Mutualismo en biología

El mutualismo es quizá el tipo de simbiosis más importante que existe, pues ocasiona la aparición de características novedosas en diferentes especies.
Mutualismo en biología
Cesar Paul Gonzalez Gonzalez

Escrito y verificado por el biólogo Cesar Paul Gonzalez Gonzalez el 12 octubre, 2021.

Última actualización: 12 octubre, 2021

La gran cantidad de especies que existe en la naturaleza provoca que sea casi obligatorio relacionarse. Con el paso del tiempo, algunas de estas interacciones se vuelven tan cercanas que se hacen indispensables para la supervivencia. Dentro de la biología a esto se le denomina simbiosis y según su mecanismo se puede dividir en mutualismo, comensalismo, depredación, parasitismo y amensalismo.

En específico, el mutualismo se refiere a un vínculo entre dos especies con el que ambas reciben beneficios indispensables para su existencia. Dichas relaciones positivas tienen un gran efecto en los organismos y el ecosistema, pues es un factor más que produce la especiación. Sigue leyendo este artículo para conocer más sobre el mutualismo, su definición y algunos ejemplos en biología.

¿Qué es el mutualismo en biología?

Como ya se mencionaba, en el mutualismo interactúan dos especies diferentes que se benefician de manera mutua. Aunque puede parecer una ayuda desinteresada, la realidad es que funciona más como un trabajo por el cual se “pagan” con diferentes recursos. De esta forma, los organismos pueden obtener alimentos, refugio o ayuda de la otra parte.

Cada organismo intercambia un servicio o recurso para recibir otro por parte de su mutualista. Esta estrategia es eficiente, pues es más fácil enfrentarse al medio ambiente en pareja que cada uno por su parte. Así, conforme pasa el tiempo las especies comienzan a depender tanto una de otra que cambian su apariencia y sus adaptaciones, lo cual provoca un proceso conocido como coevolución.

El mutualismo es un ingrediente más del complejo mecanismo evolutivo, por lo que es fundamental desde el punto de vista biológico. De hecho, se cree que esta relación fue clave para el origen de la célula eucariota, así que sin ella la vida no podría ser como se concibe en la actualidad.

¿Qué es el mutualismo?

El desgaste del mutualismo

Es importante señalar que todos los organismos implicados en el mutualismo buscan obtener algo a cambio. Visto de otra manera, no son seres altruistas que proveen recursos de manera desinteresada. A pesar de que esta relación sea positiva, no la llevan a cabo con el objetivo de ayudar, sino que utilizan a los demás individuos para asegurar su propia supervivencia.

Puede sonar muy duro, pero en la naturaleza no hay especies buenas ni malas, solo son seres vivos que buscan sobrevivir un día más. Por ello, utilizarán la estrategia más eficiente y que conlleve el menor gasto energético.

Aunque parezca raro, el mantener una relación de depredador y presa supone un gasto constante de energía, pues es estar en una guerra continua difícil de soportar. Al contrario, el mutualismo es como firmar un “contrato de paz” en el que se descansa y se obtienen beneficios. Por esta razón, esta interacción es muy favorable para los organismos.

¿Cuál es la diferencia entre mutualismo y simbiosis en biología?

La simbiosis se define como una relación muy cercana entre dos especies distintas. Por su parte, el mutualismo en biología es un tipo de relación simbiótica que involucra un beneficio para cada organismo. En otras palabras, el mutualismo explica cómo se lleva a cabo la interacción y los tipos de recursos que están implicados.

Tipos de mutualismos

Conforme la relación mutualista fue afectando a más especies, comenzaron a surgir pequeñas variaciones en esta interacción benéfica. Gracias a esto, en la actualidad se pueden encontrar varios subtipos de mutualismo que se dividen en dos clasificaciones principales.

La primera clasificación hace referencia a la dependencia que tiene el organismo con respecto a esta relación:

  1. Mutualismo facultativo: esta relación mantiene los mismos beneficios para ambos individuos, pero la interacción no es necesaria para su supervivencia. En otras palabras, tienen la facultad de decidir si llevan a cabo el mutualismo o no, ya que no dependen de la otra especie.
  2. Mutualismo obligado: en este caso, la relación es tan profunda que para sobrevivir los ejemplares tienen que estar relacionados con la otra especie. Si alguno de los dos organismos falta, el otro no puede hacer frente al medio ambiente, por lo que son codependientes de la interacción.

