Las cabras de Fuerteventura

23 febrero, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el veterinario Eugenio Fernández Suárez
Las cabras de Fuerteventura, conocidas como cabras majoreras, son toda una institución en Fuerteventura gracias a la producción de queso

Las cabras de Fuerteventura son un símbolo de una de las islas canarias más desconocidas. En un hábitat duro como es el de esta isla volcánica, las cabras han permitido explotar el territorio y los escasos recursos de la isla para abastecer a la población local durante miles de años.

Es difícil trazar la historia de las cabras de Fuerteventura: cuando los conquistadores llegaron a Canarias en el siglo XV ya se encontraron estos animales en abundancia, aunque excavaciones arqueológicas remontan su historia en la isla Majorera hace más de 3 000 años.

Las cabras de Fuerteventura

Sin duda, las cabras de Fuerteventura son un símbolo para este emplazamiento turístico y natural, y es que es difícil hacer una visita a la isla y no encontrarse con estos animales en vivo y en directo, o terminar por llevarte un regalo o recuerdo que represente a estos carismáticos animales. Aunque la cabra majorera está distribuida por otras islas, sin duda es originaria de Fuerteventura.

La cría de la cabra majorera está principalmente dedicada a la producción de leche, especialmente para la elaboración de queso majorero, uno de los productos que más puebla los mercados de esta isla. Y es que de las cuatro razas de cabras que existen en las islas Canarias –junto a esta encontramos la palmera y dos razas tinerfeñas– es la de mayor producción láctea, frente a otras razas de carne, la principal que se produce en la isla.

Las cabras de Fuerteventura

La cabra majorera es una especie de extremidades largas y finas, con unas orejas largas y unos cuernos en forma de arco. Las pezuñas son oscuras y están muy adaptadas a la especial aridez de la isla canaria. La capa de estos animales es policromada, es decir, compuesta por diversas manchas de colores marronáceos, blancos y negros. El pelo es corto, para hacer frente a los meses calurosos, y las mucosas presentan colores oscuros.

Se cree de las cabras de Fuerteventura están en el cruce de cabras africanas –principalmente nubiana y maltesa– con las cabras aborígenes que poblaban la isla tiempo atrás.

Tradicionalmente, estas cabras se mantienen en ganadería extensiva y se ordeñaban una sola vez al día, y dicha leche se recogía en los llamados tofios, unos recipientes ligados a la cultura majorera. Son vasijas con un amplio pico vertedero para recoger la leche, y que normalmente se fabricaban en tonos rojizos.

El queso majorero

Pero si algo caracteriza a las cabras de Fuerteventura es el queso que se produce con su leche: el queso majorero se produce en seis municipios de esta isla y tiene Denomicación de Origen desde 1996, una categoría que reconoce el valor de un producto elaborado localmente como este.

Queso majorero

Este queso de cabra se fabrica en cilindros normalmente pequeños, y su corteza se moldea con hojas de palma. Curiosamente, esta corteza se suele frotar con aceite, pimentón o gofio, una harina tostada de trigo o maíz muy típica del archipiélago.

Este queso es compacto, y existen variedades tanto tiernas como curadas, cuyo sabor y tradición ha marcado la cultura de la isla, además de diferentes aderezos que convierten al queso majorero en un producto de mil variedades. Sin duda, marcharse de las islas Canarias sin probar el queso de las cabras de Fuerteventura no tiene perdón.