El perro salvaje africano

Aitana Bellido · 12 enero, 2018
Una de las características esenciales de esta raza es su fuerte lealtad y solidaridad respecto a los suyos

Conocido también como el ‘lobo pintado’, el perro salvaje africano es el único representante vivo de su género. Este depredador, que comparte ciertas características tanto con hienas como con lobos, no es una de las especies africanas más conocidas. Su modo de vida, sin embargo, presenta diversas peculiaridades.

Orígenes del perro salvaje africano

La primera descripción científica del perro salvaje africano se le atribuye al zoólogo Coenraad Jacob Temminck, aunque identificó al espécimen erróneamente como una raza de hiena. En 1827, el biólogo Joshua Brookes nombró al animal Lycaon tricolor y lo reconoció como cánido.

Este peculiar nombre procede del griego lykaios, que significa literalmente ‘parecido al lobo’. Aún no existen estudios concluyentes que indaguen en la taxonomía y evolución de esta especie, que se ha caracterizado por su escasez desde hace siglos. Se localiza, principalmente, en el África subsahariana.

Características y comportamiento

Para los científicos, el primer indicio de que se encontraban ante una especie diferente fue la presencia de cuatro dedos en sus patas, ya que los perros suelen presentar cinco. El patrón de colores de su pelaje, además, es único e inherente a esta especie.

El perro salvaje africano pesa entre 17 y 35 kilos, y tiene una esperanza de vida de unos 11 años. Vive en manadas cooperativas compuestas entre 6 y 20 individuos, dominadas por una pareja monógama reproductora. La crianza que practican es comunal, por lo que los cachorros quedan a cargo de todos los miembros del grupo.

Comportamiento del perro salvaje africano

Una de las características esenciales de esta raza es su fuerte lealtad y solidaridad respecto a los suyos. Aparte de llevar a cabo una crianza comunal, los perros comparten la caza y cuidan de los más enfermos y ancianos. Su día a día está inundado por toda una serie de interacciones sociales, que mantienen el grupo cohesionado.

En cuanto a sus hábitos de caza, podemos decir que su presa predilecta es el antílope, y que cazan en formidables grupos que llegan hasta los 2o individuos.

También se han documentado casos de ataques a ñus, aunque es habitual que solo se centren en sus crías. El perro salvaje africano también puede alimentarse de pájaros y pequeños roedores como opción secundaria.

Una especie en peligro de extinción

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, en sus siglas en inglés) cataloga al licaón como especie en peligro de extinción. Esta organización lo incluye en su ‘Lista Roja’ desde el año 1994.

Originariamente, el perro salvaje africano se distribuía por el África subsahariana, desde el desierto hasta las montañas. Actualmente, la especie ha desaparecido por completo en el norte y en el oeste de África, y se ha visto mermada en el noreste y la zona meridional.

Perro salvaje africano: en peligro de extinción

Ahora, podemos encontrarlos en Botswana, Zimbabue, Namibia y Zambia, junto con Tanzania y Mozambique. La principal consecuencia de esta drástica reducción de la población es la modificación de sus hábitos de caza.

Tanto la pérdida de su hábitat como la caza han provocado que el licaón tenga que perseguir presas de mayor envergadura y, por tanto, incrementar el número de individuos que se unen a la expedición. En ocasiones atacan al ganado, lo cual no les ha granjeado una buena reputación entre los nativos. 

El programa creado por la IUCN, el Programa de conservación del guepardo y el perro salvaje africano, busca una colaboración africana intergubernamental que permita recuperar ambas especies. Dada la dispersión poblacional de ambos, este programa persigue la implementación de estrategias de conservación coordinadas en el norte, el sur y el este de África.

Amenazas en varios frentes

Desafortunadamente, el perro salvaje africano no solo corre el riesgo de desaparecer por la dispersión y escasez de sus poblaciones. Su extinción del área del Serengeti-Mara en 1991 se debió a un brote de rabia del que ninguna manada pudo recuperarse. El moquillo canino también acabó, al menos, con toda una manada en Botswana.

El principal problema a la hora de enfrentarse a las enfermedades de esta especie es el incremento en la población de perros domésticos en zonas cercanas a su hábitat. Representan un peligro mortal para el perro salvaje africano, por lo que se están planteando estrategias de vacunación.