Cocodrilo marino: hábitat y características

Este artículo fue redactado y avalado por la bióloga Paloma de los Milagros
· 30 diciembre, 2018
Con una mandíbula de entre 64 y 68 dientes, el cocodrilo marino es una especie que provoca miles de muertes humanas al año

El cocodrilo marino es el reptil vivo más grande de la Tierra, con ejemplares que alcanzan los siete metros y superan la tonelada. Estas dimensiones, junto con su habilidad natatoria y su ferocidad, lo convierten en un superdepredador para todo tipo de animales, incluido el ser humano.

Hábitat

El cocodrilo marino (Crocodrylus porosus) se encuentra principalmente en la región norte de Australia y las islas de Nueva Guinea e Indonesia. Sin embargo, también se ha constatado su presencia en otros territorios de Asia oriental. Debido a su alta tolerancia a la salinidad suele habitar en regiones costeras, aunque frecuenta ríos y pantanos de agua dulce.

La alternancia de distintos ambientes acuáticos está íntimamente relacionada con el período reproductivo, momento en el que los machos dominantes acaparan ambientes de baja salinidad para usarlos a modo de criadero. Este hecho conlleva el desplazamiento de los cocodrilos juveniles hacia regiones marinas.

Características físicas del cocodrilo marino

El cocodrilo marino es el reptil vivo de mayor tamaño, con ejemplares, en el caso de los machos, que alcanzan los siete metros y superan la tonelada. Las hembras, por su parte, no suelen superar los tres metros.

Cocodrilo marino: hábitat

Su piel presenta una tonalidad cambiante en las distintas etapas de desarrollo: es amarillenta o verduzca con rayas negras durante su crecimiento y se torna a gris oscuro con rayas laterales y vientre claro en la madurez.

A diferencia de otros cocodrilos, su cabeza alcanza volúmenes mayores y está provista de una mandíbula de entre 64 y 68 dientes. Como rasgo distintivo, destacan unas protuberancias óseas que se extienden desde los ojos hasta el hocico, y que se conocen con el nombre de ‘crestas’.

Características reproductivas

El período reproductivo se da durante la estación húmeda, en los meses de noviembre a marzo. Las hembras llegan a la madurez sexual cuando alcanzan los 10 años, mientras que en los machos esta suele retrasarse seis años más. El período de incubación es de 90 días, intervalo en el que la hembra protege nidadas de entre 40 y 60 huevos.

Estos nidos suelen situarse en las orillas de los ríos, protegidos por ramas y tierra, y llegan a alcanzar los dos metros de longitud. Para evitar su anegación ante las frecuentes inundaciones, adquieres una disposición a modo de ‘montaña’.

La determinación del sexo de los huevos está directamente relacionada con la temperatura de incubación, de aproximadamente 31,6 ºC es la más propicia para generar una prole masculina. Una vez eclosionen, la hembra llevará en la boca a las crías hasta que estas sean capaces de nadar por sí mismas.

Hábitos alimenticios y conductuales

El cocodrilo marino se caracteriza por su ferocidad y prácticamente ninguna presa se le resiste. Durante su etapa juvenil se limita a la captura de pequeños anfibios, insectos y pequeños crustáceos, mientras que en la fase adulta opta por animales de mayor tamaño, ya sean peces, mamíferos e incluso otros reptiles.

Cocodrilo marino: alimentación

Estos superdepredadores suelen preferir las horas nocturnas para cazar; esperan de forma paciente en las orillas de ríos o zonas costeras a que se aproxime su presa.

La mayor parte del tiempo se encuentran sumergidos para regular su temperatura corporal, aunque, de forma análoga a los reptiles terrestres, también se sitúan en rocas para calentarse con la radiación solar.

En el medio terrestre, debido a sus grandes dimensiones y su elevado peso, se mueven lentamente a través del impulso de sus apéndices. Sin embargo, una vez en el agua, la potencia ejercida por la cola los convierte en animales muy veloces.

Estado de conservación

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) es una especie en bajo riesgo. Sin embargo, algunas de las regiones geográficas que frecuentaba en un pasado como Sri Lanka o Tailandia, debido a la pérdida de hábitat costero y a la caza furtiva para la comercialización de su piel, han visto reducidas la poblaciones de este reptil.

Aun así, en este caso es el hombre el que se ve más ‘amenazado’ ante los encuentros con este superdepredador, y es que se registran miles de muertes cada año.