4 especies de sapos venenosos

Pese a que son venosos, los sapos no son un peligro y nunca intentarán atacar a las personas. El veneno solo tiene como objetivo evitar que otros animales se los coman y su efecto es leve, a menos que sea ingerido.
4 especies de sapos venenosos
Francisco Morata Carramolino

Escrito y verificado por el biólogo Francisco Morata Carramolino el 04 Mayo, 2021.

Última actualización: 04 Mayo, 2021

Los sapos son anfibios robustos y rechonchos que suelen depender menos del agua que las ranas. Estos anuros son generalmente muy lentos y vulnerables ante los depredadores. Por ello, los sapos han desarrollado una defensa en forma de toxinas situadas en la piel, que los hacen venenosos.

Precisamente, las verrugas que dan el aspecto tan característico a los sapos son glándulas que albergan diversos compuestos tóxicos. Cuando son molestados, estos vertebrados de pequeño tamaño pueden segregar el veneno a través de ellas, con un aspecto lechoso y una consistencia viscosa.

Aunque hay que tener cierto cuidado con las mascotas o los niños pequeños, los sapos no suelen suponer un peligro, ya que su veneno solo es un mecanismo de autodefensa. Si quieres aprender más sobre algunas especies venenosas de sapos, continúa leyendo.

Las 4 especies más interesantes de sapos venenosos

Aunque la mayoría de sapos no son de importancia médica, el veneno es una herramienta común entre ellos. Las siguientes son algunas especies venosas relevantes.

1. Sapo de la caña (Rhinella marina)

Originario de América Central y América del Sur, este sapo ha sido introducido por los humanos en muchas otras partes del mundo. Estas acciones han provocado que se convierta en una de las peores especies exóticas invasoras de todo el planeta.

Los sapos de la caña cuentan con un veneno muy potente, que se almacena sobre todo en sus enormes glándulas parótidas, situadas detrás de la cabeza. En el rango nativo del sapo de la caña, los depredadores han evolucionado para tolerar este veneno, así que pueden consumir a estos anfibios y no se convierten en una plaga.

Sin embargo, los depredadores de otras zonas mueren al intentar comérselos, por lo que los sapos de la caña se expanden sin límites. Como podrás imaginar, esto genera problemas graves en los ecosistemas.

Un sapo de caña es agarrado por una persona.

2. Sapo común o europeo (Bufo bufo)

Aunque más pequeño y menos problemático que el sapo de la caña, el sapo común es otro anuro cuyo veneno puede causar daños a animales de porte reducido. Sus toxinas provocan mal sabor, nauseas, vómitos y fallo cardiaco en casos extremos.

Estos animales carismáticos son muy pacíficos. Viven sus vidas tranquilamente en el abrigo de la noche, momento en el que salen de sus escondites para alimentarse de invertebrados o reproducirse en charcas.

El veneno de estos animales está compuesto por bufotoxinas y bufogeninas, entre otras sustancias químicas. La composición exacta de las secreciones tóxicas es distinta en hábitats naturales o transformados por los humanos.

Curiosamente, las nutrias que se alimentan de estos animales han aprendido a quitarles la piel primero, para así evitar ingerir las toxinas. Cuando un animal desarrolla una respuesta de defensa, seguramente su depredador aprenda a esquivarla.

El sapo común es uno de los sapos venenosos.

3. Sapo del río Colorado (Incilius alvarius)

Este es el sapo nativo más grande de los Estados Unidos, con un tamaño de entre 11 y 19 centímetros. Su es piel dura y correosa, de color verde oliva en los machos y con un moteado marrón en las hembras. Habita en el suroeste de los Estados Unidos y el noroeste de México.

Las secreciones tóxicas de Incilius alvarius contienen un compuesto denominado 5-MeO-DMT, que tiene efectos alucinógenos en las personas. Como consecuencia de sus propiedades alucinógenas, estos sapos son recolectados y traficados para obtener este compuesto, que se usa como droga recreativa o para intentar tratar problemas de salud mental.

Aunque este sapo no se encuentra en peligro de extinción, ciertas poblaciones se están viendo afectadas por estas prácticas, que además pueden causar problemas de salud en humanos.

Uno de los sapos más venenosos.

4. Sapo gigante asiático (Phrynoidis asper)

Esta especie habita en Myanmar, Malasia, Indonesia y Borneo. Es de color oscuro y cuenta con muchas verrugas pequeñas en la piel, que dan un aspecto muy rugoso. En general, este sapo parece más esbelto que otros de esta lista, con unos miembros más largos y delgados en comparación al cuerpo, que también está menos hinchado.

El veneno de este anuro está formado principalmente por bufotalina. Como otras toxinas de los sapos, esta sustancia tiene efectos cardiotóxicos. También contiene otros químicos, como la resibufogenina. En ratones, una dosis de 100 miligramos puede producir dificultades motoras, convulsiones y debilidad corporal durante 5 horas.

Uno de los sapos venenosos sobre una fuente.

Usos humanos del veneno de los sapos

Aunque pueden resultar peligrosas si son ingeridas, las secreciones de los sapos venenosos han sido utilizadas por los humanos a lo largo de la historia. Uno de los usos más típicos para este veneno es el de droga recreativa: como ya se ha comentado, actualmente se usan sapos del río colorado para este fin, pero en el pasado también se recolectaban sapos de caña.

Para notar los efectos de los compuestos alucinógenos, las personas lamen los sapos o, en su defecto, extraen y preparan las secreciones para fumarlas. Como ocurre con cualquier otra droga, consumir el veneno de estos animales conlleva riesgos severos para la salud, además de dañar a estos animales y sus poblaciones.

El veneno de una subespecie asiática de Bufo bufo también se ha utilizado durante milenios en la medicina tradicional china. Las secreciones desecadas de estos animales se utilizan sobre todo para tratar el cáncer, aunque su eficacia es dudosa.

Un sapo en riesgo de extinción.

Aunque algunos sapos son venenosos, no son nada peligrosos, especialmente si se evita tocarlos o molestarlos. Estos son animales muy pacíficos que jamás intentan atacar y que mantienen las poblaciones de invertebrados a raya. Por ello, nunca está justificado matar a estos animales, independientemente de sus secreciones tóxicas.

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