¿Cómo es la oruga procesionaria?

Francisco María García · 3 febrero, 2019
La oruga procesionaria puede provocar serios problemas a los perros con que estos solamente se acerquen para olfatearla

Cuando llega la primavera y aumentan las temperaturas, empiezan a aparecer todo tipo de gusanos e insectos, entre ellos la clásica oruga procesionaria del pino. Este extraño animal empieza a verse en el campo, pero también en parques y jardines de las zonas urbanas.

Conoceremos a esta especie de gusano porque forma extrañas hileras que pueden resultar muy curiosas. Sin embargo, la oruga procesionaria, además de generar un gran impacto ambiental, entraña un serio peligro para las mascotas.

A continuación, veremos algunos elementos para conocer mejor a este singular animal y los peligros que conlleva.

Algunos datos sobre la oruga procesionaria

La procesionaria del pino (Taumetopoea pitycampa) es una especie de lepidóptero que invade cada año algunas zonas de la península ibérica. Se encuentra en los bosques de Europa central y del Sur, y es considerada una plaga.

Las orugas de este animal tienen la cabeza y la piel negras, y un tono gris en los lados. Están cubiertas de pelos rojizos llamados tricomas, que son muy irritantes. Es por eso que son peligrosas para los humanos, pero sobre todo para las mascotas, especialmente los perros.

La oruga procesionaria tiene un comportamiento social que la lleva a enfilarse una tras otra. Bajan al suelo en fila india desde el nido que construyen en los árboles, como si fuera una procesión. De ahí su nombre.

Thaumetopoea pityocampa

Estas orugas se mueven siempre juntas, mientras forman hileras; una vez que llega el momento, se entierran en el suelo para terminar allí su desarrollo. Después, unos meses más tarde se convierten en mariposas. Se encuentran principalmente en los pinos mediterráneos, pero también están presentes en abetos y cedros.

¿Por qué es peligrosa la oruga procesionaria?

Las orugas procesionarias son peligrosas principalmente para las mascotas, ya que pueden producir alergias y urticaria. Cuando se sienten amenazadas, sueltan sus pelos urticantes y envenenados; los perros son las principales víctimas.

Cada oruga tiene alrededor de 500 000 pelos llenos de una toxina llamada thaumatopina. Estos pelos actúan como verdaderas agujas capaces de inyectar esta toxina en la piel o en la mucosa de nuestros amigos.

Basta con tocarlas, o acercarse a estas orugas y olfatearlas, para resultar afectado. Puede producir irritación en los ojos, nariz, garganta, o una reacción alérgica severa que puede llegar a ser grave.

Para controlar a esta plaga se aplican métodos físicos, químicos y biológicos. Uno de los más habituales es la quema de los nidos durante los meses de septiembre a noviembre. Sin embargo, actualmente se utilizan mucho las trampas de feromonas para los machos. Esto evita la reproducción y resulta ser un método muy eficaz.

Oruga procesionaria: perros

Cómo saber si un perro ha sido intoxicado

Es muy fácil que un perro se encuentre con una de estas orugas durante sus paseos. Y lo más probable es que se acerque a ellas, sobre todo si se trata de un perro joven, más inquieto y curioso. Las puede olfatear o lamer, comérselas o simplemente tocarlas con el hocico. Eso bastará para provocarle una reacción.

Los signos de que un perro ha estado en contacto con una oruga procesionaria y ha sido intoxicado son variados. Los más comunes son prurito intenso o urticaria, hinchazón de los labios, hinchazón de la lengua y exceso de salivación. El perro también suele estar nervioso y agitado, y tratará de rascarse la boca con sus patas delanteras.

Es posible que la mascota también tenga fiebre, vómitos o diarrea, en caso de que se haya tragado a la oruga. Lo más importante es estar atentos al estado de la lengua. Esta se suele inflamar y ponerse morada. Si no se pone un tratamiento de forma inmediata, se pueden generar zonas con necrosis y pérdida de tejido.

El daño en la lengua se puede traducir en que el perro deje de comer, con todos los problemas que esto traerá. En casos más graves puede darse un edema facial o faríngeo que provoque dificultad para respirar. También puede aparecer una reacción anafiláctica que puede tener un desenlace fatal.

En caso de sospechar que un perro ha sido intoxicado por una oruga procesionaria, es urgente consultar con un especialista. Y, como siempre, la mejor actitud es prevenir. Es preferible evitar pasear con los perros por zonas donde hay pinos durante los meses de febrero, marzo y abril para minimizar el riesgo de exposición.