Pautas para una convivencia exitosa entre perros y gatos

25 Marzo, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bióloga Ana Díaz Maqueda
Una convivencia feliz entre perros y gatos es posible e incluso aconsejable en ciertos casos. A veces, estas especies tienen que convivir juntas.

Cualquiera ha escuchado alguna vez en su vida la expresión «llevarse como el perro y el gato». Seguramente, la primera persona que la dijo poco había compartido con estas mascotas. La convivencia exitosa entre perros y gatos no es una situación idealizada, de hecho, son la mejor combinación de animales domésticos —según muchos tutores—.

¿Quieres saber cómo conseguir que ambas especies convivan sin problemas dentro del mismo hogar? En las siguientes líneas, te ofrecemos una serie de consejos para conseguir una convivencia armoniosa entre las mascotas.

1. Todo comienza con una correcta presentación

La gran mayoría de gatos no tendrán problemas en convivir con un perro, siempre y cuando se les de el tiempo suficiente para acostumbrase al nuevo miembro de la familia. Además, es muy importante que el perro acepte gatos en su entorno y no los vea como una presa.

En las protectoras de animales, los perros en adopción son sometidos a pruebas con gatos en donde son acercados a los recintos donde viven los felinos, para observar su reacción. Esta prueba se considera superada si el can ignora por completo a los animales y está más atento a otros estímulos o a su cuidador.

Los perros con problemas de agresividad o un instinto cazador muy arraigado no son aptos para convivir con gatos o con otras mascotas, incluso canes de un tamaño inferior. Aunque con mucho tiempo y entrenamiento un perro de esta índole puede llegar a aceptar a un gato, nunca será seguro dejarlos a solas.

Cuando se tienen gatos como mascota y se decide adoptar a un perro, siempre se debe saber de antemano si este acepta a los gatos. Si es así, la presentación será muy fácil y rápida. 

Ejemplo de convivencia entre perros y gatos.

Un perro que ignora a los gatos cuando se tiene que enfrentar a ellos presentará conductas asociadas al miedo, como no dirigir la mirada al felino o mirarlo de reojo. Esto es algo que los gatos adoran, ya que una mirada fija no es una buena señal para ellos.

Al comienzo de una presentación, lo mejor es mantener a los animales entretenidos con premios y chuches para que no se centren el uno en el otro. Durante estos primeros acercamientos, es normal que el gato bufe si el perro se mueve —o que el can ladre—. 

La presentación de estas especies no debe durar más que un par de días. Por el contrario, cuando se presentan a 2 gatos, este tiempo puede elevarse a un mes. Como anotación final, nunca se deben dejar a los animales solos, al menos hasta que no se esté seguro de que se sienten cómodos con la nueva compañía.

2. Atención a las señales de advertencia

Por desgracia, muchas veces esta convivencia entre perros y gatos no es posible. Para saber si podrán llevarse bien en el futuro, hay que estar atento a todas las señales de amenaza y otras conductas de los animales.

Si de primeras el perro permanece totalmente concentrado en el gato, no le quita los ojos de encima y además ignora por completo al tutor, puede que algo no vaya bien. Del mismo modo, si trata de lanzarse contra el gato, pocas probabilidades existen de que esta convivencia vaya a ser fructífera.

Cuando es el gato el que ataca al perro, hay que estudiar si lo hace como parte de un juego o con agresividad. En general, los felinos juegan de una forma poco amistosa, ya que pueden morder, arañar y hacer ruidos de amenaza aunque estén jugando. Si estos ataques o juegos ocurren de forma infrecuente y el perro las ignora o responde con juego, no es ningún problema.

Por el contrario, si el can tiene miedo o responde con agresividad, puede que esta pareja de individuos no sea la más apta para convivir. Lo más habitual es que ambas especies se respeten, aunque con cierto temor, desde el comienzo de su relación. Cualquier actitud distinta puede indicar que es hora de replantearse la convivencia.

3. Para una buena convivencia entre perros y gatos hay que delimitar territorios

Aunque esta regla se establezca de forma general, cuando más importancia tiene es al principio de la relación. Los gatos suelen ser muy celosos de sus posesiones y recursos, como el agua y la comida.

Si es el perro el que llega de nuevas al hogar, antes habrá que habituar al gato a tener la comida y el agua en altura, en un lugar donde el perro no alcance. Asimismo, esta posición le dará al felino confianza y seguridad, porque sabe que puede alejarse de la nueva mascota si así lo desea.

Si ocurre el caso contrario —el gato es la nueva mascota—, hay que preparar una habitación para él. Los felinos necesitan mucho tiempo para adaptarse a las nuevas situaciones y, por ello, tener que enfrentarse a un perro puede ser traumático.

Por esta razón, es mejor acondicionar una habitación de la casa para el gato, donde tenga todo lo que necesite. Con el paso de los días y según su actitud, se le permitirá salir y olisquear su nuevo ambiente sin que el perro esté en el domicilio. De este modo, se acostumbrará al olor del can sin tener que enfrentarse a él.

4. La convivencia entre perros y gatos desde cachorros

Gracias a su resiliencia, los animales jóvenes se acostumbran mucho mejor a las circunstancias que les ha tocado vivir. Gatos y perros que llevan desde pequeños conviviendo con los de otra especie no tendrán problema para comunicarse con individuos que no sean de su mismo tipo.

Así, un gato correctamente socializado aceptará a cualquier perro que entre en casa, siempre y cuando no tenga una actitud amenazante. Sin embargo, los perros acostumbrados a vivir con gatos sí pueden tener cierto temor a los felinos que no conocen, o incluso perseguirlos cuando los ven por la calle.

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Una convivencia feliz entre perros y gatos es posible y, muchas veces, aconsejable. Algunos gatos nunca se llevarán bien con los de su especie, pero sí lo harán con los perros u otros animales. Si la relación entre 2 mascota no va bien o alguno de los integrantes muestra signo de tristeza o depresión, es mejor acudir a un profesional que pueda guiar la relación.

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