El ciervo volante: el escarabajo europeo más grande

Laura Huelin · 16 diciembre, 2017
El ciervo volante es un tipo de escarabajo con peculiares y enormes mandíbulas que parecen la cornamenta de la especie que indica su propio nombre.

El ciervo volante es un espectacular escarabajo que vive en Europa y parte de Asia. Es tan vistoso que se le conoce por varios nombres diferentes según la zona: escornabois, cornatero, vacaloura… Tiene un hábitat muy concreto y empieza a preocupar su situación, pues está considerado como una especie en moderado peligro de extinción.

Características

El ciervo volante es el escarabajo más grande que se puede encontrar en Europa. Los machos y las hembras son de tamaños y formas diferentes, aunque los más llamativos son los primeros. Las hembras pueden medir entre tres y cinco centímetros de largo, pero los machos llegan a alcanzar los nueve o 10 centímetros, si bien depende de la subespecie concreta.

Normalmente, se reconoce a este tipo de escarabajo por las grandes mandíbulas de los machos. Estas recuerdan a las astas de los ciervos o alces y, gracias a ellas, ha adquirido su nombre. La forma y color de estas mandíbulas varía mucho dependiendo de su subespecie, pero también de cada ejemplar.

Las hembras también tienen unas mandíbulas en forma de cuernos, pero de mucho menor tamaño que los machos. Por el tamaño de estas se creía que solo los machos luchaban entre ellos, pero se ha descubierto que las hembras hacían lo propio entre sí, así como que las luchas entre los dos sexos también existen.

Ciervo volante en la tierra
Fuente: Tibor Kádek

En cuanto a su aspecto físico, el ciervo volante es de color oscuro y presenta zonas rojizas. Como el resto de escarabajos, tienen tres pares de patas, una cabeza pequeña y un gran tórax.

Comportamiento

Las hembras hacen la puesta en la corteza de los árboles caídos o en madera en descomposición, donde los huevos eclosionan entre dos y cuatro semanas después. Las larvas se alimentan y desarrollan en el árbol en un periodo que va de uno a cinco años, para posteriormente pasar a la adultez.

Las larvas se convierten en adultos en el otoño, pero hibernarán hasta la primavera. La mayor parte de ciervos volantes adultos salen al exterior entre junio y julio, aunque se pueden ver desde mayo hasta septiembre. Un adulto, después de hibernar, vive entre uno y cuatro meses.

Son insectos que tienen su momento de máxima actividad del día durante el atardecer, aunque es frecuente encontrárselos a cualquier hora del día. Solo se pueden encontrar en zonas boscosas, sobre todo en bosques en los que hay robles o encinas, ya que estas son sus especies preferidas. Es muy raro encontrárselos en entornos urbanos.

Los machos usan sus grandes mandíbulas para pelear durante la época de reproducción. Previamente, se creía que los machos eran territoriales, pero recientes observaciones señalan que estas luchas solo están motivadas por la reproducción. Habitualmente, los machos se enfrentan en las ramas de los árboles, y las peleas terminan cuando uno de los contrincantes cae al suelo.

Hábitat del ciervo volante

El ciervo volante vive en zonas boscosas donde hay abundancia de robles o encinas, que se extienden por toda Europa y gran parte del sudeste asiático. En la Península Ibérica es poco frecuente encontrarlo hacia el centro y el sur; más al sur del Sistema Central ya apenas hay bosques en los que se desarrolla.

Es poco frecuente encontrar algún ciervo volante en zonas urbanas, especialmente en ciudades. Los adultos se alimentan de la savia de los árboles o del zumo de frutas maduras. Las larvas, para poder prosperar, necesitan alimentarse de mucha madera en descomposición y en zonas urbanizadas no existe.

En este sentido, la limpieza de los bosques y la urbanización están provocando que el hábitat preferido del ciervo volante esté desapareciendo. Los árboles muertos se retiran, y así se impide la reproducción de estos y otros tipos de insectos.

El ciervo volante aparece clasificado como una especie que se encuentra en un moderado peligro de extinción. La preocupación por su supervivencia es menor, pero se ha descubierto que su población está menguando.

Debido al apetito voraz de las larvas de ciervo volante, que se alimentan de grandes cantidades de madera en descomposición, se consideran claves para la salud de los bosques. La protección de los bosques sin intervención humana es imprescindible para la salud de estos y de los ciervos volantes.

Fuente de las imágenes: Enrique Dans y Tibor Kádek