Cría y reproducción de perdices

Las especies más representativas son la chúcar y la pardilla y, más allá de sus claras diferencias físicas, ambas requieren de unas condiciones específicas para un adecuado desarrollo que garantice el éxito de esta actividad comercial; la alimentación, la higiene, el ambiente y la actividad física se antojan como factores fundamentales

La cría y reproducción de perdices viene ganando adeptos, ya sea como un hobbie o como un emprendimiento. Aunque dicha actividad requiera dedicación y cuidados específicos, puede resultar apasionante y lucrativa. A continuación veremos algunos consejos para la práctica de esta actividad.

Cría y reproducción de perdices: elegir la especie ideal

En estado silvestre, existen muchas especies diferentes de perdices. No obstante, cuando hablamos de cría profesional, identificamos la preferencia por dos especies: la chúcar o turca y la pardilla o pardina. La diferencia entre ellas, más allá de sus características físicas, está en las diferencias y peculiaridades entre los huevos y polluelos.

Además, quien desee iniciarse en la cría y reproducción de perdices debe saber que estas especies tienen formas de comercialización distintas. Mientras la perdiz parda puede ser adquirida como huevo o ave adulta, la chúcar se encuentra apenas como polluelo de uno o dos días.

La perdiz chúcar o turca  

La perdiz chúcar es originaria de Asia y Europa, pero su cría también es muy exitosa en Estados Unidos donde fue introducida en los años 30. Su carácter es muy dócil y sociable, lo que facilita su cría y reproducción en cautiverio.

Canto de la perdiz: reclamo

Estas perdices poseen un cuerpo pequeño y redondeado, y tienen el dorso y la parte inferior del pecho de color gris.  Una perdiz turca exhibe tres bandas negras: una en su frente, una a la altura de los ojos y otra bajo su cuello. Sus patas, dedos y su pico deben ser de una tonalidad naranja rojiza.

La perdiz pardilla o pardina

Las perdices pardinas también son pr ovenientes de Europa y fueron exportadas a Estado Unidos a principios del siglo XIX. Si las comparamos con las perdices turcas, son notablemente menores y más ligeras.

Una pardilla adulta suele medir entre 30,5 y 35,5 centímetros y pesa alrededor de 450 gramos. Su plumaje es mayormente gris y marrón, aunque muchos machos exhiban flancos destacados en blanco y marrón. Sus alas son redondeadas y cortas, mientras su cola es pequeña y de color castaño.

Perdiz pardilla

Además, resulta fácil reconocerlas por la pequeña mancha marrón en forma de herradura que poseen en la parte inferior de su pecho. Los huevos deben tener un color verde-oliva y eclosionar entre 24 y 26 días después de la puesta.

Alimentación de las perdices

La perdiz es un ave omnívora que adopta diferentes hábitos alimentarios, según la fase de su vida y la disponibilidad de alimentos en su hábitat.

Durante sus tres primeras semanas de vida necesitan un alto aporte de proteínas para que sus músculos y huesos se formen y se fortalezcan. En este período, cerca del 60% de su dieta consistiría en pequeños invertebrados.

A partir de su tercera semana de vida, una perdiz se vuelve, sobre todo, vegetariana. Entre el 90% y el 95% de su alimentación debe consistir en vegetales como frutas, hojas, semillas, raíces y flores. Para complementar un 5% o un 10% de proteína consumirán líquenes e insectos.

En cautiverio se pueden utilizar piensos o mezclas comerciales como base de la alimentación de las perdices. Sin embargo, es importante ofrecer también alimentos frescos para mantener las aves saludables y bien nutridas.

El ambiente ideal para la cría y reproducción de perdices en cautiverio

El ambiente ideal para iniciarse en esta actividad dependerá de la fuente ‘primaria’ obtenida. Es decir, muchos criaderos adquieren polluelos o aves adultas, mientras otros prefieren empezar con huevos.

Sonido del canto de la perdiz.

Quien elige comenzar con huevos necesitará mantenerlos en un ambiente con temperaturas entre los 12,7ºC y los 20ºC  antes de su incubación. En estos casos, también es esencial saber la época o estación en que la hembra realizó la puesta de huevos para garantizar una incubación óptima.

Lo ideal es empezar la cría una o dos semanas después de la puesta, y contar con una incubadora. La incubación artesanal puede resultar poco lucrativa para los principiantes.

Si se decide por adquirir polluelos, será necesario proporcionarles un ambiente cálido durante sus dos primeras semanas. Estos pequeños todavía no son capaces de regular su temperatura corporal por sí mismos.

Lo ideal es que las temperaturas de los pequeños polluelos queden alrededor de los 31ºC y los 34ºC. Para ello podemos utilizar calefacción ambiente o fuentes de calor tópicas como lámparas o calentadores.

Las aves adultas deberán ser mantenidas en temperaturas óptimas entre los 20ºC y los 22ºC. Para mantenerlas, deberemos contar con jaula propias con dimensiones mínimas de 929 centímetros cuadrados.

La densidad máxima por jaula deberá ser de tres ejemplares adultos o cuatro polluelos. Cada jaula deberá contar con comederos y bebederos para mantenerlas hidratadas y nutridas.

Las perdices criadas en cautiverio necesitan volar y ejercitarse para mantenerse saludables, y así exhibir un bello plumaje. Cuando pasan demasiadas horas encerradas en las jaulas suelen perder plumas, enfermarse o volverse más agresivas.

Higiene: un cuidado esencial para las perdices

Las perdices son naturalmente limpias y se encargan diariamente de su aseo cuando viven en su hábitat natural. Las mantiene saludable y aleja posibles parásitos y microorganismos dañinos.

La cría y reproducción de perdices en cautiverio requiere hábitos de higiene reforzada. Hay que limpiar diariamente los comederos y bebederos y realizar una desinfección general en la jaula por lo menos dos veces al mes.

También es esencial proporcionarles una buena medicina preventiva para evitar que se enfermen. Por tanto, es fundamental recurrir a un veterinario especializado en el cuidado de aves.

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