Todo sobre la avutarda

Francisco María García · 14 diciembre, 2018
La avutarda es el ave más pesada de toda Europa; presenta un marcado dimorfismo sexual, y es que mientras las hembras pesan unos 4 kilos, los machos pueden sobrepasar los 20 kilogramos

Ave lenta. De la combinación de estos dos vocablos en latín (Avis tarda) nació su nombre. Aunque la avutarda es de movimientos pausados y torpes, en ocasiones puede desarrollar velocidades que generan dudas sobre la pertinencia de su denominación.

La avutarda está entre los animales alados con mayor dimorfismo sexual. Los machos miden hasta 105 centímetros de alto, por 115 centímetros de largo, con una envergadura alar de hasta 2,7 metros. En cambio, las hembras alcanzan hasta los 85 centímetros de alto por 90 centímetros de largo, mientras que el grueso de las alas desplegadas es de 180 centímetros.

Se trata del ave más pesada de toda Europa. Tampoco existe una especie que deba levantar mayor cantidad de carga para poder volar. Si bien las hembras pesan en promedio unos cuatro kilogramos, los machos alcanzan los 18 kilos, con casos de ejemplares que sobrepasan la barrera de los 20 kilogramos.

No son tan lentas

Aunque no se tiene registro oficial de la velocidad de desplazamiento, se han reportado casos de hembras que consiguen huir a pie de zorros. Volando pueden desarrollar velocidades cercanas a los 80 km/h.

De su existencia se sabe desde la antigüedad, si bien fue incluida en algún tratado de ciencias naturales recién llegado el siglo XVIII. Ocurrió en 1758, cuando el botánico y zoólogo sueco Carlos Linneo realizó la primera descripción científica de este enorme polluelo.

Cortejo de la avutarda

Dónde vive

La avutarda es un ave gregaria que escoge para vivir grandes llanuras, especialmente en estepas y regiones de vegetación herbácea (pastos y hierbas), donde las lluvias no son muy abundantes.

Originalmente, el mayor número de estas aves se concentró en el centro de Asia. Se cree que sus desplazamientos hacia el oeste se dieron a medida que los cultivos de cereales se fueron haciendo cada vez más grandes en territorio europeo.

En la actualidad, aproximadamente el 60% de la población mundial de la avutarda está en España. Una cifra que equivale a poco más de 23 000 ejemplares en total. La mitad se ubica en núcleos dentro de las comunidades de Castilla y León, y Castilla-La Mancha, especialmente en áreas donde se practica la agricultura de secano.

Características generales

Inconfundible es un adjetivo que le ‘calza’ a la perfección a la avutarda. Su cabeza y cuello son de color gris, y varían a tonalidades rojizas a medida que el plumaje desciende hacia el tronco. Las plumas de la zona abdominal son blancas, mientras que las del dorso –incluidas las alas– son pardas y rojas, con una barra negra.

En la adultez los machos adquieren grandes plumas que parten de la mandíbula inferior. Durante el periodo de celo el cuello se hace más grueso y adquiere una muy llamativa tonalidad rojiza.

Cortejo de la avutarda

Machos y hembras forman grupos diferentes. Solo interactúan durante el periodo reproductivo, cuando el macho inicia un peculiar ritual de cortejo para atraer a las hembras, lo que suele ocurrir en abril.

De la incubación a las nuevas crías

Las hembras aprovechan los desniveles del suelo para colocar allí sus huevos, generalmente dos o tres cada año, durante el mes de mayo. La incubación, proceso del que no toman parte los machos en ninguna forma, demora 21 días.

Una vez fuera del cascarón, las crías son capaces de caminar y acompañar a la madre a donde esta se mueva, aunque no será hasta los dos meses cuando aprendan a volar.

Qué come la avutarda

La avutarda es un ave omnívora. Su dieta se adapta a los alimentos que tenga a disposición, según la estación. Mientras en invierno comen de forma casi exclusiva hojas verdes, el resto del año también incluyen insectos, roedores pequeños, ranas, lagartijas y hasta polluelos de otras especies.

Una especie en peligro

Solo el 20% de los huevos que ponen las hembras llegan a convertirse en ejemplares adultos. En esta tasa de mortalidad influye en gran medida su propia vulnerabilidad, que los convierte en presa fácil de un buen número de predadores como águilas y jabalís, entre muchos otros animales.

Aunque ha sido la acción de los seres humanos la culpable del número reducido de estas aves que sobreviven hoy en día. Desde la caza ‘deportiva’ (en España está prohibida desde 1980, pero en algunos países árabes todavía está permitida), hasta la mecanización de la mayoría de los cultivos.