Las guerras afectan a los animales

Eugenio Fernández 16 mayo, 2018
Los conflictos bélicos han provocado la casi desaparición de cientos de especies; eso sí, una vez que terminan, dejan lugares deshabitados que aprovechan algunos ejemplares

Cuando nos imaginamos las amenazas que sufre la fauna salvaje, pensamos en cazadores, contaminación y deforestación. Pero lo cierto es que las guerras afectan a los animales igual que otras actividades humanas, en ocasiones de formas que no podemos imaginar.

Las guerras afectan a los animales

Lo cierto es que cuando hay una guerra, la fauna silvestre y la naturaleza también se ven perjudicadas; uno de los primeros ejemplos fue la Guerra de Vietnam, donde el ejército estadounidense arrasó selvas enteras con químicos y napalm para encontrar y acabar con sus enemigos: la guerra acabó con el 70% de las aves y el 90% de los mamíferos de la región.

Otro famoso ejemplo es el del bisonte europeo, que aunque recientemente se ha recuperado, estuvo extinto en libertad debido a la enorme presión cinegética que recibió durante la Primera Guerra Mundial.

La Guerra Civil de Ruanda, que desplazó a dos millones de personas, también destruyó el enorme patrimonio natural de la región: 300 000 hectáreas de selva fueron arrasadas en el Parque Nacional de Akagera, junto a prácticamente todos los elefantes y otras especies.

De manera más reciente, conflictos como el de Libia han hecho peligrar a gacelas, aves migratorias e incluso elefantes, cuyo marfil financia la compra de armas. Mientras, en Afganistán la grulla siberiana y otras aves migratorias han dejado de aparecer; por ello, vamos a repasar cómo las guerras afectan a los animales a través de conflictos actuales.

Guerra entre Israel y Palestina

Un buen ejemplo de cómo las guerras afectan a los animales y al medio ambiente es el conflicto generado en el Líbano: en 2006 el ejército israelí hizo estallar dos tanques de petróleo que tiñeron 90 kilómetros de costa libanesa de negro, lo que acabó con la vida de miles de aves y comprometió gravemente uno de los últimos hábitats de tortugas en peligro de extinción, como el de la tortuga verde.

Aves en guerra

Otro ejemplo es el abandono del zoo de Gaza, en el cual cientos de animales como leones y cocodrilos murieron de hambre ante la falta de suministros y el abandono de la zona tras la llegada de las fuerzas de Hamas.

Guerra de Siria

La Guerra Civil de Siria por desgracia siembra noticias día tras día en los telediarios. Ha acabado con medio millón de personas y también es un ejemplo de cómo la guerra afecta a los animales.

Los bosques de la frontera turca, como el bosque de Fronlok, están al borde de la desaparición. Recientemente, la noticia del ataque a Palmira asaltó todas las televisiones, pero pocos saben que este era uno de los últimos reductos del ibis eremita.

Una hembra de esta especie, Zenobah, era el último ejemplar de ibis eremita que migraba aún entre Siria y Etiopía para reproducirse, y no se la ha vuelto a ver desde que ISIS tomase control de la zona: perder su material genético sería trágico para la especie.

Conflictos del Sáhara y el Sahel

Estos conflictos africanos han causado enormes bajas en diversas especies de gacelas y antílopes, además de elefantes africanos, que es uno de los mayores ejemplos de cómo la guerra afecta a los animales.

Se calcula que el 90% de los grandes vertebrados de la región han pasado a extinguirse o a estar prácticamente desaparecidos. Incluso especies como la gacela común han dejado de ser comunes, mientras que la explotación petrolera está provocando la extinción del antílope adax.

Un estudio pionero realizado por varios investigadores españoles plantea soluciones para la conservación de estas especies, y ejemplifica a la perfección cómo la guerra afecta a los animales de una forma imparable.

Guerras del Congo

Si hay un conflicto que ha manchado África con la sangre de personas y animales son las guerras del Congo, el conflicto bélico más desastroso para la humanidad después de la Segunda Guerra Mundial.

Rinocerontes en la guerra

Los guerrilleros participantes en esta guerra son la principal razón por la que estas guerras afectan a los animales: se compran armas con el dinero del marfil, el coltán o los cuernos de rinoceronte vendidos a la medicina oriental.

Es por ello que se han perdido el 90% de los elefantes africanos para vender su marfil y alimentarse de su carne, mientras que el rinoceronte blanco del norte acabó, como sabemos tras la muerte de Sudán, en tragedia.

La situación es desastrosa en parques como Garamba, donde en los últimos dos años han muerto 3 000 elefantes; en 1976 vivían aún 22 000, mientras que actualmente quedan menos de 2 000 ejemplares.

También se ha producido la caza de especies amenazadas par alimentarse: el consumo de la carne de grandes simios, como el gorila de montaña o el chimpancé, ha hecho que estas especies hayan perdido miles de ejemplares en los conflictos del centro de África.

Monos en guerra

Guerrillas en Colombia

Aunque parece que ha acabado recientemente, el conflicto contra las FARC y otras milicias financiadas por drogas cultivadas en la selva ha tenido un enorme impacto en la naturaleza de Colombia. Un ejemplo de ello es cómo el gobierno colombiano ha fumigado hectáreas de selva para acabar con los cultivos, lo que ha causado un enorme impacto en zonas protegidas.

La minería ilegal también ha financiado a estas milicias, que han realizado minas a cielo abierto de coltán y oro, lo que ha impactado enormemente en la selva; el uso de mercurio para la extracción ha afectado enormemente a los ríos, junto a las extracciones petroleras, que han causado numerosos vertidos de crudo en humedales vírgenes colombianos.

La vida tras la guerra

Como hemos visto, las guerras afectan a los animales, mientras que el fin de los conflictos bélicos también parece reportar sus beneficios: un ejemplo de ello es la franja desmilitarizada que separa ambas Coreas, y que mide cuatro kilómetros de ancho.

La zona ha dejado de estar habitada, y en ella ha aparecido una explosión de biodiversidad: se está convirtiendo en parada migratoria de aves en Asia, e incluso podría alojar al temido y esquivo tigre siberiano.

Aunque no es en sí un episodio bélico, el abandono de Chernobil también ha desembocado en la vuelta de animales salvajes como osos y lobos: parece que la naturaleza puede sanar sus heridas, siempre que los seres humanos decidamos poner la paz como prioridad y dejar a la naturaleza tranquila.

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