Las islas de los gatos en Japón

Laura Huelin · 20 abril, 2018
Tashirojima y Aoshima están entre las islas más conocidas en lo que respecta a grandes poblaciones de felinos; se han llegado a los seis gatos por habitante, y ello está relacionado con los turistas que acuden a estos lugares y los alimentan

En la costa de Japón hay unas cuantas islas con muchísimos más habitantes felinos que humanos: son las llamadas islas de los gatos. Son unos destinos turísticos muy destacados, pero pueden no ser tan felices como parecen a primera vista. Te invitamos a conocer Aoshima, una de las islas de los gatos en Japón.

Dónde están situadas las islas de los gatos

Aoshima es una de las islas de los gatos más conocida de Japón. En ella apenas viven 15 personas y, en cambio, los felinos ascienden a más de 100. Esta isla se encuentra en la prefectura de Ehime, al sur del país.

Otra de las islas de los gatos más conocidas es Tashirojima, que recibe cerca de 10 000 visitantes al año. Se encuentra en la prefectura de Miyagi, en el tercio norte del país y mucho más cerca de la costa que Aoshima.

En ambos casos es necesario desplazarse en barco desde la isla principal del país. Los trayectos dependen de muchos factores, pero ambos viajes tienen una duración de aproximadamente media hora. Los horarios varían según las estaciones y la afluencia de visitantes, pero se suelen limitar a un par de recorridos diarios.

Cómo ha llegado a tener tantos gatos

El mayor atractivo que tienen estos lugares es la enorme abundancia de gatos que viven en ellas. En el caso de Aoshima se calcula que hay seis gatos por cada habitante. Estos animales, que dependen de los humanos para alimentarse, ya que no hay presas suficientes para cazar por su cuenta, son muy dóciles y amistosos.

Están habituados a la presencia de personas desconocidas en la isla, gracias a la afluencia de turistas. Saben posar para las fotografías y conseguir que los turistas les den de comer; no son, por lo tanto, como los gatos callejeros habituales que nos encontramos en otras partes del mundo.

Tashirojima: isla de los gatos

Los visitantes que llegan a estos lugares se encuentran una postal difícil de encontrar en cualquier otro lugar del mundo: cientos de gatos amigables que son fácilmente fotografiables y que, además, piden interactuar con las personas.

Las islas de los gatos se encuentran con un dilema difícil de solucionar: la presencia de los turistas, que alimentan a los gatos, ha permitido que su población crezca sin control. Sin embargo, los turistas no dejan recursos económicos ni humanos para mantener a esta población sana, esterilizada y bien alimentada.

Cuidadores en las islas de los gatos

Como mucha de la gente que visita estos lugares asegura, muchos de estos gatos se encuentran afectados por enfermedades comunes y fácilmente tratables. Las más frecuentes son las infecciones respiratorias y oculares, aunque hay heridas, problemas cutáneos y muchos otros problemas derivados de estas.

Además, nadie se ha encargado de esterilizar a los gatos que viven en ellas, por lo que siguen naciendo camadas de manera continuada y la población felina en las islas de los gatos seguirá creciendo.

Desde hace unos pocos años, grupos de voluntarios que no residen en las islas se desplazan hasta ellas para tratar a los animales, y tienen puesto en marcha un modesto proyecto CES (Captura, Esterilización y Suelta). A pesar de sus esfuerzos, su capacidad económica no es suficiente para atender a todos los gatos que viven en estos lugares.

Isla Aogashima de Japón: gatos

Ante la pregunta de cómo mejorar la calidad de vida de estos felinos, uno de los visitantes de estos lugares declaró para una revista que estaba haciendo un reportaje:

Es un tema complejo que no tiene por qué tener una única solución. En nuestra visita aprendimos que debemos ser conscientes del impacto de nuestra presencia en los destinos turísticos en los que hay animales”.

El impacto del turismo

De hecho, en estas islas la presencia de extranjeros que traían comida ha permitido crecer las poblaciones de gatos hasta convertirlos en otro reclamo turístico. Cuantas más personas visitan la isla, más comida disponible tienen los felinos, por lo que siguen reproduciéndose.

La presencia de gente en las islas de los gatos por sí misma no asegura, sin embargo, la salud de estos animales, el control higiénico de los lugares en los que viven ni su atención veterinaria. Se trata de un círculo vicioso en el que, si se hace desaparecer el turismo, los gatos dejarán de tener alimento, pero, si no se controla el turismo, los gatos seguirán multiplicándose.

Aoshima y Tashirojima no son los únicos lugares en los que ocurre esto: se han contabilizado más de una docena de islas en la misma situación solo en Japón. Hay otros destinos turísticos en los que las poblaciones de monos o gaviotas, por ejemplo, se han descontrolado gracias a la abundancia de alimento.

Los turistas que visiten estos destinos deben ser conscientes del impacto que tiene su presencia en cualquier lugar del mundo. Es posible hacer turismo responsable y ecológico, y disfrutar de las maravillas de la flora y la fauna de nuestro planeta sin que afecte negativamente.