¿Ser vegetariano es amar a los animales?

Este tipo de alimentación no solo supone evitar muertes de ejemplares de todo el mundo, sino que por lo visto, de manera indirecta, es menos contaminante y ofrece una mayor sostenibilidad para el medio ambiente; también, si es ejecutada correctamente, esta dieta puede ser saludable para el cuerpo humano

Uno de los motivos por los cuales una persona deja de comer carne es por amor o respeto a otras especies. Ser vegetariano es amar a los animales porque no se utiliza otra vida para nutrirse uno mismo ni se aprovecha la debilidad ajena para beneficio propio. Por supuesto que eso no les convierte en mejores individuos, aunque podría decirse que sí en menos egoístas.

Ser vegetariano: ¿es una decisión?

Tenemos la posibilidad de elegir qué sí comer y qué no, si tenemos en cuenta nuestras convicciones y gustos. El vegetarianismo es un estilo de vida, no una dieta ni una moda… No se trata de querer ser mejor que los demás por el hecho de no comer carne, sino de demostrar que con este tipo de alimentación se puede estar sano, no matar a seres indefensos e incluso ayudar al medio ambiente.

‘Ser vegetariano es amar a los animales’ es una razón válida, porque no se los usa para comerlos, pero también alguien que consume carne podría decir que siente amor por sus mascotas. Ahora bien, ¿por qué hacer diferencias entre una vaca y un perro?

Muchos se horrorizan porque en China comen caninos, pero no piensan en la reacción que tienen los hindúes cuando se enteran de que los occidentales se comen a las vacas (animal sagrado para ellos). ¿Por qué estaría bien comer a unos y no a otros?

La cultura, la tradición y la educación tienen mucho que ver en esto. Desde que somos pequeños nos han inculcado la idea de que debemos comer carne para estar sanos y fuertes, o que si no ingerimos ciertos alimentos de origen animal nos faltará el hierro y otros nutrientes.

Las vacas son animales de granja

Sin embargo, se ha comprobado que los vegetarianos no están desnutridos y en muchos casos hasta se encuentran más sanos que los omnívoros (que comen cualquier tipo de alimento). Eso no quiere decir que por dejar la carne seremos delgados y sanos porque también existe la obesidad y el colesterol entre los veggies; pero sí que una dieta basada en los vegetales y las frutas es más acorde a nuestras necesidades.

¿Sabías que el cuerpo humano no está hecho para comer carne? Si nos comparamos, por ejemplo, con los felinos nos daremos cuenta de que tanto nuestra dentadura como nuestro sistema digestivo son diferentes: no tenemos grandes colmillos, nuestro intestino es más largo, la saliva que producimos digiere solo frutas, verduras y semillas…

La evolución del hombre ha hecho que se redujera el consumo de plantas para pasar a alimentarse de carne de animales. Si a eso le sumamos el descubrimiento del fuego, que permitió la cocción de la comida, podemos comprender qué nos ha llevado a dejar de lado la biología para consumir cosas que no serían aptas para nuestro organismo.

Ser vegetariano es amar a los animales… ¡Y al planeta!

No es cuestión de colocar a los vegetarianos en un pedestal como si se tratasen de los salvadores del mundo, pero sí debemos decir que su tipo de alimentación es más sostenible con el medio ambiente.

Recetas para dietas BARF de perros: vegetales

Por ejemplo, para producir un kilo de carne se necesitan miles litros de agua, se deforesta la tierra y se ‘lanza’ a la atmósfera más gas metano que el de una fábrica. Los excrementos de los animales de granja superan en hasta siete veces la cantidad del hombre y, si bien se emplean como abono, una gran parte termina en los recursos hídricos y deterioran la biodiversidad marina.

También podemos mencionar la contaminación de los mares causada por las embarcaciones que se encargan de pescar e incluso de las muertes ‘secundarias’ de especies que son capturadas junto a los cardúmenes, como es el caso de los delfines que quedan enganchados en las redes de los pescadores de atún.

Los deshechos que genera el consumo de carne –huesos, piel, grasa– se descomponen mucho más rápido que los de origen animal –cáscaras, semillas– y además provocan enfermedades virales y bacterianas.

Cada cual tiene la elección, e incluso el compromiso, de elegir qué comer; pero deberíamos hacerlo a conciencia. El sufrimiento de unos no debería ser permitido para el disfrute de los otros; y eso se puede aplicar en cualquier ámbito, incluso en lo referente a la alimentación.

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