Falta de aliento y temblores en los perros: causas y tratamientos

Ante situaciones de estrés, la solución más fácil es eliminar el estímulo implicado, pero se debe optar por la habituación del can. La ansiedad es una de las razones por las que el perro jadea constantemente.
Falta de aliento y temblores en los perros: causas y tratamientos
Paloma de los Milagros

Escrito y verificado por la bióloga Paloma de los Milagros.

Última actualización: 13 enero, 2022

El jadeo y los temblores en los perros pueden ser desde respuestas naturales del cuerpo ante la práctica de un esfuerzo prolongado hasta indicadores de una patología subyacente. Observar el estado anímico del animal y la frecuencia de estos u otros síntomas puede clarificar el diagnóstico.

Existen determinadas situaciones como el exceso de calor, el ejercicio intenso, la vejez o el sobrepeso que propician estos signos básicos del agotamiento. Jadear contribuye al enfriamiento corporal, al igual que la agitación, también mostrada en momentos de excitación. Sin embargo, los temblores en los perros, percibidos como pequeños movimientos descoordinados, pueden indicar un trastorno fisiológico mayor.

Los dueños pueden sospechar de un indicio de enfermedad cuando la presencia de ambos síntomas sea simultánea. No obstante, no todos los motivos que llevan a su aparición tienen por qué ser difíciles de abordar.

Tasa respiratoria, temblor y salud canina

La tasa respiratoria normal de un perro se encuentra entre 16 y 18 ciclos por minuto, algo más para los cachorros (20) y menos para los ancianos (14). Este ritmo puede elevarse considerablemente cuando el can está haciendo ejercicio o excitado durante una actividad, pero no es normal que esto ocurra durante el reposo.

Se considera que el can presenta taquipnea (respiración acelerada) cuando su tasa respiratoria es mayor de lo esperado en varios momentos del día en los que no está justificado, o si esto ocurre constantemente. Esto también suele acompañarse de disnea, es decir, una obtención dificultosa de oxígeno (manifestada con estertores, sonidos raros y mucosidades, por ejemplo).

Debes medir la tasa respiratoria por minuto de tu perro varias veces y hacer una media antes de sospechar de una taquipnea. La respiración acelerada debe mantenerse más o menos constante.

Por otro lado, los temblores son movimientos musculares típicos de momentos de agitación. También ocurren cuando hace mucho frío, pues se trata de uno de los mecanismos primigenios de termogénesis (obtención de calor corporal) en mamíferos. En general, los canes tiemblan cuando tienen miedo, están excitados o padecen una enfermedad.

Un perro respira rápido y corto.

Enfermedades asociadas al jadeo y los temblores en los perros

Entre las afecciones más frecuentes que llevan a la aparición combinada de estos signos, destacamos las siguientes. No te las pierdas.

Golpes de calor

Los golpes de calor suelen producirse en verano, tras la práctica de un esfuerzo, y van acompañados del aumento del ritmo cardíaco y el humedecimiento ocular. Los perros de una constitución poco atlética como los bulldogs, los de raza pequeña o los que tienen mucho pelo son más propensos a padecerlos. También es un evento común en los canes braquiocefálicos.

Los perros braquiocefálicos, como los pugs, tienen las vías respiratorias muy cortas y no jadean bien. Por ello, disipan mal el exceso de calor. 

El golpe de calor se debe tratar con baños frescos, la ingesta de agua o hielo y, en los casos más graves, hay que acudir al veterinario. Si no se actúa pronto, el can podría llegar a morir por el fallo multiorgánico. Evita someter a tu perro a ejercicio intenso en las horas más calurosas del verano, sobre todo si es obeso o ya está enfermo.

Infecciones o intoxicaciones

Ya sea por haber comido algo en mal estado, una alergia alimentaria o una posible infección, la presencia de fiebre será un síntoma potencial. Esta tiende a ir acompañada de temblores en los picos de mayor gravedad, algo que se explica debido a la desregulación térmica del animal. En dicha situación conviene acudir al especialista cuanto antes.

