¿Y si no venimos del mono?

Eugenio Fernández · 15 diciembre, 2017

¿Es verdad que venimos del mono? Esa fue la pregunta que muchos se hicieron con cierta sorna cuando Darwin planteó su teoría de la evolución. Hoy sabemos que la evolución es un hecho más que una teoría, pero siguen transmitiéndose las mismas interpretaciones erróneas.

La teoría evolutiva de Darwin

Resulta que Darwin nunca dijo que viniéramos del mono. La teoría de la evolución desafiaba al tradicional creacionismo, que creía que los seres vivos habían sido traídos al mundo tal y como los conocemos hoy en día. Según Darwin, los seres vivos se iban moldeando a través de diversos factores relativos a la evolución; entre esas variables estaba la selección natural.

Mono en la selva

Y no solo eso. Darwin se atrevió a incluir al ser humano en toda esta teoría, e introdujo la idea de que no habíamos salido de una fábula bíblica, sino que más bien pertenecíamos a un linaje evolutivo moldeado a través de un proceso de hominización. En concreto, Darwin escribió estas palabras en El Origen de las Especies, uno de sus libros más famosos:

“Me temo que la principal conclusión que se desprende de la lectura de este libro, a saber que el hombre desciende de una forma orgánica de rango inferior, irritará grandemente a muchas personas. Sin embargo, no cabe duda de que somos la progenie evolucionada de criaturas primitivas.”

–Charles Darwin–

¿Es verdad que venimos del mono?

Una vez sabemos que es la teoría de la evolución en rangos generales, vemos que según Darwin éramos seres vivos que habían evolucionado de otros seres. Es decir, el ser humano era un animal, en concreto un primate.

En la época, la prensa y los científicos creacionistas se burlaron de Darwin a través de la idea de que venimos del mono, y caricaturizaron al famoso científico como un gorila con la cabeza de Darwin. Sin embargo, estos habían malentendido su teoría y, por desgracia, a día de hoy sigue ocurriendo.

La evolución, a través del registro fósil, demuestra que nuestros antepasados han sido primates durante millones de años, pues no venimos del mono; al menos, de ninguna especie actual. Compartimos ancestros comunes con estas especies, que en general serán más antiguas cuanto mayores sean las diferencias entre esos animales y nosotros.

En este sentido, sabemos que nuestro ancestro común con los chimpancés vivió en África hace seis millones de años. Con el resto de simios, entre ellos los gibones, el ancestro común que conocemos es Alesi; así se bautizó a un cráneo de un primate que recuerda al gibón, y que vivió hace 13 millones de años.

La evolución, a través del registro fósil, demuestra que nuestros antepasados han sido primates durante millones de años, pues no venimos del mono; al menos, de ninguna especie actual.

El árbol de la evolución

No estaría de más que recordemos que la evolución es un árbol; así la representó Darwin en las primeras ilustraciones que plasmó, a través de árboles filogenéticos. Las ramas del árbol evolutivo están igualmente evolucionadas, pero unas son más similares a otras.

Orangutan colgado de un arbol

De esta manera, compartimos más o menos ramaje con los animales más similares a nosotros, y las ramas se van separando: Alesi se separó hace 13 millones de años y los chimpancés hace seis millones. Esto se contrapone a la visión que tenemos en el imaginario colectivo, en el que vemos a la evolución como una escalera.

La evolución no es una escalera, en la cual nos creamos que los orangutanes o los bonobos están un par de escalones por debajo de nosotros; y es que la visión antropocentrista es una de las causas de nuestro desdén hacia los monos, y su declive hasta el punto de que algunas especies lleguen a extinguirse. 

Todos los animales estamos igual de evolucionados, si bien cada uno nos hemos adaptado a un ecosistema y funciones concretas; y es que el ser humano difícilmente podría sobrevivir donde lo hace un delfín, una bacteria o un tigre de bengala.

Recordamos que la evolución es un árbol que nos acoge a todos, lo cual nos demuestra que nuestros sentimientos, pensamientos y todo lo que nos hace humanos, también nos hace animales. 

La evolución no es una escalera, en la cual nos creamos que los orangutanes o los bonobos están un par de escalones por debajo de nosotros; y es que la visión antropocentrista es una de las causas de nuestro desdén hacia los monos, y su declive hasta el punto de que algunas especies lleguen a extinguirse.

Fuente de la imagen principal: lesleywebb