Cómo es el adiestramiento de los delfines

Estos cetáceos participan en espectáculos en contra de su voluntad, pues solo a cambio de trucos recibirán comida o serán castigados sin ella; en cautiverio solo sobreviven unos 6 años, mientras que en libertad pueden llegar a la edad de 40

En los parques marinos de todo el mundo, los espectáculos con animales son la principal atracción. ¿Qué se esconde detrás de estos shows? ¿Cómo es el adiestramiento de los delfines? ¿Sufren o tienen una vida tranquila? En este artículo trataremos de responder a estas preguntas.

Adiestramiento de delfines: palabras a favor

Los cetáceos son animales muy inteligentes, incluso el delfín está considerado como uno de los seres con mayor capacidad cerebral del mundo. Cuando están en libertad, aprenden de sus madres cómo comunicarse con los demás a través de sonidos, movimientos, saltos y piruetas.

En cautiverio –por ejemplo en un delfinario o zoológico marino– el objetivo es sacar a relucir esas ‘habilidades’ para mostrárselas a los espectadores. Según las palabras de algunos entrenadores de delfines, al tratarse de animales sociales, activos e inteligentes, es más sencillo que realicen ciertos ejercicios. Esto quiere decir que para los animales saltar fuera del agua o vocalizar es algo que les sale ‘natural’.

El momento ideal para comenzar con el entrenamiento es cuando dejan de alimentarse de leche materna y pueden ingerir alimento sólido (pescado). En esta etapa, además, es cuando se fortalece el vínculo con el cuidador o entrenador.

Entrenador de delfines

Algunos ejercicios se enseñan en un par de días y otros requieren más tiempo, como es el caso de los saltos dentro de los aros o jugar con pelotas: estos no son comunes en la vida silvestre y, por lo tanto, deben ser explicados desde cero.

Adiestramiento de delfines: palabras en contra

Si nos basamos en las afirmaciones de aquellos que trabajan en los oceanarios, por supuesto podemos pensar que la vida de los delfines allí es perfecta. Solo tienen que jugar un rato, hacer ejercicio y comer cuando hacen una prueba ante el público.

Sin embargo, no todo es tan idílico. Para empezar, los delfines en cautiverio viven unos seis años, cuando en su hábitat natural –si sortea los peligros actuales que incluyen la caza y la pesca por parte del hombre– pueden alcanzar los 40 años.

A diferencia de lo que sucede en los océanos donde habita, cuando es capturado para un delfinario o nace en cautiverio, se mueve en un espacio muy reducido: unas piscinas sin olas, sin peces que capturar, sin vegetación…

Cuando vemos un espectáculo creemos que el adiestramiento de delfines es pura felicidad. Qué mejor que verlo saltando y jugando. La realidad es que para que aprendan las ‘piruetas’ los entrenadores pueden ser crueles con ellos y castigarles si no hacen lo que se les ordena. No se trata de un castigo físico, sino alimenticio: solo reciben comida cuando aprenden.

Quizás te habrás dado cuenta de que al terminar una prueba, el adiestrador saca un pescado de su bolsa y se lo entrega al delfín. No es un premio, sino su ración de alimento. Básicamente el animal hace sus juegos y trucos porque tiene hambre, y sabe que solo si lo hace bien será alimentado.

Animales con más inteligencia emocional: delfín

Para estos mamíferos marinos, los espectáculos no son divertidos ni lo están pasando de maravilla: solo es la manera que tienen para conseguir comida. Los entrenadores tienen el cubo de alimento, por ende, el poder.

Si los cetáceos están bien alimentados, no saltarán, no jugarán y no arrojarán el balón… Tampoco mojarán al público, nadarán sobre sus colas ni harán nada que les sea ordenado.

Los delfines que viven en cautiverio suelen ser agresivos con las personas –incluido su entrenador– y con otros de su especie, e incluso hay casos de algunos que se han provocado su propia muerte debido a la depresión que padecían.

Más allá de cómo sea el adiestramiento de delfines, debemos tener en cuenta que los animales no han nacido para estar encerrados y ser el entretenimiento de las personas. Pensar que los cetáceos,  entre otros, son felices por estar en un recinto donde se los alimenta y cuida a diario es quizás una manera de no pensar en las verdaderas implicaciones de su cautiverio.

Así como sucede con los zoológicos en general, por más de que los animales tengan todas las comodidades y se recree lo mejor posible su hábitat natural, nunca estarán mejor que en un entorno salvaje.

La única excepción son las reservas o los refugios que reciben a ejemplares lastimados, enfermos o huérfanos y, que pasado un tiempo ,los devuelven a su lugar de origen.

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