Hernia umbilical en perros

Lógicamente, este bulto en la panza del can se puede producir tras el nacimiento de la cría; lo normal es esperar seis meses para que el organismo la reduzca, aunque pasado ese tiempo se puede optar por la cirugía

Muchos propietarios de mascotas se asustan al constatar un bulto en la barriga de sus perros. Y dicha preocupación es muy acertada, ya que este suele ser el signo más evidente de una hernia umbilical. Para ayudarte a reconocerla y saber cómo actuar, te presentamos los síntomas, las causas y el tratamiento de la hernia umbilical en perros.

¿Qué es una hernia?

Una hernia se forma cuando un órgano –o parte de él– se expande para fuera de la cavidad que debería contenerlo. Es decir: un contenido interno al organismo, formado mayormente por músculos y grasa, se precipita hacia el exterior.

Esta precipitación da origen a bultos lisos, que suelen ser visibles y suaves al tacto. Si este bulto se vuelve a introducir al ser suavemente presionado con la punta de los dedos, se conoce como hernia reductible. Pero si ello no sucede y el bulto queda en el exterior, cubierto por una capa de piel, estamos frente a una hernia encarcelada.

Junto a lo anterior, si se corta la oxigenación (o sea, si la sangre no logra llegar al bulto), se genera un cuadro clínico llamado hernia estrangulada. En estos casos, el pronóstico suele ser más complejo y la intervención quirúrgica puede hacerse necesaria.

Las hernias pueden desarrollarse en todas las regiones del cuerpo y la localización determina su nombre; la hernia umbilical, por ejemplo, aparece en el ombligo. Además, pueden presentar distintos tamaños y evolucionar según el organismo del animal. En cualquier caso, se requiere atención especializada y un tratamiento adecuado.

Hernia umbilical en perros

Causas de las hernias en perros

Generalmente, las hernias en perros se presentan a partir de defectos o malformaciones congénitas, que se generan en el momento del parto. En estos casos, se llaman hernias congénitas; también las hernias también pueden ser ocasionadas por traumatismos o lesiones sufridas durante la vida. En esos casos, hablamos de una hernia adquirida.

¿Cómo se desarrolla la hernia umbilical en perros?

Las hernias umbilicales en perros son casi siempre congénitas. Durante el embarazo, los cachorros reciben todos los nutrientes a través del cordón umbilical, que también lo une con el organismo de su mamá. En el parto, la hembra debería romper este cordón con sus propios dientes tras el nacimiento de sus cachorros.

En muchas ocasiones se queda un pequeño pedazo del cordón umbilical, que debería secar y caerse solo en la semana siguiente al parto. Mientras ello sucede, la cavidad dejada por la ausencia del cordón, en la panza del cachorro, también debería cerrarse en el trascurso de esta semana.

Cuando esta cavidad no se cierra completamente, este pequeño espacio puede permitir la formación de una hernia umbilical. El contenido interno a la panza del cachorro (tejidos, grasas y órganos) puede precipitarse hacia el exterior. Y de esa manera se forma el bulto suave en la barriga del animal, que es el signo más visible de esta hernia.

En casos más raros, esta apertura también puede derivarse de una lesión provocada durante un trauma o accidente. Cuando el perro sufre un fuerte impacto o una mordedura, puede ‘romper’ su estructura abdominal y abrir una especie de fisura. Y ello puede permitir la salida del contenido interno hacia el exterior.

¿Qué debo hacer si observo un bulto en la panza de mi perro?

Los bultos en consecuencia de una hernia umbilical pueden tener diversos tamaños y evolucionar de diferentes formas en cada paciente. Por ello, al observar cualquier protuberancia en nuestro perro, lo recomendable es acudir rápidamente a la clínica veterinaria. No se recomienda aplicar cualquier solución o remedio casero antes de consultar al veterinario.

Tratamiento de la hernia umbilical en perros

Tratamiento de la hernia umbilical en perros

Dependiendo de la edad del perro, su estado de salud y las características especificas de cada hernia, el profesional establecerá un tratamiento adecuado. Cuando se trata de un cachorro con una hernia pequeña, el veterinario suele optar por esperar que el paciente cumpla seis meses. El objetivo es verificar si su organismo lleva a cabo una reducción voluntaria.

Si el perro tiene más de seis meses, o ya es adulto, el tratamiento dependerá fundamentalmente de la característica de la hernia. Muchas veces las hernias no son peligrosas y no representan riesgo para la salud del animal. En estos casos, además del control regular, se puede optar por una cirugía estética.

Cuando la hernia es muy grande, está estrangulada u ofrece riesgo para la salud del perro, la intervención quirúrgica suele ser inevitable. Y en caso de haber algún órgano precipitado, dicho procedimiento será más complejo y delicado.

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