Asimismo, también existe una clasificación que toma en cuenta el recurso que se obtiene de la relación. De esta forma, se pueden encontrar 3 subtipos de mutualismo más:

  1. Mutualismo defensivo: en el cual el beneficio que se obtiene es el refugio o la defensa contra depredadores.
  2. Mutualismo trófico: por el cual alguno de los implicados recibe alimentos o nutrientes del otro.
  3. Mutualismo dispersivo: es particular de las plantas. Tiene el objetivo de dispersar polen y semillas para ayudar en la reproducción.

Aunado a lo anterior, recuerda que la clasificación depende del enfoque que se le dé a la interacción. Por esta razón, en un mismo vínculo una de las especies podría ser mutualista trófica, mientras que su pareja podría ser mutualista defensiva. La clave está en qué recurso recibe cada especie, puesto que a partir de este se clasifica su papel.

Ejemplos de mutualismo defensivo

No siempre los beneficios tienen que ser algo tangible como los alimentos en una asociación. También puede ofrecerse un servicio como lo es la protección. De esta forma, las especies con una relación mutualista defensiva “pagan” con alimento u otro recurso la protección que les brinda la otra especie.

El ejemplo perfecto de esta relación es la interacción hormigas-pulgones. En este vínculo, los áfidos (pulgones) producen un tipo de sustancia azucarada pegajosa que le ofrecen a las hormigas como pago por su protección. Gracias a esto, los depredadores no pueden tocarlos mientras sus guardaespaldas estén ahí para cuidarlos.

Si se es un poco más preciso, esta asociación también entra dentro de la clasificación de mutualismo facultativo. Esto es debido a que la relación no es necesaria para la supervivencia de los organismos, lo que implica que pueden vivir por su cuenta sin jamás tener esta interacción. Recuerda que, a pesar de ser dos clasificaciones diferentes, no son excluyentes y su uso depende del enfoque que se le quiera dar.

Los pulgones y las hormigas son un claro ejemplo de mutualismo en biología.

Ejemplos del mutualismo trófico

Este tipo es quizá el más conocido de todos, puesto que implica un intercambio de comida o nutrientes. En el caso anterior, las hormigas son mutualistas tróficas de los pulgones, ya obtienen comida a cambio de su protección.

Otro ejemplo perfecto es el de las micorrizas, las cuales conforman una simbiosis mutualista entre las plantas y algunos hongos. Esta relación se lleva a cabo por medio de las raíces y el micelio, los cuales funcionan como una especie de popote por el cual pasan diferentes nutrientes. De esta forma, los hongos aportan minerales y agua, mientras que las plantas les mandan nutrientes a estos para que se alimenten.

La interacción citada también se clasifica como un mutualismo obligado por parte de los dos integrantes. Esto significa que tanto los árboles como los hongos tienen menor probabilidad de sobrevivir si no presentan esta relación. De hecho, más del 80 % de las plantas son capaces de realizar estos vínculos con los hongos.

Morfología del hongo.
El micelio es el cuerpo vegetativo del hongo y la seta el órgano reproductor.

Ejemplos del mutualismo dispersivo

Este tipo de mutualismo es común en las especies vegetales. Al no poderse mover, estas necesitan que otros organismos dispersen semillas o polen para su reproducción. Los casos más conocidos son los de las frutas, pues sirven como un atrayente natural para que los animales las coman y dispersen sus semillas. En pocas palabras, son un cebo que les permite a la planta transportar a su prole.

Otro ejemplo de este tipo de mutualismo en biología son las abejas, ya que estos invertebrados son polinizadores que van de una flor a otra en busca de néctar. Dichos movimientos benefician la fertilización de las plantas, mientras que ellas le ofrecen una jugosa recompensa al pequeño insecto volador.

Un ejemplo de mutualismo en biología.

¿Mutualismo en el humano?

Los seres humanos no escapan a este tipo de interacciones en la naturaleza, pues mantenemos una relación obligada con algunos microorganismos. En este sentido, las bacterias que conforman la biota intestinal se encuentran dentro de la clasificación. Esta interacción brinda una protección a las colonias bacterianas, mientras que ellas mejoran la capacidad de asimilar nutrientes en el humano.

Dicho vínculo es de suma importancia, puesto que sin las colonias bacterianas no se podrían degradar bien gran parte de los alimentos. De hecho, esta interacción está tan regulada que la mínima alteración en su población ocasiona serios problemas para la salud de los seres humanos.

Las bacterias simbiontes se encuentran en el rumen.

Las relaciones mutualistas son mecanismos de la naturaleza que aseguran la supervivencia de las especies y que promueven la coexistencia gracias a los beneficios que reportan. Aunque parezcan poco importantes, este tipo de interacciones han sido y serán fundamentales para la vida, pues son una parte esencial del maravilloso proceso evolutivo.

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