Inseminación artificial en yeguas

Eugenio Fernández · 25 junio, 2018
Aunque es más costosa, esta técnica favorece las posibilidades de fecundación y, además, ofrece mayores garantías sanitarias

La inseminación artificial en yeguas, al igual que en otras especies animales como el vacuno de leche o el cerdo, ha venido para quedarse. Esta técnica tiene una reconocida capacidad de mejora de razas y de control sanitario, por lo que se ha extendido en los últimos años.

La inseminación artificial consiste, básicamente, en introducir esperma del macho en el aparato reproductor de la hembra sin la presencia de este, lo que tiene múltiples ventajas para la ganadería.

¿Por qué se rechaza la inseminación artificial en yeguas?

En un inicio hubo cierto rechazo a la inseminación artificial en yeguas debido a la creencia errónea de que esta técnica es menos eficaz que la monta natural. Y esto es un error, ya que el control veterinario permite tanto garantizar que la dosis de esperma es fértil y adecuada, como que la yegua carece de alteraciones.

La inseminación artificial en yeguas no tiene tanta andadura como en la reproducción de vacas lecheras, y siempre se las compara. Sin embargo, hay que recordar que la fertilidad del esperma criopreservado en la especie bovina es mayor que en la equina, principalmente debido a que los espermatozoides de caballo son más sensibles a dicha congelación.

De igual manera, existen diferencias enormes entre la capacidad del semen de caballo para resistir la congelación, y solo un 30% de los caballos tienen una aceptable capacidad fecundante tras la congelación.

Reproducción de la yegua

Esto, unido a que en yeguas necesitamos dos o tres dosis de semen dependiendo del seguimiento ecográfico, hace que la técnica no sea tan rentable como en vacuno, a pesar de que la inseminación en yeguas es mucho más fiable que la monta natural.

Ventajas de la inseminación artificial en yeguas

A pesar de que la inseminación en ganado vacuno está más avanzada y requiere de menos cuidados, el potencial de la inseminación artificial en yeguas con un cuidado y control adecuados es enorme. Técnicas como la inseminación artificial profunda permiten suplir las deficiencias en fecundidad del semen congelado de equino, y usan dosis menores.

Además de las ventajas obvias de la inseminación artificial, en la especie equina es de interés el control del estrés sexual, que puede ser de poco interés en yeguas primerizas.

Por otro lado, algunas yeguas con grados variados de infertilidad pueden ser fecundadas a través de la inseminación artificial en yeguas. Principalmente,  hablamos de deficiencias uterinas, algunas enfermedades del caballo y animales de edad avanzada.

La inseminación artificial en yeguas, entre otras cosas, reduce la intensidad de la respuesta inflamatoria que provoca el útero tras la cubrición, por lo que las posibilidades de que la yegua se quede gestante aumentan.

Síntomas de enfermedades

Otra de las grandes ventajas es la mejora genética que se puede conseguir, al poder exportar semen de sementales de razas de caballo españolas o incluso extranjeras. Es sencillo recibir una muestra de razas tan selectas como el caballo frisón o caballos árabes.

Cosas a tener en cuenta en la inseminación artificial en yeguas

Aún así, son muchos los que aún optan por la monta natural como método de reproducción en su ganado. La elección de la inseminación artificial en yeguas o su cubrición por monta depende de muchos factores, entre ellos el semen que vayamos a usar, el manejo reproductivo, las instalaciones, el comportamiento de los animales y el personal del que se disponga.

Probablemente, una de las mayores desventajas para el ganadero cara a la inseminación artificial en yeguas es la necesidad de contar con personal cualificado en reproducción equina. Sin embargo, esto aumenta enormemente la seguridad sanitaria y las posibilidades de fecundación.

En el caso de las yeguas que van a ser inseminadas, se hace necesaria la exploración rectal por ecografía para valorar el momento adecuado para la inseminación; hay que observar el aspecto del folículo preovulatorio, su tamaño y forma, y el grosor de las paredes. Esto es especialmente importante cuando usamos semen congelado, e incluso se recomienda que en esos casos se acorten los intervalos entre ecografías a seis horas.