¿Cómo forjar una amistad entre perros y gatos?

Aitana Bellido · 27 noviembre, 2017

Son tan diferentes que muchos ni se plantean que puedan convivir. Los gatos son animales independientes que no buscan la aprobación de su amo; los perros, por el contrario, son más apacibles y viven para complacer. ¿Cómo forjar, pues, una amistad entre dos criaturas tan diferentes?

Una convivencia gradual

Es difícil que perros y gatos se entiendan de buenas a primeras: se comunican de una manera tan diferente que los juegos de uno pueden resultar una amenaza para el otro.

Esto se debe a lo dispares que son sus respectivos instintos: la necesidad natural del perro de correr y perseguir puede asustar al felino. Por su parte, la susceptibilidad de este último puede derivar en comportamientos agresivos fácilmente.

Antes de nada, debemos dejar a un lado la idea de que una raza específica es mejor que otra a la hora de forjar una amistad con otra especie. Un Golden Retriever, en apariencia apacible, puede tener un carácter más agresivo de lo esperado, y lo mismo sucede con los gatos: no todos son tan ariscos como pintan.

Teniendo esto en cuenta, ahora nos toca traer a nuestro gato o perro a casa y presentar al nuevo inquilino. ¿Cómo hacer frente a una situación que puede tener resultados tan variopintos?

Perro y gato durmiendo

  • Ante la duda, lo mejor es mantener a ambos animales en habitaciones separadas, al menos durante los primeros días de convivencia. Esta medida puede ayudar a que ambos se familiaricen con el olor del otro sin propiciar ningún enfrentamiento.
  • Dado que la primera señal de identidad para perros y gatos es el olor, prueba a intercambiar objetos entre ambas habitaciones. Una vez hecho esto durante unos cuantos días, podremos proceder a la presentación.
  • El perro es un animal enérgico que puede perder los nervios ante situaciones nuevas. Para mantenerlo todo lo tranquilo posible, es conveniente que salga con su amo a dar una buena caminata antes de conocer a su nuevo amigo.
  • Permite que el gato esté en un lugar fuera del alcance del perro, pues le permitirás familiarizarse con la situación y tener sensación de control. Como medida preventiva, córtale las uñas. Cualquier movimiento brusco puede desencadenar una reacción inesperada.
  • Ten preparada una correa para tu perro. En el caso de que tire, hazle ver que eso no está bien con un ‘¡NO!’. Tiene que comprender que no apruebas que sea agresivo con el nuevo animal y que no es un enemigo, sino un compañero de juegos. 
Perro y gato tumbados

Una socialización temprana es clave

El entorno en el que se haya criado nuestra mascota va a ser esencial a la hora de presentarle a otros animales y personasEn este sentido, las primeras 12 semanas de vida son muy importantes, ya que los cachorros de perro y de gato suelen llevarse bien desde el principio.

Dada su corta edad, ambos tenderán a pensar en el otro animal como un hermano de camada con el que jugar y curiosear. Y es que tengamos en cuenta que sus diferencias anatómicas y sus diferentes mentalidades pueden ocasionar algún problema. Por ejemplo, un gato pequeño arañará a discreción mientras juega, mientras que un perro tenderá a morder.

Presentaciones entre adultos

El proceso de aprendizaje de un cachorro será mucho más rápido y flexible que el de un adulto. Sin embargo, si decidimos traer a un animal adulto a casa no todo está perdido. ¿Qué otros consejos podrán ayudarnos en esta situación?

Imaginemos que vamos a traer un gato a una casa donde ya vive un perro. Lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos de que el gato tiene un espacio propio y alejado del perro. Si se trata de una habitación pequeña, como un trastero, mejor; les dará más sensación de control y seguridad. Recordemos que esto es esencial para cualquier gato.

Cuando se haya aclimatado a su nuevo entorno, entra con el perro atado con una correa. Cualquier movimiento brusco o inesperado por su parte deberá ser respondido con palabras y acciones firmes, pero no grites en presencia del gato, pues pensará que te diriges a él. Cuando ambos respondan con más naturalidad, deja al gato libre por otros espacios.

Es sólo cuestión de tiempo, y de paciencia, que ambos animales se aclimaten al otro. Los perros y los gatos se guían por relaciones jerárquicas y, al fin y al cabo, el que manda eres tú.