5 especies de animales hermafroditas

Virginia Duque Mirón · 14 mayo, 2018
El hecho de poseer los dos sexos permite reproducirse con mayor facilidad a estos ejemplares pese a la destrucción de su hábitat o otras circunstancias que les pongan en peligro de extinción

Siempre hemos escuchado hablar de los animales hermafroditas, pero, ¿sabemos qué es ser hermafrodita? ¿Conocemos a algunas especies que lo son? Posiblemente no, y por eso vamos a hablarte del tema.

Qué significa ser hermafrodita

Los animales hermafroditas tienen dos sexos. Es decir, pueden ser hembra y varón a la vez. Se trata de animales que tienen los dos órganos reproductores, completos o en parte, y son capaces de producir gametos masculinos y femeninos. Muchos se preguntan si un animal hermafrodita puede fecundarse a sí mismo, lo cual ha pasado en algunas ocasiones pero como caso excepcional.

De hecho, ser hermafrodita no significa tener la capacidad de autofecundarse, pues no todos los animales hermafroditas pueden hacerlo. En el caso de las tenias, por ejemplo, ellas sí pueden hacerlo, pero en el resto de animales necesitarán la actuación de uno de sus congéneres para lograrlo.

Una de las ventajas del hermafroditismo es que en el caso de aquellas especies en peligro de extinción, las que están perdiendo su hábitat o que viven aisladas, pueden procrear, ya que no necesitan encontrar pareja. Esta es una excelente manera de perpetuar una especie.

Cuáles son algunas especies de animales hermafroditas

Estrella de mar

Empezamos nuestra lista con una especie marina que se puede hallar en los mares de todo el mundo. La estrella de mar –imagen que encabeza este artículo– se reproduce de forma peculiar, ya que pueden hacerlo sexual o asexualmente. La forma de tener las crías es a través de huevos.

Las estrellas de mar pueden cambiar de sexo a lo largo de su vida, podrían haber nacido machos y luego convertirse en hembras o viceversa. Pueden producir óvulos y espermatozoides a la vez y, sin duda, su hermafroditismo ha sido una gran ventaja a la hora perpetuar la especie.

Gambas

Las gambas, otros de los habitantes de los océanos del mundo, son hermafroditas, como sucede en el caso de muchos crustáceos. Guardan los huevos en sus patas durante el proceso de incubación hasta que llega el momento de soltarlos y dejar que lleguen bebés al mundo.

Gamba

Del mismo modo que sucede con las estrellas de mar, las gambas pueden nacer de un sexo y convertirse en otro cuando envejecen. En cada ‘embarazo’ pueden poner más de 30 huevos, una cantidad nada desdeñable.

Ostras, vieiras, volandeiras y zamburiñas

Estos moluscos tienen la capacidad de ser varón o hembra cuando quieran. No se ha comprobado aún a qué se debe este cambio de sexo continuo, aunque hay estudios que lo están investigando. En la vieira, por ejemplo, este hecho es palpable por los colores de la gónada, la cual es visible.

Cómo se crean las perlas en las ostras

Puede ser de color blanco y anaranjado o ir cambiando en el momento en que el animal cambia de sexo. Curioso, ¿no?

Pez loro

Hay más de un 2% de los peces que son hermafroditas, y el pez loro es uno de ellos. Es un hermafrodita protógino, como sucede en el caso de las estrellas de mar. Pueden empezar siendo hembras para luego convertirse en machos.

Pez loro: hábitat

Los peces loro que nacen como machos siempre estarán en la fase inicial, por lo que nunca podrán ser dominantes, mientras que las hembras, aun en fase inicial, podrán convertirse en machos y podrían ser dominantes.

Caracol

Este posiblemente sea el animal hermafrodita más cercano que tenemos. Producen tanto óvulos como espermatozoides, pero no tienen la capacidad de autofecundarse, así que necesitarán ayuda de otro para procrear.

Vida del caracol

La copulación podría tardar casi toda la noche, y pasado ese tiempo, ambos caracoles trabajarán juntos para depositar los huevos en la tierra, los cuales eclosionarán pasados unos 15 días.

El hermafroditismo parece un capricho más de la naturaleza, pero conocer más sobre él nos pone al día sobre las especies de la tierra, para poder compararlas con nosotros. Así, nos damos cuenta de cuán diferentes pero similares somos a la vez.