Elefantes que pintan: ¿maltrato animal?

Eugenio Fernández · 20 abril, 2018
Detrás de lo increíble que es la inteligencia de los paquidermos, hay ciertos adiestradores que utilizan métodos que podrían considerarse una forma de agresión; aún sin ella, habría que preguntarse si es ético

¿Has visto alguna vez elefantes que pintan? Esta y otras imágenes del mundo animal despiertan nuestro asombro, pero detrás puede existir un oscuro secreto.

La explotación de la inteligencia animal

La inteligencia animal nos llama poderosamente la atención: desde animales resolviendo rompecabezas a aquellos que imitan el habla humana, el uso de herramientas en animales y otras muestras de inteligencia desatan la imaginación del hombre.

Por desgracia, esto también ha despertado la explotación de estas habilidades con fines lucrativos: los animales actores y de circo son una muestra de ello, al igual que la explotación de fauna con fines turísticos.

Elefantes que pintan: ¿maltrato animal?

Un ejemplo claro son los elefantes que pintan. Seguro que habéis visto imágenes en las que se muestran a estos paquidermos pintar cuadros de motivos florales o incluso elefantes, mientras sujetan un pincel con su trompa y un domador les acompaña.

Estos elefantes que pintan se pueden ver en algunas zonas turísticas de Tailandia y, aunque pudiera parecer una muestra de la inteligencia del elefante, simplemente asistimos a una actuación basada en entrenamiento por maltrato.

Normalmente, estos elefantes están acompañados de cerca por un cuidador, que parece incluso actuar como amigo del elefante, pero lo que está ocurriendo en realidad es que estos animales son forzados a pintar.

Elefante pintor en Tailandia

Para que sean entrenados en esta actividad, además, deben ser separados de sus madres. La estructura social de las manadas de elefantes es muy compleja, y refleja sus múltiples lazos familiares e inteligencia emocional.

Elefantes que pintan: ¿cómo lo consiguen?

Lo que ocurre en estos espectáculos es que varios elefantes son llevados ante diversos lienzos, mientras son acompañados por su mahout, que nunca se aleja de ellos y les proporcionan los pinceles y la pintura.

Estos animales comienzan a pintar sus cuadros junto a su cuidador, posicionado muy pegado al cuerpo del animal. Cuando acaban de pintar el cuadro, estos son subastados y el elefante es premiado con platanos u otro alimento.

En primer lugar, llama la atención que los elefantes sean capaces de dibujar. Aunque su inteligencia es legendaria, el arte es algo muy humano y la sabiduría del elefante se mide de otras formas: lo cierto es que el diseño es puramente humano, y se consigue mediante entrenamiento.

Por desgracia, este entrenamiento no es amable: los entrenadores tiran de las orejas o incluso clavan elementos punzantes aprovechando que están pegados al animal; esto les permite dirigir la trompa del elefante a su antojo.

Además, cada elefante tiene un diseño característico que repite día tras día, por lo que los elefantes terminan por memorizar el diseño y lo realizan para no sufrir golpes y recibir su premio.

Un elefante puede pintar

Elefantes que pintan: ¿ético?

Lo cierto es que se puede entrenar animales sin llegar al maltrato animal, y seguramente algunos mahouts decidan hacer lo propio con sus elefantes: con ligeros toques y órdenes, sumado a premios, se podría conseguir este comportamiento.
Por desgracia, es un método que requiere mayor dedicación, formación y probablemente mayor empatía hacia los elefantes, una empatía que no concuerda con obligarlos a actuar por dinero.
Y es que independientemente de cómo se realice esta actividad, lo cierto es que estamos viendo a fauna silvestre adoptar comportamientos anormales en cautividad, y a cambio de dinero: ¿sería ético, incluso sin maltrato?
Es por ello que os recomendamos que no promováis espectáculos donde se hace a animales salvajes comportarse de forma antinatural: tigres saltando aros de fuego, osos bailando o loros andando en bici son caras de la misma moneda, la explotación de animales salvajes.
Y debemos plantearnos que el turismo se debe hacer de forma responsable, y pagar por este tipo de actividades nos convierte en la peor desgracia que pueden tener estos elefantes.