El gorila de montaña, un primate único

Eugenio Fernández · 4 abril, 2018
De esta subespecie solo quedan dos poblaciones fuera de la cautividad; el hecho de vivir aislado ha propiciado la endogamia, la cual lleva a que las comunidades se vean seriamente afectadas ante el brote de una enfermedad

Aunque muchas especies de animales merecen atención, existen algunas que poseen una historia natural y relación con el hombre particularmente únicas y que nos llaman poderosamente la atención: el gorila de montaña (Gorilla beringei beringei) es una de ellas.

El gorila de montaña: el origen

Para empezar a acercarnos a lo especial que es este primate debemos comenzar por atender a su taxonomía. El término gorila abarca a dos especies animales: el gorila occidental, que posee la subespecie de las tierras bajas y la subespecie del río Cross, y por otro lado está el gorila oriental, con la subespecie de las tierras bajas y la subespecie del gorila de montaña, que es al que nos referimos en este artículo.

El gorila de montaña se postula así como una subespecie de gorila oriental, de la cual solo quedan dos poblaciones en estado silvestre: una de ellas se encuentra en las míticas montañas de Virunga que protagonizaron un documental hace poco; la otra se encuentra en la selva de Bwindi, en Uganda.

Tras llegar varios cráneos a Europa que permitieron por desgracia su clasificación, el naturalista Carl Akeley convenció a Alberto de Bélgica de montar un campamento en las Montañas de Virunga. Sería George Schaller quien iniciaría los estudios de esta especie, para luego pasar el testigo a Dian Fossey, que haría famosa a la especie y la salvaría de la extinción, para lo que entregaría su vida de forma trágica.

¿Por qué el gorila de montaña es único?

Ataviado con largos mechones negros de mayor densidad que otros gorilas, este primate, como bien narraba Fossey en sus diarios, vive en impenetrables selvas rodeados de una espesa niebla, por lo que durante milenios ha permanecido desconocido para las poblaciones occidentales.

Esta especie, totalmente aislada, ha sufrido la endogamia durante miles de generaciones, algo que es perjudicial para las poblaciones de animales salvajes. La endogamia conduce a genes similares, que hacen que frente a cambios ambientales o enfermedades toda la población se vea amenazada.

Gorila de montaña: hábitat

Además, la endogamia produce la aparición de enfermedades genéticas e incluso malformaciones. La propia Dian Fossey registro en sus cuadernos que distinguía a linajes de gorilas por deformaciones como la presencia de seis dedos en las manos, un signo claro del coste genético de vivir aislados.

El precio de la fama del gorila de montaña

Esta especie estuvo al borde de la extinción, pero los esfuerzos conservacionistas de Dian y otros científicos han conseguido que a día de hoy las poblaciones se doblasen. Aún así, el coste es alto, y un equipo veterinario conocido como los doctores de gorilas cuida de los animales de forma constante.

La fama que trajo la vida de Fossey se trasladó también al turismo, que hace que los gorilas no solo tengan cuidados veterinarios, sino también muchas cámaras apuntándoles. Algo que trae dinero para su protección, pero también enfermedades humanas a las que los gorilas son sensibles y que aumentan por la afición de observar fauna salvaje.

Y es que algunos virus y enfermedades respiratorias han acabado con la vida de muchos de estos gorilas, que además están cada vez más rodeados de zonas de cultivo. Por ello, los turistas son obligados en muchas ocasiones a llevar mascarilla y a mantener las distancias con estos animales.

Gorila de montaña: cuántos quedan

Esta peculiar forma de conservar la naturaleza ha hecho que se produzcan de vez en cuando incidentes con turistas, pero lo cierto es que el pacífico gorila en pocas ocasiones se siente amenazado por las decenas de ojos curiosos que son acompañados por los guardas hasta la profundidad del bosque.

El legado de Dian Fossey

Cuando Dian comenzó a estudiar a estos animales, se dió cuenta que estaban cerca de la desaparición: la caza de animales para exhibirlos en América y Europa, el conflicto con el hombre, la caza furtiva y la pérdida de hábitat había menguado cada vez más la salud del gorila de montaña.

Es por ello que no se limitó simplemente a estudiar a la especie: también creó patrullas de guardas y perros contra los furtivos que se dedican a retirar trampas, consiguió que se protegiera una mayor porción de hábitat y enseñó al mundo la importancia de salvar a estos animales.

Muchos aseguran que sin el incansable trabajo de Dian Fossey esta especie estaría extinta. Hoy sobreviven más de 800 ejemplares en las impenetrables selvas de África, y ojalá cada vez sus reinos se extiendan más.