Perros de caza, esas víctimas silenciosas

Alba Muñiz 25 octubre, 2015

Aunque las legislaciones avancen en distintos países, son muchos los animales que continúan sufriendo diversos tipos de maltrato. Y los perros de caza se encuentran entre los más afectados. Pese a la labor de diversas agrupaciones proteccionistas, estas verdaderas víctimas silenciosas suelen sufrir una muerte prematura y violenta. Te invitamos a conocer más detalles sobre la situación de los canes utilizados para la cacería en nuestro país. Vamos a presentar hechos desagradables, leed con discreción.

Una historia antigua y repudiable

El hombre ha utilizado al perro para la caza desde tiempos inmemoriales. Se estima que, incluso antes de la domesticación, es posible que humanos y canes ya cazaran juntos.

A lo largo de los años, las técnicas de cacería se fueron perfeccionando. También fueron surgiendo, por selección del hombre, distintas razas destinadas a este objetivo. Muchas de ellas, ahora son mascotas.

Originalmente, la caza tenía fines de subsistencia. Pero, en algún momento, se tornó espectáculo o deporte. Es entonces cuando empezaron los grandes problemas para los canes utilizados para estos menesteres. Y los estragos de los malos tratos proporcionados a estos animales nos persiguen hasta hoy.

 

Verdaderas víctimas silenciosas

Que se exploten las habilidades de caza de los perros para beneficio propio puede sonar repugnante para muchos. El horror se multiplica cuando se conocen los detalles sobre el trato que reciben estos seres. Hay canes que se crían con el solo propósito de servir a un mercado millonario.

Perro con su presa

Los animales usados para esta actividad son los que más sufren el maltrato y el abandono. Y si bien las protectoras hacen un gran trabajo dando a conocer esa realidad, la mayoría de las veces no es suficiente.

La gente sin escrúpulos utiliza perros de caza intentando que no supongan un gasto excesivo. Cuando ya no les resultan útiles, los deshecha como si fuesen objetos. A pesar de que son peludos fieles, les dan la patada.

El hombre cruel con los animales lo será también con los mismos hombres. La crueldad es siempre una cosa misma, aun cuando cambie su objeto.
-Blas Infante-

Perros de caza maltratados desde su nacimiento

La pesadilla de estos animales empieza desde su nacimiento. Son hacinados en las jaulas de los criaderos. Viven en condiciones higiénicas y sanitarias absolutamente deplorables. Además, tienen una alimentación deficiente. Las hembras son obligadas a parir de forma continua para así obtener más cachorros.

De cada camada, son elegidos solo los más aptos. Por lo general, se seleccionan uno o dos perritos de un total de cinco o seis. Os podéis imaginar lo que pasa con los pobres animalitos que no cumplen con las expectativas de estos “dueños”.

Son eliminados los canes que:

 

  • Muestran demasiada agresividad
  • No son lo suficientemente fuertes
  • No presentan capacidad predatoria

En la etapa de entrenamiento se busca conseguir la sumisión absoluta del animal al rehalero. La mayoría de las veces se logra a través de golpes y palizas. Los perros reciben castigos hasta que se someten a sus amos sin cuestionarlos.

Horrores en las temporada de caza

Durante el desarrollo de las distintas modalidades de cacería, continúa el padecimiento. Los malos tratos para los canes van a peor en esa época:

  • Sufren heridas mortales que solo serán atendidas si el perro presenta buenas dotes de cazador. En caso contrario, se los remata o se los abandona.
  • Muchos se despistan y se pierden. Y solo son buscados si “merecen la pena”, según el criterio del rehalero. El resto morirá de hambre o por un disparo del guarda del coto.
  • Otros terminarán atropellados en alguna carretera. Es que no suelen tener experiencia con los vehículos.
  • Los perros no son de “usar y tirar”

Los perros no son de “usar y tirar”

Todo esto sucede, en parte, porque los cazadores quedan impunes. Los perros se consideran una propiedad y no hay sanciones severas por maltratarlos. Tampoco deberían hacer falta para evitar estos atroces comportamientos. Con concienciación, la gente tendría que abandonar estas prácticas tan perversas.

Galgo siendo acariciado

Por ejemplo, una modalidad extendida es quitarse de encima a los perros que ya no resultarán útiles para próximas cacerías. Entonces, el final de temporada es casi peor que la época de caza. Las formas para hacerlo son variadas. Hay quienes los abandonan a su suerte y también otras prácticas peores.

Solo algunos animales tienen la fortuna de ser entregados en los centros de recogida. Y otros son rescatados por asociaciones protectoras. De estos, una minoría serán adoptados. Otros, correrán el riesgo de ser sacrificados si nadie los quiere.

Derecho al buen trato de los perros de caza

Distintas agrupaciones que defienden los derechos de los animales continúan con su reclamo para que en España se consiga la prohibición de la caza con galgos y la utilización de rehalas.

También, reclaman mejoras en la regulación y el control del uso de perros en distintas actividades cinegéticas. Mientras tanto, los canes siguen siendo víctimas inocentes del ser humano. No se les da la protección que ellos nos han proporcionado y nos siguen proporcionando. Les debemos un trato justo.

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