El megaesófago en perros: síntomas y tratamiento

Aitana Bellido · 4 mayo, 2018
Esta enfermedad, que provoca la dilatación de este órgano, puede dar lugar a tal pérdida de movilidad que el can no pueda tragar ni agua ni comida

El megaesófago en perros es un tipo de lesión de pronóstico grave. En general, afecta más a la población de perros que a la de gatos. Sin un correcto tratamiento, este tipo de afección puede derivar en una serie de complicaciones que pueden poner en peligro la vida de tu mascota.

¿Qué es el megaesófago en perros?

Este tipo de lesión se define como la dilatación y pérdida de movilidad del esófago, concretamente, en el esófago de los perros. Este tipo de lesión puede llegar a hacer que se pierda por completo la movilidad necesaria para deglutir alimentos y líquidos.

La dilatación del esófago es más frecuente en razas de tamaño grande, como el gran danés, los pastores alemanes o los labradores retriever. Algunos la padecen de forma congénita, es decir, nacen con ella. Las razas con más predisposición a nacer con megaesófago son el fox terrier de pelo duro o el schnauzer en miniatura.

Megaesófago en perros: síntomas

Causas y síntomas del megaesófago en perros

El síntoma más común de este tipo de afección es la regurgitación de los alimentos, ya sea justo después de haberlos ingerido o tras varias horas. Otros síntomas también característicos son:

  • Vómitos
  • Tos
  • Expulsión de secreciones por vía nasal
  • Incremento de los ruidos respiratorios
  • Pérdida de peso
  • Aumento anormal del apetito o ausencia total de él
  • Mal aliento
  • Falta de crecimiento

Una de las consecuencias más serias del megaesófago es la denominada neumonía por aspiración. Esta afección respiratoria se produce cuando se inhalan alimentos, saliva, líquidos o vómito directamente a los pulmones.

El megaesófago en perros puede ser congénito, es decir, puede haberse dado durante el desarrollo del feto en el útero materno; secundario o ligado a otras patologías y adquirido, relacionado con causas hereditarias.

En cuanto a las causas que pueden provocar el megaesófago de forma secundaria, encontramos:

  • Enfermedades neuromusculares, como la miositis o la miastenia gravis
  • Tumores  en el esófago
  • Presencia de un cuerpo extraño en el esófago del perro
  • Inflamación del esófago
  • Infecciones de origen parasitario

Diagnóstico y tratamiento

El veterinario, previo examen del historial clínico del animal, llevará a cabo un chequeo completo y determinará, de acuerdo con la información proporcionada por el dueño, si el perro tiende a regurgitar o a vomitar. Esto le ayudará a descartar otras posibles enfermedades digestivas.

Vómitos en los perros

La forma, el color y la presencia de partículas sólidas sin digerir en el vómito del perro también serán determinantes para el diagnóstico definitivo. Otras pruebas habituales son los análisis de sangre y de orina, que permiten detectar la existencia de trastornos derivados.

La esofagoscopia facilitará la eliminación de posibles cuerpos extraños que se hayan alojado en el esófago de tu mascota y evaluará la magnitud de la dilatación del esófago.

Respecto al tratamiento, la principal estrategia reside en tratar de curar el trastorno subyacente a los casos de megaesófago secundario. En algunos casos, se puede llegar hasta a practicar cirugía. Si tu perro no puede alimentarse solo requerirá que se le alimente por vía nasogástrica.

En aquellos casos en los que el tratamiento sea meramente paliativo, como ocurre en los animales que padecen el megaesófago de forma congénita, se recomienda darle la vuelta al perro cada cuatro horas, proporcionarle un colchón blando para dormir y una dieta líquida.