Luto por una mascota: ¿es igual que por una persona?

Yamila · 26 julio, 2017

Cuando un perro o un gato muere, la mayoría de los dueños experimentan los mismos sentimientos que si perdieran a un ser querido. Los trastornos en el sueño, los problemas para alimentarse o la depresión son más que habituales. El luto por una mascota en muchos casos es superior al que se guarda por una persona. Entérate más en este artículo.

Luto por una mascota: un momento doloroso

Las personas que han sufrido la muerte de un perro o gato saben que el sentimiento es realmente doloroso. Puede ser incluso peor que cuando fallece un familiar. La gran mayoría de los dueños de mascotas experimentan ciertos trastornos en el sueño, en la alimentación o en la vida cotidiana tras la pérdida de su mejor amigo.

Perro en la playa

Además, muchos afirman haber tenido problemas para concentrarse, bajo nivel de energía, depresión y apatía. Incluso las parejas que no tienen hijos y consideran a su perro o gato como “un bebé”, tienen más posibilidades de divorciarse o separarse tras la muerte del animal.

Aunque se crea lo contrario, los dueños de gatos sienten mayor pena cuando sus mascotas fallecen que los propietarios de perros. ¿Por qué? Porque los gatunos se crían en espacios más reducidos. Además, según se dice, tienen una conexión espiritual con las personas.

Ancianos y niños más vulnerables al luto por una mascota

Si bien el impacto que puede generar la muerte de un perro o un gato dependerá de la personalidad de cada uno, lo cierto es que este acontecimiento lo sufren más dos grupos de personas: los ancianos y los niños.

En el primer caso, es probable que el animal haya sido su única compañía desde que quedaron viudos o sus hijos se fueron de casa. En el segundo, incluso aunque no lo demuestren, muchos pequeños han nacido ya con una mascota en el hogar y para ellos es difícil superar esa pérdida.

Como sucede con la muerte de cualquier ser querido, es fundamental atravesar el proceso de duelo y luto por una mascota. Es decir, completar un ciclo desde que la mascota es enterrada hasta que lo recordamos con cariño.

Hacer duelo por una mascota

Una de las primeras reacciones de una persona cuando su perro o gato muere es no comprender bien la situación. Aunque el animal haya vivido muchos años o sufrido una enfermedad larga (que supuestamente nos preparan para el desenlace natural), igualmente sufrimos cuando no está más a nuestro lado.

Después de que la mascota haya sido enterrada o cremada, es normal sentir su presencia a nuestro alrededor. Oír sus patitas al lado de la cama o sus maullidos desde la puerta es muy habitual. Algunos dicen que todavía sus almas siguen allí para decirnos que todo estará bien. Otros afirman que se trata de una costumbre de los sentidos a esos sonidos.

En las situaciones cotidianas, donde el animal compartía momentos con nosotros, es donde más sentimos el dolor por su muerte. Al llegar del trabajo, nadie nos espera moviendo la cola. Tampoco sentimos ese ronroneo en los días de invierno, nos falta alguien con quien jugar en el parque, etc.

Los ancianos y los niños son más vulnerables a sufrir por la muerte de una mascota

Con el paso del tiempo, los recuerdos de ese ser tan maravilloso ya no nos duele tanto ni nos hacen llorar. Es más fácil mirar alguna fotografía de nuestra mascota. O bien hablar de sus travesuras sin sentirnos tan apenados.

Si nuestra mascota está enterrada en un cementerio de animales, podemos ir a visitar su tumba y llevarle juguetes los primeros tiempos. De lo contrario, podemos publicar fotos en un cementerio virtual (hay muchos en internet) y dejarle un mensaje. Estos sitios son buenos para comprender que no somos los únicos que estamos pasando por la etapa de duelo.

Se recomienda llevar otro perro o gato a casa una vez que hayamos superado la pérdida. Muchas personas salen corriendo a comprar o adoptar otra mascota. Creen que es la mejor manera de olvidar a la anterior. Sin embargo, esto puede ser contraproducente. ¿Por qué? Porque no estaremos en condiciones de hacernos cargo de esa vida. Además, lo compararemos continuamente con el animal fallecido, intentando que se parezca en todo a él.