¿Por qué mi hijo y el perro no se llevan bien?

Paco María García 24 mayo, 2017

Es normal que se presenten problemas cuando integramos a un nuevo miembro a la familia. Puede ser porque llegue un bebé al núcleo familiar o una mascota. A veces, alguno de los dos puede sentir que ha sido invadido su espacio o se le ha quitado su lugar. En esta situación hay dos casos que pueden presentarse: el primero porque el niño no sabe tratar al perro. El segundo, porque el can no tolera al chico.

Mi hijo no se lleva bien con el perro

Para prevenir este tipo de casos, debemos preparar al niño antes de la llegada del nuevo miembro de cuatro patas. Será como si fuera la llegada de un hermanito. Primero se debe plantear la idea de la llegada del perro de una manera sutil, para que el chico acepte la situación. Segundo, se debe hablar en casa sobre la forma en que hay que tratar al can durante su periodo de adaptación y después de este.

Una relación donde hay respeto es una relación sana. Eso aplica para el trato del perro. Si enseñamos a nuestro hijo a tratar con respeto y de manera adecuada a la nueva mascota, esto no repercutirá en acciones de agresividad por parte del animal, sino en la aceptación y buen convivir de ambos.

La interacción entre el niño y el perro

Se recomienda dejar que el niño intervenga en la rutina de aseo y alimentación del perro, es decir, en sus cuidados. Con esto se conseguirá que tengan una mejor relación, ya que el chico lo verá como alguien indefenso a quien dedicarse y el can le tomará cariño por esta acción. Otro beneficio importante es que el pequeño no sentirá que lo están dejando de lado y formará un vínculo con el animal.

Los perros suelen olvidar las malas acciones. Si la mala relación que tiene tu hijo con el cano es debido a que lo maltrata o no ha sabido relacionarse con él, hablando con el chico y enseñándole a tratar de forma adecuada a la mascota, todo se puede solucionar.

El perro no se lleva bien con mi hijo

Para prevenir que el perro no se comporte mal con tu hijo, es decir, que lo maltrate, le gruña, no le obedezca, hay que fijar una serie de normativas y enseñárselas al can. Los perros tienen, en su genética el instinto natural de formar manadas. Para ellos la familia es una manada, y por eso debe haber jerarquía. El truco está en posicionar al animal en el escalafón más bajo de la escala, ya que así deberá obedecer a los más jóvenes de la casa, pues forman parte de esa jerarquía.

Además, si esperamos la llegada de un bebé, es recomendable lavar las pertenencias del perro con jabón para bebé. De esta forma, el animal ser irá acostumbrando al olor que tiene un recién nacido. Luego, no le parecerá un aroma tan raro cuando este llegue a casa. Este tipo de previsiones ayudarán a mantener la naturalidad a la hora del reconocimiento del nuevo miembro de la familia que llegará. Hay que recordar que se trata de un momento de tensión para el perro, se pondrá celoso. Hay que conseguir que esté tranquilo y todo sea natural.

Malas experiencias anteriores

Otra causa de que los hijos no se lleven bien con el perro puede deberse a la mala socialización anterior del animal, malos tratos, etc. En los primeros pasos, cuando adoptamos un animal con este pasado, habrá que adaptarlo para estar en contacto con niños. Funciona muy bien sacarlo con frecuencia de paseo, ir a parques donde haya niños, etc.

Otra cosa que suele suceder cuando llega un bebé por primera vez, es que el perro está acostumbrado a tener toda la atención. Por ello se debe prever que al llegar un infante, la rutina cambiará. Ya no tendremos el mismo tiempo para dedicarle. Para acostumbrar al can, lo iremos recompensando cuando se queda solo.

Beneficios de la convivencia

Los perros estimulan la socialización, la afectividad y la sensibilidad de los niños. Es por eso que los padres buscan tener una mascota. Entre otras cosas, para que su hijo crezca y se desarrolle con más estabilidad que un chico que no tenga una mascota.

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