que conozcan los animales, así que entonces, ¿por qué algunos practican la monogamia? La respuesta está relacionada a la supervivencia y también a ciertas cuestiones ‘prácticas’, ya que les es más fácil reproducirse con un ejemplar que conocen con anterioridad.

Pinguinos en la nieve
Fuente: Fallschirmjäger

Podría decirse que las aves son las que mas practican la monogamia dentro del reino animal, pues cerca del 90% de ellas la llevan a cabo. Esta es algo extraña entre los mamíferos, y es que no más del 10% de ellos mantienen la misma pareja toda su vida.

Muchas especies de aves recurren a la monogamia para cuidar a las crías, que desde que nacen hasta que abandonan el nido son muy dependientes de sus progenitores. Por eso, antes de formar pareja buscan a quien creen que podrá hacer mejor este trabajo.

En cuanto a los pinguinos, particularmente, hay algo más a tener en cuenta: el clima adverso los obliga a incubar a sus huevos de forma alternada entre madre y padre para no cansarse. La pareja se encuentra cada año en el mismo lugar de la playa y, tras un ritual de saludo y apareamiento, comienza el proceso de reproducción.

Además, podemos indicar que tanto esta especie como los buitres negros son muy ‘celosos’ con sus parejas hembras. Si divisan que otro macho está cortejando a su compañera pueden incluso matarle a picotazos o pelearse con mucha agresividad.

Otra razón interesante, por la cual las aves tienen la misma pareja, es la migración o las largas distancias que deben recorrer en la temporada. Los albatros, por ejemplo, regresan al mismo sitio para reproducirse con la pareja que han elegido al comienzo de su vida adulta.

Por último, en entornos donde el alimento escasea es fundamental que haya dos encargados de conseguir comida, con el fin de asegurar la supervivencia y el desarrollo de las crías. Mientras uno está empollando, el otro sale del nido, y busca el sustento y viceversa; práctica que se mantiene cuando los polluelos han roto el cascarón.

Los mamíferos y la monogamia

En el caso particular del ser humano, la monogamia se debe más a una cuestión cultural, social o religiosa que física o evolutiva, porque incluso sus primos más cercanos –los chimpancés– son polígamos: el macho tiene un harén de varias hembras a su disposición.

Más parecidos a nosotros son los gibones, los cuales mantienen la misma pareja toda su vida, y no sólo eso, sino que además tanto hembras como machos se encargan del cuidado de las crías. Para ellos, tener una sola ‘esposa’ evita peleas con los competidores y representa un menor gasto de energía.

Otro ejemplo son los dicdic, antílopes africanos cuyos machos no tienen la capacidad para dominar a las hembras. Por lo tanto, en vez de gastar energías queriendo imponer sus deseos, se ‘resigna’ a fecundar siempre a la misma hembra toda su vida. Pero eso sí, cuando nacen las crías no se hace cargo de ellas.

Por supuesto, también hay una cuestión de trabajo en equipo –o en pareja– que lleva a los mamíferos a juntarse siempre con el mismo individuo. Esto sucede, por ejemplo, con los lobos grises, quienes cazan de a dos mientras enseñan a las crías a capturar a las presas.

Por su parte, los castores construyen la madriguera que compartirán con su pareja toda la vida. Allí nacen las crías y ayudan a sus padres en las reparaciones que sean necesarias. Si uno de los dos miembros del ‘matrimonio’ fallece el otro buscará un reemplazo para seguir procreando.

Esto sucede en la gran mayoría de los casos en el reino animal a excepción de la grulla blanca de la India, que al quedar ‘viuda’ se deja morir de inanición; y del periquito, que cae en una profunda depresión y fallece poco tiempo después que su pareja.

Fuente de la imagen principal: René Mayorga