5 curiosidades de los animales que habitan en la Antártida

22 marzo, 2021
Este artículo fue redactado y avalado por el biólogo Cesar Paul Gonzalez Gonzalez
La Antártida es considerada uno de los climas más extremos, por lo que para sobrevivir en este lugar, los animales se han adaptado de diversas formas con el único objetivo de sobrevivir.

La Antártida es uno de los continentes más fríos, inexplorados y diversos que se ha logrado mantener en el misterio hasta ahora. Esta región es capaz de albergar una diversidad de fauna que lucha día con día por su supervivencia: debido al entorno que experimentan, estos animales han tenido que desarrollar diversas capacidades y adaptaciones para sobrevivir.

La naturaleza siempre encuentra la forma de subsistir a pesar de tener todo en su contra. Acompáñanos en las siguientes líneas, pues vas a conocer 5 curiosidades de animales que viven en la Antártida que te sorprenderán.

1. El animal más importante de la Antártida es el más pequeño

El krill antártico (Euphausia superba) es un pequeño crustáceo de apenas 6 centímetros de largo. Su apariencia es similar al camarón común y suele alimentarse del fitoplancton que se desarrolla sobre la superficie marítima. Por su tamaño, es el banquete perfecto para muchas especies de animales como focas, pingüinos y ballenas.

A pesar de ser tan pequeño, este invertebrado aporta bastantes nutrientes y proteínas, que permiten a los demás animales sobrevivir en entornos difíciles. En la Antártida, la dieta animal está compuesta de bastantes proteínas y grasas. Por ello, el ecosistema no podría soportar la desaparición del krill, ya que afectaría gravemente a las demás especies.

El krill es de la antártida.

2. En el frio, los tamaños importan

Los climas extremos ocasionan cambios profundos en la biología de los seres vivos, y la Antártida no es la excepción. Para poder resistir el frio, muchas especies tienen que presentar cuerpos robustos y grandes, con el único objetivo de almacenar grasa.

En estas especies, la grasa sirve de aislante, por lo que mientras más tejido adiposo, mejor. Por esta razón, una gran ingesta alimentaria también es clave en la vida de la mayoría de los seres vivos antárticos.

De todas formas, llama la atención encontrar animales en este ambiente con portes reducidos. Por ejemplo, los pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri) miden apenas 1,20 metros de altura. En comparación con un humano, es un animal bastante pequeño. Sin embargo, sigue siendo la especie más grande de pingüinos.

Comparado con pingüinos tropicales —que miden entre 35 y 76 centímetros—, el pingüino emperador es casi 2 veces más grande. En resumen, los seres vivos crecen más de forma general en ambientes fríos, pero también hay que tener en cuenta sus imposiciones biológicas y herencia genética.

Una población de pingüinos reales.

3. Bonitos, pero peligrosos

A pesar de parecer bastante amigable, el leopardo marino o foca leopardo (Hydrurga leptonyx) es una de las especies más peligrosas en la Antártida. Es tan feroz que puede devorar hasta 20 pingüinos en un solo día.

Su dieta es tan variada que puede consumir krill, pequeñas focas, aves, pingüinos y varios tipos de peces. Todo esto es posible gracias a su gran tamaño, ya que este mamífero mide entre 3 y 3,6 metros. Con estas medidas, se cataloga como la segunda foca más grande de la Antártida.

Esta foca tiende a ser bastante agresiva y a atacar con su dentadura de colmillos afilados, así que su comportamiento es solitario. La única manera que ha encontrado esta foca para poder sobrevivir ha sido consumiendo todo lo que pueda, pero ¿ quién puede juzgarle? En la Antártida, el alimento es lo más importante.

Una foca leopardo enseña los dientes.

4. La foca Olímpica

La medalla de oro en lo que a resistencia se refiere en esta ocasión es para la foca de Wendell (Leptonychotes weddellii). Es capaz de aguantar hasta 80 minutos dentro del agua.

Aunque cueste creerlo, muchas de las especies que habitan la Antártida siguen siendo mamíferos, lo que significa que tienen pulmones. Es decir, cada vez que entran al agua a nadar, cazar o para desplazarse, lo que realmente están haciendo es aguantar la respiración.

Solo para comparar, los pingüinos emperador pueden aguantar —en promedio— hasta 20 minutos bajo el agua, mientras que la foca de Wendell resiste hasta 4 veces más. Si intentas equipararlo con el récord Guinness en humanos, que es de apenas 11 minutos 54 segundos, sigue arrollando completamente a la competencia.

Esto no es todo: además, esta foca tiene la capacidad de bajar hasta 600 metros de profundidad. Aun así, no es contrincante de ballenas, cachalotes o ballenatos de cuvier, que sobrepasan los 1000 metros de profundidad, pero no olvides que la foca mide mucho menos.

Uno de los animales de la Antártida sobre hielo.

5. La apariencia también importa

Seguro que te has preguntado el por qué los pingüinos caminan tan raro o por qué las focas se parecen más a un barril. La respuesta es sencilla: las características físicas de los animales de la Antártida están directamente relacionadas con el propio clima.

Si estos seres vivos tuvieran más superfice en sus extremidades —como pies más largos o aletas más gruesas—, la facilidad con la que perderían el calor sería mas grande. Mientras mayor sea área del cuerpo que está expuesta al frio, más rápido se pierde el calor del organismo.

El frio de la Antártida fue tan demandante que ocasionó que las especies se modificaran y se adaptaran al clima. De esta forma, estos seres vivos son físicamente barriles de calor, mientras que nosotros aún necesitamos ropa o un buen abrazo ante un clima frío.

Un oso polar.

Como has podido observar, las inclemencias ambientales provocan presiones evolutivas muy características en los animales de la Antártida. Es de vital importancia conocerlos para preservarlos, ya que son algunos de los seres vivos que más amenazados se ven por el cambio climático.

  • Burns, J.M., Castellini, M.A. (1996). Physiological and behavioral determinants of the aerobic dive limit in Weddell seal (Leptonychotes weddellii) Pups. J Comp Physiol B 166, 473–483. https://doi.org/10.1007/BF02338290
  • Castellini, M. A., Kooyman, G. L., & Ponganis, P. J. (1992). Metabolic rates of freely diving Weddell seals: correlations with oxygen stores, swim velocity and diving duration. Journal of Experimental Biology, 165(1), 181-194
  • Kooyman, G. L., Drabek, C. M., Elsner, R., & Campbell, W. B. (1971). Diving behavior of the emperor penguin, Aptenodytes forsteri. The Auk, 775-795
  • Watt, C., Mitchell, S., & Salewski, V. (2010). Bergmann’s rule; a concept cluster? Oikos, 119(1), 89–100. doi:10.1111/j.1600-0706.2009.17959.x
  • Tilkens, M. J., Wall-Scheffler, C., Weaver, T. D., & Steudel-Numbers, K. (2007). The effects of body proportions on thermoregulation: an experimental assessment of Allen's rule. Journal of human evolution53(3), 286-291.
  • Symonds, M. R., & Tattersall, G. J. (2010). Geographical variation in bill size across bird species provides evidence for Allen’s rule. The American Naturalist176(2), 188-197
  • Ferrer, Diego. (2018). Registro de foca leopardo (Hydrurga leptonyx) predando sobre pingüinos en isla Martillo, Canal Beagle, Provincia de Tierra del Fuego, Argentina. 8. 63-69.
  • Borboroglu, P. G., & Boersma, P. D. (Eds.). (2015). Penguins: natural history and conservation. University of Washington Press.