La recuperación del lince ibérico

Laura Huelin · 5 junio, 2018
La cría en cautividad y la posterior reintroducción en la naturaleza son acciones claves para la supervivencia de esta especie, de la cual, allá por 2005, quedaban solo 200 ejemplares

Hace décadas que la situación del felino más emblemático de la península ibérica es alarmante. Sin embargo, la colaboración entre diferentes instituciones públicas y organizaciones está intentando salvar a este animal de la extinción. Te lo contamos todo sobre la recuperación del lince ibérico:

La situación del lince ibérico

Hasta el siglo XX, el lince ibérico tenía una población dispersa por muchas partes de la Península: aunque la mayor concentración de ejemplares estaba alrededor de la frontera entre Andalucía y Castilla La Mancha, había pequeñas poblaciones en toda Andalucía y el sur de Portugal, Extremadura e incluso en la frontera de León con Galicia y Asturias.

La situación crítica del lince ibérico empieza en la década de 1980, cuando pasaron de ser más de 5 000 animales en libertad hasta apenas 1 000. El punto crítico en su población aparece en 2005, cuando se estimaba que quedaban menos de 200 animales vivos.

Desde entonces, por fortuna, su población se está recuperando. Los esfuerzos que se están haciendo desde los centros de recuperación y las instituciones están consiguiendo que cada año haya más ejemplares en libertad y que se estén reproduciendo sin intervención del ser humano.

Parque nacional de Doñana: lince ibérico

La recuperación del lince ibérico está en marcha: en la última década se ha conseguido que su población se duplique: en 2016 se contabilizaban unos 400 linces en libertad. En 2016 pasó de estar en la lista roja, catalogado como ‘peligro inminente’ a solamente ‘en peligro’.

A pesar de los buenos datos, la mortalidad de los linces en libertad sigue siendo demasiado alta y está frenando su expansión. Por eso, se sigue trabajando y se seguirán tomando medidas para mejorar la calidad de vida y la tasa de supervivencia de estos animales.

Amenazas para el lince ibérico

Como se puede intuir, el lince ibérico tiene sobre él más de una amenaza que hace que descienda el tamaño de su población. Sin embargo, no tiene depredadores naturales y muchas de las causas que les hacen perder territorio o perder ejemplares dependen del ser humano.

La dieta del lince ibérico se compone casi en un 90% de conejos, aunque dependiendo de la estación del año en la que se encuentren, este porcentaje puede variar. El lince ibérico solamente puede alimentarse correctamente en un ambiente en el que abunden los conejos.

Por eso, la destrucción del hábitat de los conejos es determinante en la supervivencia del felino hispánico. Los cazadores que menguan su población y las enfermedades que afectan a los conejos tienen una repercusión directa en la supervivencia y salud de los linces.

Los cazadores furtivos y las trampas, aunque estén destinadas a otros animales, son dos de las grandes amenazas para la recuperación del lince ibérico. Está prohibido cazar estos animales, pero aún así los furtivos los persiguen y siguen colocando trampas para zorros o conejos, que son fatales para los felinos.

Amenazas del lince ibérico

Finalmente, otras de las grandes amenazas son los atropellos en las carreteras que atraviesan los montes en los que viven linces. Durante los tres primeros meses de 2018 casi 20 linces perdieron la vida en la cuneta de las carreteras.

Planes para la recuperación del lince ibérico

Al finalizar 2016 se contabilizaban casi 500 linces ibéricos con vida, tanto en libertad como en cautividad. Esta cifra se ha podido alcanzar gracias a una combinación de diferentes acciones.

Una de las medidas básicas que se han tomado durante los últimos años es iniciar un programa de cría en cautividad: se conoce mejor a los animales, se asegura que se continúe la reproducción y, cuando los ejemplares son adultos, están sanos y puedan valerse por sí solos, se sueltan en la naturaleza.

Una vez que la población de los centros de cría reúne las características que satisfacen a los biólogos, tales como número de ejemplares sanos, los animales empiezan a reintroducirse en la naturaleza. La reintroducción de animales en zonas en las que habían desaparecido es fundamental para su supervivencia.

El lince ibérico es un animal solitario y territorial: no forma manadas más que en la época de reproducción. Cuando hay ejemplares nuevos en la naturaleza, tanto recién liberados como nuevos jóvenes adultos, se garantiza su dispersión por el territorio. Así, pueden volver a habitar en zonas en las que habían desaparecido.

Situación del lince ibérico

Igualmente, se les sigue la pista a los animales más allá de los centros de cría y control. Sus hábitats están inundados de cámaras escondidas que permiten seguirlos y conocerlos, aunque estén en la naturaleza. En algunos casos las cámaras pueden ser insuficientes, por lo que muchos animales están equipados con collares de seguimiento por GPS.

Seguir con precisión a los animales en libertad es muy importante: solo así se puede saber cómo viven y detectar sus grandes amenazas: si pasan hambre, si hay zonas con trampas e incluso, de esta manera, localizan los puntos más peligrosos en las carreteras.

Los planes para la recuperación del lince ibérico están dando frutos, pero todavía no se puede cantar victoria. Durante 2016 más de 30 cachorros nacieron en la naturaleza y se observa cómo se están expandiendo a otros territorios nuevos.

El lince ibérico todavía está en peligro de extinción, pero los datos no son tan alarmantes como hace una década. Los esfuerzos combinados entre organizaciones, profesionales e instituciones gubernamentales, tanto de España como de Portugal, van a hacer posible la recuperación de esta especie.