¿Se puede comer la carne de tiburón?

Si bien es cierto que los alimentos deben pasar controles sanitarios para dirimir si determinada comida es perjudicial o no, lo cierto es que en países menos desarrollados el control puede brillar por su ausencia

Cada vez escuchamos hablar sobre más y más carnes de animales que se comen. Han habido muchos rumores en lo relativo a que ciertos tipos de pescados en realidad no son tales, sino que es carne de tiburón. ¿Se puede consumir esta carne? ¿Es beneficiosa para la salud o perjudicial?

Por qué se come carne de tiburón

Desde que los restaurantes orientales llegaron a España, se comenzó a consumir una de sus sopas más famosas y también una de las más caras: la de aleta de tiburón. Para los chinos, por ejemplo, esta carne no es solo una delicia para el paladar, sino que marca un estatus social debido a su alto coste.

La familia de los tiburones es grande y, de hecho, se cree que hay más de 350 variedades diferentes, entre las cuales se han descubierto algunas que se consideran comestibles.

Por ejemplo, en España se consume el cazón, la tintorera, el marrajo, el tollo, la caella, la musola o la cañabota. De hecho, se sirven en muchos de los mejores restaurantes, aunque siempre fritos o guisados, pues este tipo de carne no es muy sabrosa para comerla a la plancha.

Una de las principales razones por las que se consume el tiburón, además de por su precio, es porque es una carne limpia de espinas. No obstante, su textura es gelatinosa y, si el animal tenía un tamaño grande, es posible que desprenda un fuerte olor a urea, por lo que siempre se valoran más los de pequeño tamaño.

¿Es bueno comer carne de tiburón?

Aunque muchos tiburones son considerados comestibles, según estudios realizados hay muchas especies, de entre las cuales destacaron tres, que contienen una cantidad de mercurio considerable que podría matarnos si la consumiéramos.

Carne de tiburón blanco

Las especies que se analizaron fueron el tiburón blanco, el arenoso y el oscuro, y se determinó que los niveles de metales tóxicos y mercurio eran 10 veces mayores a lo que se admite en los niveles de seguridad.

La pregunta surgida durante los estudios es cómo los tiburones llegan a acumular ese nivel de toxicidad en su cuerpo. La respuesta parecía simple: debido a su gran boca y su apetito voraz van comiendo todo lo que encuentran a su paso: en mucha ocasiones, engullen sin querer sustancias y objetos no comestibles que pueden tener una gran cantidad de metales.

Aunque esto influye en la carne de tiburón que podemos llegar a consumir, no hay que olvidar que los desechos que lanzamos al mar matan a cientos de tiburones cada año. La mayoría de tiburones que tienen alta toxicidad en su cuerpo debido a los metales son aquellos que se alimentan más cerca de las costas, donde llegan los residuos agrícolas y las basuras de las grandes ciudades.

Muchos puede que se pregunten por qué seguimos consumiendo tiburón si ya se ha demostrado que puede ser perjudicial para nosotros. La principal razón es porque seguimos tradiciones. Hay platos como el cazón en adobo que existen en la gastronomía española desde hace años, y lo mismo sucede en el caso de otros países con platos como el ceviche.

¿Sí o no a la carne de tiburón?

Como siempre, la última decisión la toma uno mismo. Aun así, hay que tener en cuenta que cualquier alimento que sea destinado al consumo debe pasar unos niveles de calidad.

Carne de tiburón es comestible

En los países menos desarrollados, quizá estos no sean tan estrictos y muchos prefieran no consumir la carne de tiburón, aunque en los más desarrollados muchos optarán por no hacerlo también.

También depende de cuántas opciones haya para elegir y cuánto cuesten estas; triste pero cierto. Así, estarán aquellos que piensen que toda la vida hemos comido carne de tiburón y que no pasa nada por seguir haciéndolo, mientras que habrán otros que se alarmarán al ver las cifras existentes.

Sea como sea, esto es una muestra más de que estamos destruyendo el planeta y el ecosistema que se supone que debíamos proteger para nuestros hijos y futuras generaciones. Otra triste realidad…

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