La tenia en perros

Francisco María García · 2 octubre, 2017

Dipylidium caninum es su nombre científico. La tenia en perros fue descubierta y evaluada por primera vez a mediados del siglo XVIII. Se trata de un parásito que se aloja de forma casi siempre silenciosa en el intestino de mamíferos, incluyendo a los humanos.

Aunque puede convertirse en una gran fuente de incomodidad para las mascotas, no representa un riesgo mortal para ellas. A pesar de ello, apenas se sospeche de la presencia de estos gusanos, se debe acudir con rapidez al veterinario.

Un parásito, dos hospedadores

El viaje de esta lombriz desde que nace hasta alojarse en el interior de su intestino definitivo, es largo. Los huevos son expulsados desde el interior de un perro infestado a través de las heces. Una vez fuera, las larvas de las pulgas se alimentan con ellos, convirtiéndose de esta forma en el hospedador intermedio.

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Dentro de los minúsculos insectos, desarrollan la siguiente fase de su ciclo vital y esperan el momento para trasladarse hasta su alojamiento final. Al mismo tiempo, la pulga crece y empieza a hacer su vida sobre la piel de un perro o algún otro animal: alimentarse de sangre.

El ciclo para el Dipylidium caninum se completa cuando la pulga es ingerida por un mamífero. El gusano entonces se instalará en la pared intestinal de su nuevo anfitrión, donde ahora se alimentará.

Cerrado este círculo, el siguiente paso es la reproducción. La tenia en perros es hermafrodita. Ello significa que un solo ejemplar de este parásito bastará para perpetuar su población.

 Al final de su desarrollo, pueden llegar a medir hasta 70 centímetros de largo, con un diámetro que ronda los 3 milímetros.

Síntomas de la tenia en perros

La mayoría de los casos de la tenia en perros son, a simple vista, asintomáticos. Sin embargo, si se presta atención detenidamente, hay un aspecto que puede advertir la presencia del parásito viviendo en el interior de un animal: la proglotis grávida.

Éste es el nombre que recibe el saco con huevos del gusano que es expulsado junto con las heces. En apariencia, luce como pequeños granos de arroz, con la particularidad que se mueve, se estira o encoge. Cada cápsula agrupa en su interior alrededor de 30 embriones.

Además de en las puestas de los canes, también puede advertirse su presencia sobre la cama o el sitio empleado por la mascota para dormir. También en los alrededores del ano.

Solo en los casos más graves, el ejemplar infestado con el parásito mostrará otras señales del tipo siguiente:

  • Pelaje áspero y opaco.
  • Descenso de masa corporal sin que exista pérdida del apetito.
  • Aumento notable del apetito, sin que se refleje en un aumento de peso.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Hinchazón del abdomen. En algunos casos, el animal puede dar muestra de dolor si se le palpa esta zona.
  • También puede ocurrir que el perro se arrastre sentado, frotando con cierto desespero el ano contra el suelo. Esto en un intento por aliviar el prurito anal (hormigueo e irritación).

Diagnóstico y tratamiento

La sola presencia de la proglotis grávida vale para que el especialista certifique el caso de tenia en perros.

Se recetará algún fármaco contra parásitos, oral o vía intravenosa. El suministro debe cumplirse durante el periodo que el veterinario considere oportuno. Por lo general, este tipo de tratamientos se extienden hasta tres semanas.

Solo hay una única medida eficaz a largo plazo para erradicar definitivamente a este persistente parásito. Y es aplicando una política anti pulgas.

 El Dipylidium caninum puede llegar a desarrollar resistencia a los fármacos. Si su hospedador intermedio sigue merodeando sobre la piel del animal, más temprano que tarde el círculo vicioso se repetirá.

Medidas básicas de prevención

Hay que mantener la población de pulgas a raya. Esto incluye la limpieza a fondo de cualquier área de la casa en la que el insecto pueda refugiarse. También existe otra medida básica a tomar para evitar la tenia en perros: la desparasitación oportuna.

Desde cachorros, el “médico de cabecera” de las mascotas impone una serie de pautas para evitar la proliferación de parásitos en el animal. Y esto debe cumplirse estrictamente.

Contagio a humanos

Básicamente, cualquier mamífero que entre en contacto con pulgas, está en riesgo de adquirir el parásito. Esto incluye a seres humanos.

 Los casos más comunes de contagio son en niños pequeños. Son ellos quienes se llevan las manos sucias a la boca después de interactuar con las mascotas o de jugar en espacios abiertos.