Los gatos, terapia para el autismo

Los felinos han demostrado ser exitosos en la lucha contra este trastorno psicológico que afecta a un buen número de niños; ello se debe al carácter independiente del minino, reservado y equilibrado

En los últimos años, se han comenzado a utilizar a los animales en tratamientos para diferentes enfermedades. Así se ha comprobado que los gatos en la terapia para el autismo obtienen grandes resultados. Y ya son miles las familias que se han atrevido a experimentar y hoy están felices con las mejoras obtenidas.

Cerca del 2% de los niños son diagnosticados con el trastorno del espectro autista (TEA); se trata de una enfermedad neurológica que afecta las capacidades de sociabilización. Aspectos relacionados con la interacción emocional, desde la comunicación hasta la planificación, que no se desarrollan adecuadamente.

El autismo implica que se produzca un aislamiento social de la persona que lo padece. En otros casos, se tiene interés por las relaciones, pero no reconocen las formas sociales para hacerlo; o bien no logran estructurar conversaciones ni reciprocidad emocional.

Gatos en el autismo

Importancia de los gatos en el tratamiento para el autismo

Una de las características de los gatos es precisamente su conexión interior; son animales tranquilos, equilibrados y reservados. Precisamente estas condiciones lo convierten en uno de los mejores acompañantes terapeutas. Son compañeros sin ser invasivos, y es lo que un niño autista necesita.

Está comprobado que la inclusión de gatos en la terapia para el autismo aumenta la confianza y fortalecen las expresiones. Los niños autistas comienzan a desarrollar sus mecanismos de comunicación con estas mascotas.

Los gatos están presentes con el pequeño, pero sin presionar. Reciben cariño cuando se lo ofrecen, pero no demuestran ansiedad en todo momento; de esta forma, son los amigos que pueden disfrutar de sus silencios con naturalidad. Los niños se relajan y el amor hacia su incondicional mascota les permite avanzar.

En su pensamiento parece que los niños autistas se sienten identificados con los gatos. Son seres como ellos, que pueden pasar horas mirando una imagen o en silencio absoluto. Actúan sólo cuando es necesario hacerlo; la diferencia tal vez está en la reacción. Y al ver a su gato actuar, tal vez tengan la confianza de que ellos también pueden hacerlo.

Ejemplos de gatos en terapia para el autismo

Hay dos historias de niños autistas cuyas familias descubrieron el beneficio de los gatos por casualidad; habían probado hasta el momento diferentes tratamientos sin avances notorios. Y las dificultades para la convivencia con su hijo autista eran algunas veces una pesadilla.

Ellos han contado que en ocasiones no sabían cómo lidiar con ciertas reacciones. La hora del baño, de dormir, de viajar o de poner límites eran terribles; la falta de conexión visual, las fobias a determinadas cuestiones, impedían aún más el nexo.

Gatos para niños con autismo

Pero cierto día se toparon con un gato en sus vidas y la terapia se dio con naturalidad; ocurrió de forma improvisada, sin ninguna planificación. Obviamente hubiesen deseado saberlo antes, para haber puesto remedio a tiempo.

Clover es un gato blanco que adoptó la familia de un niño autista de cuatro años. Richard vive con su padre y un hermano mayor; su madre falleció y él fue diagnosticado con TEA.

Con el tiempo el pequeño comenzó a tener conversaciones con su felino. Cuando el niño lo desea, habla y juegan juntos; cuando no quiere, el gato se limita a estar a su lado en silencio. “Los gatos son como yo”, dijo Richard a su padre, muy convencido y feliz.

Otro caso lleno de ternura

Thula es una gata que se convirtió en la mejor amiga de Iris, una niña artista con autismo; a Iris le diagnosticaron autismo a los dos años de edad. Vive con sus padres, quienes han intentado todo lo que tenían a su alcance para tratar el autismo; incluso han hecho terapia con perros, pero se desestimó rápidamente por la ansiedad que ello le generaba a Iris.

Desde que Thula llegó a su vida, las mejoras fueron evidentes; los grandes miedos de Iris desaparecieron. Ahora puede bañarse y viaja en automóvil con su gata en el regazo; cuando le ataca el insomnio, Thula se acerca y todo vuelve a la calma. Y en los momentos de inspiración, la gata es la fiel compañía para el arte; ambas se sientan en el parque a pintar en un silencio que ya no duele.

La vida de estas familias ha cambiado considerablemente. Los gatos en la terapia para el autismo ha sido hasta el momento la mejor experiencia que han tenido; con ayuda de los felinos, muchos niños han comenzado a desarrollar sus capacidades de comunicación y expresión emocional.

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