Caballo belga de tiro

Francisco María García 6 noviembre, 2017

El caballo belga de tiro es una raza antigua originaria de Bélgica. Allí son criados siguiendo estrictas técnicas de la antigüedad.

A través del método de crianza de este caballo, Bélgica se ha ganado el reconocimiento del mundo.

Los caballos de tiro eran comúnmente utilizados como motores de medio de transporte. También se empleaban en la faena de campo para arar la tierra.

Su cuidado debe ser minucioso, sobre todo, en la alimentación. Ya que consumen grandes cantidades de calorías durante el trabajo. Así mismo, se deben proteger sus cañas para evitar accidentes.

Origen del caballo belga de tiro

El caballo belga de tiro data del siglo XVII. Esta especie también recibe el nombre de Brabante. En la antigüedad, se considera que pudieron existir 3 tipos de especies de esta raza.

El origen de este caballo belga se asocia a la descendencia de la raza Ardenés, por su semejanza. Además, en la época del Imperio Romano, este ejemplar ya era conocido.

 Al igual que el Brabante, el Ardenés es considerado un caballo fuerte.

En la Edad Media se conoció como Caballo de Flandes. Fue antecesor del caballo negro de guerra inglés. De estos ejemplares también descendieron otras razas británicas fuertes y pesadas.

En 1886 inició el registro oficial de este caballo de tiro. A partir de ese año, mejoró notablemente la calidad del animal. Su prestigio llevó a la exportación de esta raza por todo el mundo.

En la actualidad, su crianza responde al interés de ciertos criadores por conservar esta raza. Ellos hacen un gran esfuerzo por mantener el nacimiento de potrillos y evitar la extensión del animal.

Adicionalmente, el caballo belga de tiro tiene un importante rol en la mejora de otras razas.

 Características 

  • El Brabante puede medir entre 1.65 m y 1.70 m. Posee una quijada cuadrada y grande. Su perfil es recto. Es de cabeza pequeña, cuello corto y arqueado.
  • Sus ojos y orejas son también pequeños. En algunas ocasiones puede dar la impresión de que no están proporcionados con su tamaño.
  • Es en general un animal musculoso. Esta condición se visualiza en sus extremidades y en el cuello. Sus patas están bien definidas y proporcionadas.
  • El caballo belga de tiro posee una espalda ancha y corta. Sus hombros son un poco inclinados, unos 45 grados de forma horizontal.
  • Los cuartos traseros o nalgas son poderosos. Gracias a ello, tiene un paso firme, regular y enérgico. Esto le da una actitud altiva, de orgullo.
  • Sus cañas, que son los huesos largos antes del menudillo, en su lugar son cortas, pero fuertes.
  • El pelaje o cerneja es espeso y largo, característico de los caballos de clima frío y húmedo. Esta condición le permite mantenerse seco todo el tiempo. Hay que tener en cuenta que solo su capa superficial se moja, mientras el interior se encuentra seco.
  • El Brabante puede soportar altas temperaturas bajo cero. Durante el invierno, su piel se engrosa.
  • Su forma más común es la de color café. Sin embargo, su tonalidad va desde el café, zaíno, ruano azul, alazán y ruano alazán al gris.
  • A pesar de que se considera un caballo robusto, su temperamento es amable. Se reconocen como gentiles y sensibles.
  • En lo psicológico, este caballo de tiro es inteligente y siempre se mantiene alerta. También resalta por su coraje.

 Cuidados

Además de los cuidados físicos, el caballo belga es una raza equina que requiere de atención y dedicación. Debido a su personalidad sensible, demandan una actitud cariñosa. En agradecimiento, estos animales ofrecerán su complicidad.

Respecto a su alimentación, el Brabante es conocido por su gran apetito. Si se trata de un caballo que no trabaja, con la paja o pasto tendrá una buena alimentación.

Si por el contrario se utiliza en faena, requiere de una ración diaria adicional de alimento de dos kilos aproximadamente. De ser necesario, se puede complementar su dieta con vitaminas y minerales.

En estos caballos de tiro las heridas superficiales son muy comunes. Si no se tratan a tiempo o de forma correcta, pueden causar daños severos.

Ante heridas de este tipo, el tratamiento debe ser mediante el uso de fórmulas cicatrizantes y antisépticas. Estos tratamientos deben ser capaces de mantenerse adheridos a la piel, pese a la intemperie o el trabajo del caballo.

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