El mito del gato negro

Yamila · 3 julio, 2018
De ser venerados en el Antiguo Egipto, considerados como dioses, a ser quemados en la hoguera por ser relacionados con la brujería

Para algunos es sinónimo de mala suerte; otros consideran completamente lo opuesto. ¿De dónde proviene el mito del gato negro? ¿Siempre ha sido igual? En este artículo te lo contamos.

Gato negro: de venerado a odiado

La relación del hombre con los felinos data de hace mucho tiempo. En el Antiguo Egipto, por ejemplo, los gatos eran considerados enviados de los dioses. Incluso, una de sus principales deidades, Bastet, tenía forma de una gata y representaba al sol.

Los faraones tenían gatos de todos los colores como mascotas y eran enterrados junto a ellos para protegerlos contra las fuerzas del mal en su camino hacia el paraíso.

En la Inglaterra victoriana y en Escocia se decía que si los recién casados se encontraban un gato negro en la entrada de su nueva casa simbolizaba la prosperidad y felicidad en el matrimonio.

Por otra parte, los marineros hacían lo posible por tener un felino doméstico oscuro en los barcos, ya que consideraban que traía buena suerte. Y sus esposas llevaban uno a casa para ‘asegurarse’ de que sus maridos regresarían sanos y salvos de altamar.

Esta idea positiva fue cambiando con el tiempo, precisamente durante la Edad Media en Europa. En ese entonces, los gatos eran asociados con las brujas, debido a sus hábitos nocturnos, sobre todo los de color negro, porque así se vestían las adoradoras de la magia. Incluso, se decía que en realidad ellas se transformaban en estos animales durante la noche para poder cazar y hacer maldades.

Gatos negros

Sin embargo, esta ‘apreciación’ sobre los gatos era un poco más antigua: según las tradiciones hebreas y babilónicas, estos se comparaban a las serpientes y, por lo tanto, al mal. Había, además, una leyenda que se narraba en Gales y Francia, la cual hablaba sobre el ‘chat Palug’, un gato monstruoso que aterrorizaba a todos los habitantes de la isla de Anglesey, hasta que el famoso Rey Arturo lo mató.

El gato negro y la superstición

La mirada penetrante de un gato negro causaba pavor en la sociedad, ya que las personas creían que de esta manera los hechizaba. Si alguien tenía de mascota un animal de estas características era tildado de amante del diablo y realizador de conjuros mágicos. Por lo tanto, el gato y el dueño eran perseguidos y aniquilados (quemados en la hoguera para ser más precisos).

Según una bula del siglo XIII “todas las personas que acojan a un gato negro en su casa, corren el riesgo de ser condenadas a la hoguera por practicar brujería”. La iglesia se sumó a esta persecución y en las noches de San Juan quemaban gatos a la vista de los fieles.

En Estados Unidos, precisamente en la ciudad de Salem, el gato negro era uno de los capturados durante la conocida ‘caza de brujas’, ya que se decía que eran las mujeres convertidas para poder hacer sus fechorías por la noche sin ser reconocidas, al igual que lo que sucedía en Europa.

En el año 1881 en Francia, concretamente en el barrio parisino de Montmartré, se inauguró un cabaret muy conocido y visitado por artistas de la talla de Pablo Picasso. El nombre del establecimiento era nada menos que ‘el gato negro’ –le chat noir en francés– y su cartel de publicidad es uno de los más famosos de todo el mundo.

Gato negro: buena o mala suerte

Las supersticiones siguieron existiendo, ya que se creía que los gatos eran los portadores de ciertas enfermedades. Si uno negro se cruzaba delante de una persona una noche de luna llena quería decir que habría una epidemia. En Italia se afirma que luego de que un felino se acueste en la cama de alguien enfermo, significa que en breve morirá.

Si bien muchas de las ideas en contra de los gatos negros quedaron perdidas en el tiempo, en la cultura popular se sigue teniendo un poco de reticencia a ellos. Por ejemplo, en cuanto a adopciones se trata, son los últimos en ser acogidos de toda la camada. Las personas prefieren un felino blanco, marrón o calicó antes que uno oscuro de ojos verdes o amarillos.

También están aquellos que si por la calle ven un gato negro cruzando la acera, dan tres pasos hacia atrás para evitar la supuesta ‘maldición’.

Todo lo contrario sucede con aquellos que han decidido bautizar de esa manera su negocio. En Buenos Aires, Corfú y Nantes hay cafeterías que llevan por nombre nada menos que ‘El gato negro’ y llevan años abiertos al público. ¡Otro motivo para creer que no existe una maldición con respecto a estos bonitos animales!