Este hombre prueba en sí mismo un collar eléctrico de adiestramiento

Laura Huelin · 12 noviembre, 2018
Muchas veces se castiga a los perros que ladran con un collar eléctrico de adiestramiento. Hay un hombre que lo quiso probar para ver qué se sentía, ¿quieres saber su opinión?

Los collares eléctricos de adiestramiento o collares antiladridos son un remedio que se suele recomendar para los momentos en los que nuestro perro ladra demasiado. Antes de ponérselo a su perro, un hombre decidió probarlo en sí mismo para saber qué se sentía.

El hombre que probó en sí mismo un collar eléctrico de adiestramiento

WoodysGamertag es el canal de Youtube de Woody, un hombre que empezó grabándose mientras jugaba a videojuegos, pero cuyo canal se fue diversificando. Actualmente la mayor parte de su contenido se basa en videoblogs de su vida diaria, su mujer y su casa.

“Tengo un cachorro de Gran Danés“, dice para introducir el vídeo. “Tiene 9 o 10 meses de edad, pero no sabéis todo lo ruidoso que es. Ladra muchísimo”. Para solucionar este problema de comportamiento, compró un collar eléctrico de adiestramiento. Es decir, un collar eléctrico que se activa no con un mando como los habituales, sino con las vibraciones de la garganta del perro.

Woody, antes de ponerle el collar a su perro, decidió probarlo en sí mismo, para saber de primera mano qué ocurría. Así que se sienta en una silla con el collar puesto e intenta imitar los ladridos del perro. No tardamos en ver cómo se activa el collar, que empieza a darle descargas eléctricas.

Con cada ladrido, se puede ver cómo las descargas le afectan a todo el cuerpo. Los brazos se le contraen, los pies golpean en el suelo y hace muecas involuntarias con la cara. Woody soporta apenas un minuto con el collar puesto antes de quitárselo y decidir que “ya no ladraré más”.

Collares de adiestramiento para perros.

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Woody decide quitarse el collar cuando apenas ha pasado un minuto desde que se lo puso y ha recibido cuatro o cinco descargas. Su perro, en caso de llevarlo puesto, no podría tomar esta decisión. Antes, tendría que relacionar sus propios ladridos con el dolor que siente en todo el cuerpo, cosa que no todos los perros hacen.

Las consecuencias de llevar este collar eléctrico de adiestramiento serían más graves que las que sufre su dueño. Por una parte, porque lo llevaría puesto más tiempo, por lo que soportaría muchas más descargas. Por otra parte, porque el daño causado por la electricidad depende de la masa que absorbe esa electricidad: cuánto más pequeño el cuerpo, más daño causa.

Es decir, Woody es un hombre adulto cuya masa corporal puede situarse entre los 80 y 90 kilogramos. Su cachorro de Gran Danés, a pesar de ser un perro grande, todavía no alcanza los 40 kilogramos: su propietario siente la mitad de la descarga que sentirá el perro cuando lleve el collar puesto.

Se ha probado en diferentes estudios que los efectos de los collares eléctricos, tanto si se activan con mando como automáticamente, son numerosos. Las descargas eléctricas no solamente provocan espasmos en los músculos de todo el cuerpo: también afectan a las glándulas secretoras de hormonas -como la tiroides- que se ubican en el cuello.

También pueden afectar al sistema inmunitario, activan innecesariamente y repetidas veces el mecanismo del estrés, dificultan la segregación de serotonina, la hormona que da sensación de bienestar y tranquilidad; aumentan la presión ocular y pueden provocar problemas irreversibles en los ojos.

Eso a nivel físico. Las consecuencias psicológicas son igual de numerosas: aumenta el estrés, la confusión y disminuye la confianza del perro en sí mismo, en su familia y en la casa en la que vive. Se desarrollan nuevos miedos y temores. Este estado de nerviosismo provoca, paradójicamente, que los perros ladren más, en vez de menos.

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“La gente me está preguntando si funcionó el collar antiladridos. No funcionó”, añade Woody en la descripción del vídeo. “No hubo cambios en su comportamiento”.

Sin embargo, explica que sí encontraron una solución a su problema, y no pasaba por un collar eléctrico de adiestramiento: “Contratamos a un educador canino y descubrimos que necesitaba socializar más. Lo llevamos a una guardería de perros una vez a la semana. También empezamos a sacarlo más a pasear”.

Woody cierra el tema con la siguiente sentencia: “Estas decisiones fueron muchísimo más efectivas que el collar”. El hombre da en la clave de su problema: los problemas de comportamiento de los perros no se pueden solucionar castigando los síntomas, en este caso, el ladrido.

Cuando un perro muestra problemas de comportamiento, ya sean ladridos o conductas destructivas, incluso agresividad, es porque hay otro problema latente. El comportamiento que no nos gusta es solamente un síntoma. Para poder solucionarlo, hay que llegar hasta el fondo de su malestar, ya que atacando los síntomas no se consigue ninguna mejoría.

El vídeo de WoodysGamertag se puede ver en la plataforma YouTube, en inglés, junto al resto de sus vídeos. El collar eléctrico de adiestramiento no ayudó en el problema que tenía su cachorro: un educador que entendió las necesidades de su perro sí.