Estos desbalances fisiológicos también suelen acompañarse de respiración acelerada (o disminuida), letargia, apatía, falta de apetito, diarrea, vómitos y otros síntomas generales. Si tu perro tiene una temperatura corporal mayor de 39-40 °C, toca preocuparse.

Enfermedades cardíacas y problemas respiratorios

Ambos tipos trastornos pueden darse de forma aislada o combinada, incluso con otras problemáticas como la obesidad. Una bronquitis puede llevar al jadeo y la escasez de oxígeno puede acabar en fatiga muscular. Un corazón agrandado es capaz de presionar los pulmones alterando el intercambio gaseoso. El veterinario será el único capaz de abordarlas.

Algunas de las condiciones de esta índole más frecuente son las siguientes:

  1. Cardiomiopatía dilatada: en esta condición, la musculatura cardíaca se dilata y se atrofia, por lo que el corazón no puede bombear sangre de la manera adecuada. Es una enfermedad incurable, pero se puede manejar con ciertos medicamentos.
  2. Regurgitación de la válvula mitral: la válvula mitral del corazón no cierra del todo bien, por lo que se produce un retorno sanguíneo al corazón y una mezcla de fluidos que no es adecuada.
  3. Neumonía: es una inflamación del aparato pulmonar que puede ser causada por diferentes virus, bacterias y hongos. El tratamiento a aplicar dependerá enteramente del agente causal.
  4. Bronquitis: es la inflamación de los conductos bronquiales, las vías respiratorias que llevan oxígeno a sus pulmones. Es muy común en razas pequeñas y puede provocar daños permanentes si no se aborda con presteza.

Alteración de los niveles de glucosa en sangre

Tanto los perros diabéticos como ciertas razas, entre las que destacan el galgo italiano o el chihuahua, pueden sufrir los comúnmente llamados ‘bajones de azúcar’. Proporcionar algún tipo de fruta de fácil digestión y mantener caliente el cuerpo del animal ayudará a su recuperación. Si el can no mejora, se debe acudir al veterinario, más aún en casos de diabetes.

Enfermedades renales

Los problemas en el riñón son progresivos, irreversibles y muy serios. Si el entorno renal del can no filtra bien, se acumularán agentes tóxicos en el organismo del paciente y empezará a sufrir desajustes sistémicos, los cuales incluyen también cambios en el comportamiento.

Además de falta de aliento y temblores, estos cuadros pueden asociarse a pérdida de peso, un patrón de micción atípico, diarrea, vómitos, apatía general e ictericia (tejidos superficiales amarillos). La insuficiencia renal no se puede revertir, pero sí es posible reducir los daños orgánicos con cambios en la dieta y ciertos medicamentos.

Otras razones que llevan al temblor canino

Otros motivos, de aparentemente menor gravedad, responsables de la falta de aliento y los temblores en los perros son los siguientes:

  • Estrés, normalmente es asociado al miedo y ansiedad de un estímulo concreto, como la presencia de extraños. La opción más fácil es evitar el detonante que propicia el malestar, pero lo ideal es acostumbrarse a él. Además, eliminar ciertas situaciones resulta inviable, como es el caso de las tormentas, de ahí la importancia de habituarse a ellas con ayuda profesional si fuera necesario.
  • Dolor. Una lesión puntual o un dolor crónico pueden alterar la movilidad corporal del animal. Las más difíciles de tratar, y las que normalmente llevan a la descoordinación del can, son las que se producen a nivel interno. Estas pueden ir acompañadas de un aspecto atípico de las encías, como la palidez y, debido a la complejidad que conllevan, se debe acudir al veterinario para un diagnóstico mayor.
  • Trastornos emocionales. La falta de aliento y los temblores en los perros también pueden deberse a trastornos emocionales, como la ansiedad generalizada, la ansiedad por separación y otros desajustes cognitivo-conductuales. Se requiere la atención de un etólogo en todos los casos.
Temblores en los perros

La falta de aliento y los temblores en los perros pueden estar propiciados por multitud de factores. El agotamiento físico, el miedo, la obesidad o la vejez son los más evidentes, pero en otras circunstancias el veterinario será el único capaz de tratarlos con el diagnóstico previo pertinente.

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