La inteligencia de los reptiles y anfibios

Eugenio Fernández · 23 octubre, 2018
Existen diversas investigaciones relativas al comportamiento de algunas especies que dejan entrever que la inteligencia de los reptiles y anfibios es mayor de lo que cabía pensar

La inteligencia de los reptiles y los anfibios ha sido poco estudiada, y son muchos los investigadores que los han tachado de seres mecánicos. Sin embargo, son animales con aprendizaje y cuya inteligencia puede ser fascinante.

La aparente lentitud y falta de respuesta a algunos estímulos ha hecho que estos animales no hayan sido protagonistas de muchos estudios de comportamiento en el pasado. Sin embargo, son cada vez más las investigaciones que ponen en foco en la inteligencia de los reptiles y de los anfibios.

La inteligencia de los anfibios

Aunque su comunicación ha sido bastante estudiada, los anfibios siempre se han tenido por animales simples. Por ejemplo, se ha visto cómo ranas comunes son capaces de esquivar medios con un exceso de sal, algo que podría acabar con la vida de estos animales. 

En otro estudio se evidenció cómo algunas ranas venenosas (Dendrobates auratus) son capaces de adaptar su comportamiento al entorno de forma similar a los mamíferos, y pueden resolver laberintos cuya meta es cambiada por los investigadores. De hecho, los anfibios cuentan con gran capacidad de aprendizaje espacial y de orientación dentro de su rango de hábitat.

Ranita cantora

Por supuesto, también se ha visto como diversas especies de ranas y salamandras ajustan su comportamiento y sus llamadas a la presencia de depredadores. Incluso, algunas especies de anfibios agitan sus patas con el objetivo de atraer a sus presas.

Una de las especies más estudiadas de anfibio es la salamandra de espalda roja (Plethodon cinereus), muy utilizada en investigación en Estados Unidos. Se ha visto que esta especie identifica químicamente a sus presas: prefiere a aquellas más nutritivas y defiende aquellos territorios donde son abundantes.

En esta especie también se ha comprobado que existe reconocimiento de individuos, algo que se demuestra tanto mediante comportamientos territoriales hacia animales conocidos como a través de comportamientos caníbales sobre crías de otros animales. Incluso se ha visto mediante entrenamiento que pueden discriminar cantidades bajas de alimento frente a mayores.

La inteligencia de los reptiles

De igual manera a los anfibios, la inteligencia de los reptiles ha sido poco estudiada, aunque se conocen datos como el cuidado parental alargado de cocodrilos o las complejas organizaciones sociales de algunas lagartijas. 

La inteligencia de los reptiles

Se ha visto cómo muchos varanos tienen la capacidad de contar o de resolver problemas, mientras que tortugas y serpientes pueden seguir la mirada tanto de coespecíficos como de depredadores.

En el caso de los reptiles, muchos son entrenados en zoológicos para poder facilitar el manejo de estos animales. También se ha comprobado que la mayoría de tortugas tienen un gran sentido de la orientación y que algunas exhiben aprendizaje social. Los anolis de Puerto Rico, por ejemplo, son capaces de resolver test cognitivos similares a las gallinas.

El juego en anfibios y reptiles

Decimos que la inteligencia de los reptiles y los anfibios está infravalorada porque un comportamiento que muchos no esperan encontrar en estos animales es el juego. 

Juzgar comportamientos como la curiosidad o el juego es difícil si estudiamos a animales como los reptiles o los anfibios, tanto por el uso de estímulos que no eran adecuados como la propia dificultad de identificar un comportamiento así en reptiles. Difícilmente nos vamos a encontrar a una tortuga corriendo tras una pelota o a dos serpientes peleando de broma, pero eso no quiere decir que no exista juego en reptiles.

Por ejemplo, se ha visto cómo las tortugas de caparazón blando del Nilo empujan y muerden objetos que flotan en el agua repetidamente, o incluso juegan al tira y afloja con sus cuidadores. También se han visto comportamientos similares en varanos que, además, muestran gran afinidad por sus cuidadores y por interactuar con ellos, al igual que algunas iguanas y quelonios.

Aunque menos fácil de evidenciar en anfibios, se ha visto cómo los renacuajos de Theloderma corticale se meten repetidamente en corrientes, o como las ranas dardo pueden participar en peleas que no las lesionan y que no parecen tener ningún sentido reproductor.

Burghardt, G. M. (2013). Environmental enrichment and cognitive complexity in reptiles and amphibians: concepts, review, and implications for captive populations. Applied Animal Behaviour Science147(3-4), 286-298.