¿La desaparición del urogallo cantábrico?

Eugenio Fernández · 3 diciembre, 2018
Además de la caza, ahora ilegalizada, ciertas actividades humanas en pleno hábitat del urogallo cantábrico son fuertes amenazas para este ave

El urogallo cantábrico es una especie de ave fuertemente amenazada que aún perdura en los bosques salvajes de la Cordillera Cantábrica. ¿Por qué algunos hablan ya de su eminente desaparición? ¿Sobrevivirá este ave a la transformación total de los parques nacionales del norte de España?

Las amenazas del urogallo cantábrico

El urogallo es una especie en grave peligro de extinción en la zona cantábrica. Durante finales del siglo XX, este animal fue fuertemente cazado legalmente con el objetivo de disecar a los machos de esta especie, cuyo dimorfismo sexual hace que su belleza sea especialmente atrayente.

Estos animales eran disecados, ya que se consideraban aves nobles e impresionantes. Eran ideales para regalar a personas influyentes o a buenos amigos en algún momento especial, como una boda. Incluso eran frecuentes como regalo a los médicos tras haber superado alguna dura enfermedad bajo sus cuidados.

Urogallo cantábrico: amenazas

La caza del urogallo estaba muy arraigada a la cultura del norte, e incluso muchos personajes del centro y sur de España viajaron a Asturias o a León a cazar a este animal. La fuerte presión sobre los machos de la especie es una de las causas más importantes a la hora de señalar la creciente desaparición del urogallo cantábrico.

Un estudio publicado en 2015 revelaba que la variabilidad genética de la especie comenzaba a bajar estrepitosamente durante los años en los que el urogallo era cazado, lo que hace que además se elimine la selección sexual: ya no se reproducen los machos más aptos, sino los no cazados.

Pero no ha sido esta la única causa de la desaparición del urogallo cantábrico. La caza de la especie lleva prohibida más de 20 años, pero la especie no se ha recuperado. Una de las causas es la total humanización de su hábitat, ya que son animales muy tímidos que no toleran estar cerca de las actividades humanas, a diferencia del oso pardo, que se ha adaptado a este tipo de actividades e incluso se aprovecha de ellas.

El urogallo cantábrico vive en el sotobosque, lejos de los pastos regulados por el ganado. Los cantaderos del urogallo, donde este realiza el cortejo, son lugares donde las actividades humanas cercanas pueden causar un fuerte impacto, e incluso las actividades turísticas pueden.

Urogallo cantábrico: hábitat

La conservación del urogallo cantábrico

Pero si queremos saber por qué el urogallo cantábrico sigue en vías de extinción también debemos visualizar su conservación. ¿Cómo se ha intentado proteger al urogallo cantábrico? A principios de los 80 se realizó un censo de la especie, y se ha visto que con la prohibición de la caza no han aumentado los cantaderos ni en número ni en individuos que los visitan. Además, sus depredadores seguían siendo cazados.

El urogallo cantábrico ha sido objeto de un programa de conservación europeo que ha basado gran parte de su estrategia en un programa de cría en cautividad. Sin embargo, muchos aseguran que este programa no está teniendo efectos reales en la conservación del urogallo cantábrico, y que los ejemplares que se liberan apenas sobreviven.

La caza no parece la única causa del declive del urogallo, y muchos culpan a las minas a cielo abierto, los parques eólicos o el auge de estaciones de esquí y otros complejos turísticos en pleno hábitat del urogallo cantábrico; incluso algunos apuntan a mala praxis a la hora de observar fauna salvaje.

En la actualidad, parece que la esperanza del urogallo cantábrico pasa por proteger su hábitat y no permitir carreras o caza cerca de sus cantaderos. Proteger a esta emblemática especie es un deber que nos separa de la domesticación total de los bosques del norte.

Storch, I., Bañuelos, M. J., Fernández-Gil, A., Obeso, J. R., Quevedo, M., & Rodríguez-Muñoz, R. (2006). Subspecies Cantabrian capercaillie Tetrao urogallus cantabricus endangered according to IUCN criteria. Journal of Ornithology147(4), 653-655.