5 especies monógamas que desafían nuestra concepción de las relaciones de pareja

Estos animales tratan de estar y procrear con un solo ejemplar de por vida; es algo bastante excepcional, pero responde a motivos de supervivencia

En nuestra sociedad, la monogamia cuenta con defensores y detractores. Para algunos, no cabe cuestionársela; para otros, las relaciones abiertas suponen la única forma de vivir en pareja.

En el mundo animal, sin embargo, la monogamia se da en contadas especies que demuestran un compromiso fuera de lo común, al menos para los humanos. Estas son 5 especies monógamas que te harán plantearte la salud de tu relación.

Los gibones, los primates más abnegados

Con una esperanza de vida de entre 35 y 40 años, los gibones –imagen que encabeza este artículo– forman un estrecho vínculo con su pareja que durará mientras vivan. Una vez alcanzan la madurez sexual a los 5 años (que, por cierto, es bastante tardía), centrarán toda su atención en un solo ejemplar.

Estas especies son especialmente comprometidas, y cuidan y protegen ferozmente a su pareja. Es fácil encontrarlos sentados acicalándose el uno al otro en una rama o vocalizando lo que sienten con total libertad. A pesar de ello, la fidelidad no siempre es perfecta y algunas parejas acaban desapareciendo para dar paso a otras.

El lado más tierno del lobo gris

Este depredador vive asentado en una manada compuesta por un macho y una hembra, que vivirán juntos de por vida (o hasta que uno fallezca por una u otra causa), y sus crías, que irán aprendiendo a cazar para poder aportar comida a su familia.

Lobo gris

Esta pareja de lobos alfa puede seguir reproduciéndose sin pausa hasta que mueran, ya que su ciclo reproductivo no llega a detenerse. La época de celo tradicional del lobo gris suele darse entre enero y febrero.

La monogamia utilitarista del castor

Numerosos estudios han demostrado que algunas de las especies monógamas más queridas y admiradas en realidad están buscando ahorrar el tiempo y la energía que requiere tener que buscar una nueva pareja cada cierto tiempo.

Castor: trabajo

Este es el caso de nuestro querido castor. Una de las actividades más importantes en la vida de un castor, aparte de procrear, es la construcción de los diques y las madrigueras donde pasará la mayor parte de su tiempo.

Mientras cuidan de sus crías, los castores tienen que trabajar de sol a sol para que la corriente no se lleve el fruto de su esfuerzo marital. En el caso de esta especie, la monogamia y el trabajo en equipo se funden y dan un enfoque más utilitario a la vida en pareja.

La belleza de los cisnes enamorados

Aunque hay muchas especies de aves que prefieren la monogamia a otras formas de vida, el compromiso de los cisnes macho destaca sobre el del resto de parejas masculinas del  mundo animal.

Cisnes enamorados

El cisne macho no solo ayuda en la construcción del nido a la hembra, sino que incuba los huevos por turnos con su pareja, a diferencia de otros muchos machos que solo ayudan a la hembra para cosas puntuales sin cambiar realmente los roles de género.

El parásito intestinal Schistosoma mansoni también quiere comprometerse

Aunque este parásito, que causa la esquistosomiasis en humanos, tiene poco o nada de romántico, esta es una de las pocas especies de gusanos que se empareja de por vida. Aunque sea en el interior de nuestros cuerpos.

Schistosoma mansoni: parásito

Este tipo de parásito intestinal penetra nuestra epidermis a través de los folículos de nuestro vello corporal y deposita sus larvas en nuestro torrente sanguíneo para que se alimenten de nuestra sangre pulmonar o del sistema linfático. Esta pareja de enamorados puede llegar a producir 300 huevos al día.

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