Diarreas neonatales en pequeños rumiantes

23 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González
Las enfermedades que provocan diarreas constantes en los animales recién nacidos son bastante peligrosas. Primero, por su fácil difusión. Segundo, por su elevada mortalidad.

Las diarreas neonatales constituyen uno de los síndromes más frecuentes en las primeras semanas de vida de corderos y cabritos, por no hablar de las graves pérdidas derivadas de las altas tasas de mortalidad y del retraso del crecimiento que causan. Entre los numerosos agentes que pueden causar esta sintomatología, cabe destacar al parásito Cryptosporidium parvum.

La criptosporidiosis es una enfermedad cosmopolita que afecta a la mayoría de animales vertebrados —y al ser humano—. De hecho, varios estudios demuestran que su importancia es creciente y constante.

La criptosporidiosis como causa principal de diarreas neonatales en pequeños rumiantes

A continuación, procederemos a describir las particularidades más relevantes de esta patología y cómo afecta al ganado ovino y caprino.

Cabritos en una granja.

Cryptosporidium parvum y su epidemiología

Nos encontramos ante un protozoo, es decir, un parásito microscópico que invade la mucosa intestinal provocando una gastroenteritis aguda. Los recién nacidos, que permanecen con sus madres —y otros neonatos en el mismo redil hasta que llega el momento del destete—, lo ingieren sin querer.

De esta manera, en cuanto hay un individuo parasitado, la transmisión al resto de miembros del redil está casi asegurada. Existen diverso factores que se deben tener en cuenta debido a que favorecen la aparición de la infección. Entre ellos, encontramos los siguientes:

  • El criptosporidio genera un número muy elevado de ooquistes que los animales excretan con las heces.
  • La dosis infectante —es decir, el número de parásitos que hay que ingerir para sufrir la enfermedad— es baja.
  • Los ooquistes pueden mantenerse infectantes durante varios meses en el suelo de las explotaciones ganaderas.
  • El elevado número de corderos/cabritos que hay en las granjas de producción intensiva favorece la transmisión.
  • El hacinamiento y la falta de higiene de los animales es muy perjudicial. Cuando las condiciones higiénico sanitarias de la granja son deficientes es cuando aparecen los brotes diarreicos con elevada mortalidad.
  • La presencia de animales adultos parasitados pero sin sufrir síntomas es un peligro. Estos actúan como portadores inaparentes imposibles de detectar.

Síntomas de las diarreas neonatales provocadas por C. parvum

Corderos y cabritos se infectan durante los primeros días de vida y son especialmente receptivos entre la primera y tercera semana tras nacer. El estado inmunológico parece ser un factor determinante de la gravedad y duración de la diarrea.

Esto es así debido a que el sistema inmune de estos animales aún no está desarrollado y no ha asimilado las defensas que proporciona el calostro materno. Lo que detecta el ganadero en estos animales infectados es lo siguiente:

  • Una repentina eliminación de heces pastosas amarillentas, acompañada de dolor abdominal.
  • Apatía.
  • Deshidratación.
  • Anorexia, responsable del retraso del crecimiento y la pérdida de peso de los animales infectados.

Estos síntomas suelen remitir a los 3-5 días. Aun así, en los casos más graves, este cuadro clínico puede prolongarse por hasta 2 semanas, hecho que disminuye mucho el interés ganadero y bienestar del animal.

Diagnóstico y tratamiento

Una diarrea en terneros recién nacidos puede ser producto de múltiples agentes infecciosos. Por ello, será necesario hacer un diagnóstico diferencial, por ejemplo con Escherichia coli o Salmonella.

En diagnóstico in vivo se realiza mediante la detección de los ooquistes en las heces con un análisis coprológico. Lo cierto es que las características de los ooquistes exigen el empleo de técnicas más sofisticadas que un análisis rutinario. Por su parte, las pruebas serológicas han demostrado no ser útiles para controlar la diseminación de la enfermedad.

En lo referente al tratamiento, se han evaluado numerosos fármacos frente a esta enfermedad. La mayoría de ellos solo tienen una eficacia parcial, pues reducen el número de parásitos en heces o la duración del cuadro diarreico.

Estos fármacos se suelen acompañar con aquellos que traten los síntomas para recuperar a los animales de la deshidratación y la pérdida de peso.

Control y prevención de las diarreas neonatales causadas por C. parvum

Ante la ausencia de fármacos específicos contra el criptosporidio, lo mejor es recurrir a las técnicas de control y prevención. La primera de ellas es la vacunación, pero lo cierto es que aún no se han logrado demasiados avances en pequeños rumiantes. Por ello, se apela a las medidas profilácticas relacionadas con la higiene y la bioseguridad:

  • Es recomendable separar a los animales infectados de los sanos, proporcionándoles alojamientos limpios y renovando la paja para evitar la acumulación de las heces.
  • Se debe evitar el hacinamiento mediante la reducción de la densidad de animales recién nacidos en las zonas de partos y separando los animales por lotes.
  • También se recomienda limpiar y desinfectar las parideras y los rediles utilizando desinfectantes. Las hembras que van a parir deben hacerlo en áreas que no hayan estado ocupadas por neonatos infectados.
  • Se debe proporcionar calostro en cantidad y calidad suficiente a los corderos/cabritos durante las primeras 6 horas de vida.
Una cabra siendo vacunada.

La importancia de las diarreas neonatales en pequeños rumiantes

Cryptosporidium parvum se postula como el principal agente causal del síndrome de diarrea neonatal en ganado ovino y caprino. Pese a su elevada incidencia, aún no existe ni tratamiento específico ni una vacuna eficaz al alcance de todos los ganaderos.

Por eso, se recurre a la instauración de medidas de higiene y bioseguridad en la explotación ganadera. Por último, hay que tener en cuenta el carácter zoonótico de esta enfermedad y la posible transmisión a las personas en contacto con los animales infectados.